Sudor
Me despertó una masa se aire caliente que era común sentir en mi habitación en cualquier tarde de verano en que se dejaran las ventanas cerradas, solo que ahora era de noche. La masa de aire me presionaba la piel que estaba cubierta únicamente por mis bóxers. Una ligera sensación de humedad me llegaba de las articulaciones y los rincones del cuerpo y me advertía que cualquier movimiento exagerado podría hacer aparecer fácilmente unas cuantas gotas de sudor. Como instintivamente, me puse una mano en la frente empujando mi cabello hacia atrás. Abrí un poco mis piernas sin alejar los pies y sentí la humedad detrás de mis rodillas. Me puse a respirar lento. Era eso o morir de calor. La ventana se me hacía lejana. Intenté estirar un brazo hacia ella, pero eso resultó solamente en una mano caída sobre mi muslo. Era de noche, hacía calor y yo tenía claro que debía respirar lo más lento posible para no ser escuchado.










