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Yonce dice: "comparte húmedos besos con toda persona que se te cruce".
—Oye tú… —llamó a la primera persona que iba pasando, mientras con sus pasos decididos se posicionaba al frente de ésta. Rodeando con una de sus manos el cuello ajeno, y colando la otra en su espalda, le obligó a acercarse, aproximando sus labios al mentó contrario. Pasó la punta de su lengua por éste para degustarlo, y sin postergarlo más, envolvió los labios de la otra persona en un ardiente y húmedo beso, separándose poco después con una sonrisa satisfactoria. —Ha sido todo un placer utilizarte.
Al alzar la vista y confirmar que, efectivamente, era a él a quien la joven se dirigía, su atención se posó en los orbes contrarios al instante. —¿Sí? —inquirió, mas las acciones que siguieron a aquello por parte contraria lograron tomarlo por sorpresa. No obstante, cuando los labios ajenos se encontraron con los propios, estos no tardaron en amoldarse al húmedo beso que la adversaria sugería. Llevó ambas manos a las caderas de la rubia, acercándola aún más a su cuerpo y, cuando ambas bocas terminaron de relacionarse, una satisfecha sonrisa se dibujó en el rostro del rubio—. Cuando quieras.
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yonce dice: tienes un bello encanto que inconscientemente ahogas, tu obligación será hacerlo relucir esta noche y conquistar a todo quien que se tope contigo
Cumplir el reto era uno de sus principales objetivos ya que Achilles es muy competitivo cuando lo desea y no estaba dispuesto a perder, se sienta en una de las mesas del bar mientras suspira largo y pide una cerveza para así relajarse completamente —Hola —Voltea a ver a la persona que se encuentra a su lado con una sonrisa ladeada, queriendo que se viera seductora a pesar de no ser muy bueno en ello.
Al oír la voz del rubio a su lado, separó su bebida de sus labios y la dejó una vez más sobre la mesa, volteándose a verlo con cierta curiosidad. —Hola —respondió amable a su saludo, antes de volver a girarse cuando no oyó más palabras por parte contraria.
Deja un chupón en el cuello de todo aquel que cruce caminos contigo
—Uhm… Oye… —se dirigió a la persona que se encontraba junto a él—. Tienes… tienes algo ahí —dijo, apuntando al cuello de quien se encontraba allí. Realmente no sabía como iba a llevar a cabo aquel reto que le habían propuesto, pero esas palabras eran al menos un comienzo.
Se volteó ante el llamado de atención del muchacho, arqueando una ceja de manera interrogativa. Al oír lo que éste tenía para decirle, automáticamente llevó una de sus manos al lugar indicado, buscando quitar aquello que el contrario mencionaba. —¿Qué? ¿Qué tengo? —inquirió confundido, pues no había sentido nada fuera de lugar.
usa tus labios para poner labial en la boca de quien se te cruce...
— Suavemente, sus finos boca eran rozados suavemente por el lápiz labial, dandole un bello color a estos. Se dio un último vistazo en el minúsculo espejo, para voltear su vista a la persona que se encontraba junto a ella hace un gran rato. Sin razón aparente, la observó de arriba hacia abajando tocando su mentón delicadamente mientras su semblante era decorado por una coqueta sonrisa. Careciendo de vergüenza, mantuvo la misma expresión en su rostro para interrogar sin más. — ¿Sabes a quién se le vería muy bien este color?— alzó sus cejas siendo su labio inferior mordido por si misma, y en un murmuro, acercandose a los labios opuestos respondió: — A ti. — unió sus labios con los opuestos en un acto el cual claramente la suavidad era escasa para así dejar un distinto tono en la boca ajena. — Tenía razón, luce excelente en ti.
Habiendo contemplado el último rato las acciones de la morena, enarcó curioso una ceja al oír la interrogante de la misma. Sin embargo, no contestó, esperando silencioso a que ésta diera la respuesta. Si bien su entrecejo se frunció con cierta confusión al principio, enseguida una sonrisa divertida encarnó sus labios al estos hacer contacto con los contrarios. Aceptando el beso dichoso, una suave risa abandonó su boca en cuanto escuchó las últimas palabras por parte de su acompañante, entretenido con aquella situación propuesta. —¿Tú dices? —inquirió, siguiendo el juego con aires de seducción—. Porque yo digo que luce mucho mejor en ti —pronunció a escasos centímetros de la mirada ajena, ladeando su cabeza con falsa inocencia. Sin decir más, se inclinó apenas para presionar sus labios sobre los opuestos, buscando "devolver" aquel resto de labial a su dueña.
—Anoche pude haber estado ebrio y pude haber robado una bolsa de Doritos del coche de Sam y pude haberla escondido debajo de mi chaqueta y pude haberle dado doritos individuales a las personas en la pista de baile y pude haber trarado de convencerlos de que eran mini tacos. Pude haberlo hecho —soltó, presionando sus labios en una fina línea debido a su no-muy-convincente relato.
Alzó la vista de su teléfono al oír la anécdota del pelinegro, frunciendo su entrecejo sin molestarse en disimular su desconcierto. —¿Mini tacos? ¿En serio? —preguntó, fijando su crítica mirada ahora en el muchacho. Sin embargo, enseguida volvió a concentrarse en el aparato frente a él—. ¿Y qué con eso? Siempre que estás ebrio haces ese tipo de idioteces —comentó despreocupado, si bien el rubio no era fanático de que las personas consumieran bebidas alcohólicas.
[#01]
Correspondió más que encantada el abrazo propuesto por el rubio, riendo un poco al ser levantada del suelo. — ¡Hey! —. Exclamó ante el sonoro beso, rompiendo en sonoras carcajadas. Rodeó con sus brazos el cuello ajeno, aferrándose a su cuerpo. Mordió su labio inferior, asintiendo lentamente con la cabeza. — Mucho mejor. — Musitó, alzando un poco la mirada. — Te extrañe.
Mordiendo su labio, clavó su mirada en los ojos de la rubia, sin molestarse en romper aún aquel abrazo para permitirle ir a continuar con su trabajo. —Pues ahora me tienes aquí —respondió, bajando su tono de voz debido a la cercanía de su rostro con el de la contraria—. Y, si mal no recuerdo, nos habíamos quedado en medio de algo la última vez —recordó, alzando una ceja.
Las palabras pronunciadas por el rubio hicieron que soltara una sonora carcajada, echando entonces un vistazo a sus piernas como si estuviera comprobando que le quedarían. —No sé tú, pero cualquiera moriría al verte caminar en ellos. —aseguró, guiñándole un ojo luego. La verdad era que no, no los quería porque no encontraba belleza en aquel par que cualquier otra persona hubiese matado por tener, y aunque su madre le comprara cientos y miles, jamás accedería a caminar en ellos con verdadero gusto. —Sí, en serio. —su vista bajó a sus pies por un segundo, descalzos sobre la fría acera y entonces, asintió con euforia, acomodándose detrás del muchacho que la superaba por algunos centímetros. —No dejes que me vea, te lo ruego. Te regalé zapatos.
Ladeó apenas su cabeza, forzando en sus labios una sonrisa. —Lo dudo mucho. Pero, aún así, sigue sin haber nada para lo que puedan servirme... Mejor dónalos a la caridad. Buena suerte —concluyó, y aquella hubiese sido su última palabra de no ser porque la castaña lo detuvo antes de que pudiese siquiera moverse de su lugar, escondiéndose detrás de él para ocultarse de la mujer que gritaba el nombre de su hija una y otra vez y provocaba toda una escena para quienes estaban a su alrededor. Virando los ojos, y de manera casi impulsiva al ver cómo la madre de la contraria estaba a nada de notarlos, se decidió por ayudar—. ¿Bromeas? Así es obvio que va a verte —casi la regañó, antes de tirar de su mano y arrastrarla al primer negocio que sus ojos divisaron.
Sintió el calor de la palma del rubio contra su piel, y supo que él había atravesado la barrera que representaba su camisa. La invadió la satisfacción ante aquel acto, y habría sonreído si sus labios no hubieran estado ocupados relacionándose con los adversarios. El joven provocó que se encontraran ambas lenguas, y ella, como si se tratara de una guerra recién declarada siguió con ese juego, buscando recorrer completamente la cavidad bucal ajena.
El beso se volvía más intenso a cada segundo, debido a la necesidad cada vez mayor con la que sus labios se movían sobre los opuestos. Dominante, se encargó de que en un movimiento la pelirroja quedara contra la pared del solitario salón, mientras su lengua se dedicaba a explorar y degustar la boca ajena y sus manos aún recorrían traviesas su piel. Entonces, tan rápido como lo había iniciado, rompió el contacto y se separó apenas unos centímetros del rostro de su acompañante, clavando su mirada en las orbes verdes que ésta portaba. —¿Y bien? —inquirió, recuperando el aire de los últimos instantes, al tiempo en que su arrogante sonrisa volvía a tomar lugar en sus ahora enrojecidos labios—. ¿Con eso paso tu prueba?
—Sólo un teléfono que mi torpeza casi destruye —murmuró, haciendo una pausa luego de chasquear la lengua. Alzó la mirada hasta encontrarse con el rostro del chico, esbozando una pequeña sonrisa. —Está bien, no insistiré más —concluyó por fin. —P-por cierto, ¿eres modelo? Porque creo haberte visto antes, pero no tengo idea dónde, aunque sospecho que en alguna revista, no sé…
No emitió más palabra sobre el asunto del teléfono, dando el mismo por terminado al oír la rendición de la castaña. Sin embargo, alzó su vista una vez más en cuanto escuchó su nueva pregunta. —Exactamente —confirmó, esbozando ahora una simpática sonrisa—. Leonardo Kingsbery, un placer —se presentó, si bien suponía que la contraria ya habría escuchado su nombre en algún lado—. Y yo sí sé quién eres... Meredith —enarcó una ceja, pronunciando aquello último en un tono casi interrogativo.
—Gracias —murmuró intentado sonreír. Cole estaba acostumbrado a recibir cientos de esos halagos al día, sin embargo, el no se sentía que sus libros fueran como la gente describía—. Si llegan a sacar una película, deberías audicionar por el papel principal —comentó.
Alzó una ceja, ciertamente sorprendido por la opinión del contrario, puesto que nunca se había parado a considerar la idea de hacer una audición para alguna película. —¿Sí? —inquirió, a lo que dejaba salir una leve risa—. No lo sé, no soy actor profesional —recordó, frunciendo sus labios en una mueca pensativa—. ¿Están pensando en sacar una película del libro?
[#01]
Viró los ojos. — Lo sé, pero no tenía otra cosa qué decir. No me esperaba verte por acá, cielo. — Musitó, ya esbozando una sonrisa. — Ah, con razón. —Asintió, arrugando la nariz un poco. Más al escuchar sus últimas palabras, se aproximó hacia éste y extendió sus brazos con la intención de ser estrechada entre los ajenos. — Te puedes quedar con la condición de que me des un abrazo y me saludes como se debe,
Su sonrisa se ensanchó al ver a la rubia con los brazos extendidos frente a él, y sin dudarlo se acercó para cumplir con la condición puesta. Estrechándola en sus brazos, la levantó apenas del suelo y depositó un sonoro beso en su mejilla. —¿Mejor? —preguntó en su oído, ya bajándola mas sin romper todavía el abrazo.
Ansiosa por degustar los carnosos labios que se encontraban a centímetros de los propios, con su usual actitud petulante, fijó la mirada en las hermosas orbes azules que su acompañante portaba, aguardando impacientemente el encuentro de su boca con la adversaria. Oyó las palabras del rubio, pero no se molestó en responder a las mismas. Al sentir los labios ajenos contra los propios los besó frenéticamente, mientras sus manos ascendían, marcando un sendero que partía del pecho masculino. El recorrido finalizó en la dorada cabellera contraria, zona en la cual sus dedos comenzaron a juguetear.
Una de sus manos se posó en la mejilla de la contraria en cuanto ésta le correspondió el beso, buscando acercarla aún más a él mientras la otra, que aún se encontraba aferrada a su cintura, comenzaba a filtrarse por su camisa y dejaba suaves caricias en la piel femenina. Deseoso, buscó la lengua ajena con la propia, sintiendo como el calor de la habitación aumentaba poco a poco gracias a la intensidad con la que sus labios se movían sobre los rosados opuestos.
Torció la boca en una mueca que expresaba su preocupación, pues aún si el teléfono todavía funcionaba, por su culpa la pantalla estaba destrozada, y eso no podía arreglarlo de inmediato como le hubiese gustado. Alzó la mirada hacia el chico, sonriendo apenas un poco luego de escucharlo. —¿N-no estás enfadado? —Su rostro de inmediato se iluminó, mas no creía que dejarlo pasar fuera la solución. —Oh, bien, pero entonces deja que yo lo pague, ¿si? —pidió. Sería la única forma de olvidar el asunto y quedarse tranquila.
—Por supuesto que no, tranquila. Es sólo un teléfono —aclaró para que la contraria no se preocupara, pues había sido un accidente después de todo. Al oír su ofrecimiento, se apresuró a negar con la cabeza—. No hace falta. En serio, no fue nada —respondió, acompañando sus palabras con una suave risa. Le causaba cierta ternura la preocupación de la castaña por algo tan simple, mas aún así no permitiría que ella pagara por uno nuevo.
Harmony se quedó unos segundos estupefacta después de oír sus palabras, temiendo de lo que fuera capaz de hacer el chico. Rodeó el auto y entró en el asiento del conductor. Antes de encenderlo, se giró y miró a Leo. —Sólo no provoques mi despido —pidió y posteriormente giró las llaves en el contacto para así comenzar a manejar.
Dejó salir una risa al oír las palabras de la chica y se volteó a verla. —Tranquila. ¿Cuándo te he fallado? —inquirió, alzando una de sus cejas, antes de enderezarse nuevamente. Aún no tenía planeado lo que haría al llegar al estudio, pero de alguna u otra forma Leo se aseguraba siempre de conseguir todo lo que se proponía.