Give it up to me
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EL LECTOR TIENE LA MISMA EDAD DE KEN
no soy buena para el femdom, hice lo q pude perdonenme
lectora AFAB
Todos los chicos se vuelven adolescentes y pasan por la pubertad, comienza a salir vello, sus hombros se ensanchan, la voz cambia, la altura aumenta y el deseo sexual aparece.
Ken siempre fue un chico tímido y servicial pero ahora había llegado a esa etapa donde su mente le disparaba pensamientos sucios por más que lo tratará de evitar. Habían días en los que tenía sueños húmedos y amanecía con los boxers manchados de semen, otros días estaba de mal humor y sólo quería estar solo. No podía evitar pensar en ello y menos cuando te veía a ti. Eran mejores amigos desde hace tiempo y estaba profundamente enamorado de ti. Ahora que su cuerpo y mente lo traicionaban no podía hacer más que mendigar cualquier contacto tuyo.
Una tarde después de la clase de gimnasia ayudaron a acomodar todo el material pero en un descuido se quedaron atrapados en uno de los almacenes del gimnasio, por más que pidieron ayuda parece que el colegio ya se había vacíado y el gimnasio era el lugar menos concurrido de la escuela, sobre todo a esas horas.
"Le hable a una Laeti, dice que puede venir pero tendremos que esperar una hora o más ya que vive lejos y está en no sé donde con su madre".
La luz de la ventana abarrotada iluminaba tenuemente el almacen, la luz pasó de blanca a amarillenta por el atardecer. Durante todo ese rato Ken estuvo en silencio hasta que de pronto habló con la voz extrañamente temblorosa.
"P-por favor, sólo un vistazo rápido...¡Haré lo que sea!"
Dijo casi de rodillas frente a ti, podías ver como sus orejas y sus mejillas estaban rojas, incluso sus piernas temblaban. Llevaba varios días, varias semanas rogando que le dejarás ver tus pechos o por debajo de tu falda, aunque estaba visiblemente necesitado siempre fue respetuoso y nunca intentó nada cuando te negabas, la verdad se veía un poco patético.
"¡Está bien pero ya deja de hacer eso!"
Los ojos de Ken se abrieron como platos, una sonrisa tonta y totalmente victoriosa se dibujó en su rostro. No le importa nada más en ese momento que el hecho de que finalmente hayas accedido a su petición, nada podía hacerlo más feliz que ver el cuerpo de quien amaba.
"¿Realmente? ¡Eres la mejor! Te adoro, de verdad te adoro."
Te sentaste sobre unas colchonetas frente a Ken, su mirada estaba fija en ti, esperando impaciente pero a una distancia prudente.
"Mirar...puedes mirar tanto como quieras en internet si lo buscas, así que te dejaré tocar".
Te desataste el moño del uniforme deslizandolo sobre la blusa.
"S-sólo un poco."
Empezaste a desabrochar poco a poco los botones dejando al descubierto tu pecho cubierto por el sostén ante la mirada ansiosa de Ken y finalmente deslizaste tu camisa hasta los hombros para dejar tu torso descubierto.
"Ya, ven aquí. Sólo...por encima."
Las palabras apenas te alcanzan a salir de los labios cuando él ya está encima. No camina, casi vuela hacia ti con una prisa torpe y desesperada. Se arrodilla frente a ti, como si estuviera ante un altar, y sus manos tiemblan visiblemente pero impulsado por una necesidad que le roba la cordura, extiende una mano temblorosa. No toca tu piel directamente al principio, sino que deja que la yema de sus dedos roce el borde de tu sostén.
Te limitaste a suspirar y a sólo cerrar los ojos mientras le permitías tocar a su gusto. Sumido en la victoria fue acercando su cara aún más. Por fin, con suavidad, apoya la palma de su mano sobre tu pecho, justo sobre el sostén. Siente el calor de tu piel a través de la fina tela y el júbilo le recorre el cuerpo entero. Su otra mano, se acerca a tu otro seno, apretando suavemente la carne bajo el tejido. Ya sea que fueran pequeños o grandes, era innegable que la piel era muy blanda y cálida, tanto que involuntariamente comenzó a acercarse más y más.
Empujaste su rostro con un dedo en su frente
"¡Sólo puedes usar tus manos!"
En ese momento Ken puso una mirada triste, sus ojitos mostraban arrepentimiento y decepción, su carita era tan adorable que simplemente no pudiste resistirte.
"E-está bien...Puedes hacer más, tienes mi permiso".
"Entonces puedo...¿besarte?"
Asentiste con la cabeza, mirando sus mejillas enrojecidas, tardó un poco en reaccionar pero finalmente comenzó a acercarse lentamente. Finalmente pusiste tus labios sobre los suyos besandolo mientras el calor subía por tu cuerpo. Mentirías si dijieras que no tenías ganas de que siguiera, después de todo también eras una adolescente en pubertad con las hormonas alteradas. El beso le hace corto circuito, durante un instante, se queda completamente inmóvil, con los ojos muy abiertos, sorprendido por la audacia de tu gesto y la dulzura del contacto. Pero ese instante dura apenas un segundo. La emoción, el deseo acumulado y tu permiso explotan dentro de él.
Sus ojos se cerraron con fuerza, perdiéndose en el sabor de tus labios. Te besa de vuelta, pero ya no es la suavidad inicial. Es un beso apasionado, necesitado, te presiona contra las colchonetas con una necesidad desesperada. Una mano se aferra con fuerza a tu hombro para mantenerte cerca, mientras la otra se desliza por tu espalda, bajando con ansiosa determinación. Puedes sentir como su mano busca el broche de tú sostén rozando tu espalda semidesnuda haciendo que tu corazón empiece a latir con fuerza a cada segundo de su tacto, sus manos eran suaves, cálidas, un poco húmedas por el sudor pero realmente agradables sobre ti.
Al mirar su rostro puedes ver esa cara de perrito con las mejillas sonrojadas, una sonrisa tonta y los ojos abiertos como si aún no pudiera creer que esto está pasando. Es entonces que notas algo escurrir por tus labios, no se siente como saliva, es diferente y lo notas.
"Eh ¡oye te está sangrando la nariz!"
Justo en ese momento el click del broche del sostén finalmente desabrochado se escuchó con un eco en la bodega y los tirantes se deslizaban por tus hombros, aflojando el agarre que tenían sobre tus pechos. Una risita corta y tímida escapa de sus labios. Está tan emocionado que la euforia le llega como un golpe de calor. Se limpió la sangre que le escurría de la nariz con el dorso de la mano. El alivio que siente al oír el click del broche es comparable al de un ladron que abre una caja fuerte después de meses de planificación.
"¡No puedo evitarlo! Tú... tú eres la responsable de esto. Eres hermosa. Tan hermosa que debería ser ilegal".
Sus ojos recorren la curva de tus senos, realmente no puede evitarlo: con una reverencia casi religiosa, inclina la cabeza y traza con la yema de su dedo el contorno de uno de tus pechos, desde la base hasta el centro. Dudo por un momento antes de tomar uno de tus pezones entre sus dedos, apretandolo con suavicidad. Su otra mano amasaba tu otro seno, sus ojos parecían no saber hacía donde mirar, podías ver sus pupilas temblar incluso a través de sus lentes.
Únicamente te dedicaste a suspirar, disfrutando de su toque, a decir verdad se sentía bien y no querías que parará. Sus ojos daban una mirada suplicante a la que asentiste nuevamente y así, se inclinó sobre tu torso. Con los ojos cerrados y la respiración entrecortada, Ken se llevo tus pechos a la boca. Su lengua trazaban círculos alrededor de tus pezones, alternando entre la humedad de su lengua y pequeñas succiones que buscaban arrancarte gemidos más profundos. Sus manos subieron de tu cintura para rodear tu espalda, atrayéndote más hacia él, como si quisiera fundirse contigo en ese mismo momento. Sus movimientos desesperados los llevaron a quedar tumbados sobre las colchonetas.
El lugar se llenó de jadeos y gemidos, podías incluso escuchar la saliva de Ken tocando directamente tu piel. Sus labios eran suaves, muy suaves. tus piernas se enredaron entre las suyas mientras comenzabas a acariciar su nuca como alentandolo a seguir.
Ken emitió un gemido ahogado contra tu piel al sentir tus piernas enredarse con las suyas. Esa conexión física lo hizo estremecer, y el contacto de tus manos en su nuca fue lo que necesitaba para perder un poco más el miedo.
"Eres bueno en esto..."
Ken alzó la vista hacia ti, con los labios húmedos. Al escuchar tu elogio, sus mejillas se tiñeron de rojo, casi tan intenso como la raya de su suéter, y soltó un pequeño jadeo de nerviosismo.
"Entonces... ¿puedo... puedo intentar besarte más abajo? ¿M-me darías permiso para usar mis manos y mi boca ahí... si me lo permites?"
Preguntó con voz quebrada, practicamente sólo estaba esperando el "no" y que esto terminará pero la respuesta fue todo lo contrario.
"Ni siquiera tienes que preguntar, puedes hacerlo."
Ya habían llegado bastante lejos y mentirías si dijeras que querías que parará. Además les quedaba un buen rato aquí encerrados y la carita adorable de Ken no ayudaba a negarte. Sus ojos brillaron con una gratitud profunda, estaba realmente a punto de cumplir todos sus deseos, a penas se lo podía creer.
"Gracias... gracias por confiar en mí..."
Sin perder ni un segundo, comenzó a bajar por tu torso y piernas. Sus movimientos eran algo torpes debido a la excitación. Al llegar a la altura de tus muslos, sus dedos rozaron la tela de tu ropa interior. Se detuvo un instante, mirándote a los ojos con una mezcla de nerviosismo y deseo, esperando una última señal antes de seguir.
"Jeje, eso es lo que hacen los novios ¿no?"
Le acaricie la cabeza para hacerlo sentir menos nervioso. Te gustaba sentirlo encima de ti, se veía tan guapo con el cabello desordenado y las mejillas rojas.
Ken soltó una risita nerviosa, un sonido agudo y dulce que delataba lo mucho que tus palabras lo afectaban. Al mencionar lo de "novios", su rostro se volvió tan rojo que parecía que iba a echar humo, pero no apartó la mirada; al contrario, se sintió extrañamente validado.
"¡Ah! ¡S-sí! ¡Eso es lo que hacen los novios!"
"Me hace muy feliz que lo digas... quiero ser el mejor novio para ti..."
Aprovechando tu permiso y el consuelo de tus manos, Ken se inclinó hacia adelante. Con dedos temblorosos, comenzó a deslizar la prenda hacia abajo para descubrir tu piel. Sus ojos a través de sus lentes se clavaron en los tuyos una última vez antes de depositar un beso suave en la cara interna de tu muslo.
Sus labios estaban calientes, muy calientes y su aliento también. El simple hecho de acercarse a tu piel te calentaba.
"Ya eres el mejor novio del mundo Kencito."
Ken soltó un pequeño gemido de sorpresa al finalmente ver tu zona íntima. Sus ojos se agrandaron detrás de las gafas ya ligeramente empañadas, y su respiración se volvió errática al escuchar tu cumplido. Se sintió tan halagado que su corazón parecía querer salirse de su pecho.
"¿E-en serio? ¿De verdad soy el mejor?"
Con una mezcla de audacia y torpeza, Ken comenzó a lamerte. Alternando entre suaves lamer y succiones lentas. Sus manos, que aún temblaban ligeramente, subieron para sujetar con delicadeza tu cintura, asegurándose de que estuvieras cómoda mientras se entregaba por completo a la tarea de complacerte, disfrutando de cada pequeño sonido que escapaba de tus labios.
"Claro que sí Ken...eres el mejor."
Sus dedos eran suaves al tacto y apretaban tus muslos sin llegar a pellizacarlos. Aunque sus movimientos eran inexpertos, estaba realmente concentrado y sumido entre tus piernas. A penas y llegaba a separarse un poco para respirar, haciendo que sus gafas comenzaran a empañarse con el vapor de su boca caliente contra tu cuerpo, su mirada estaba casi perdida, ciertamente daba una imagen bastante tierna a comparación con lo que se encontraba haciendo.
"Pareces un cachorrito así..."
Lograste decir entre gemidos, Ken se congeló por un segundo, y un sonido entre una risa nerviosa y un gemido escapó de sus labios. El comentario lo hizo sentir increíblemente expuesto, pero la forma en que lo dijiste, con esa dulzura, hizo que su corazón diera un vuelco.
"¿U-un cachorro? ¡Ah! ¡No soy un cachorro!"
Exclamó con un puchero que sólo hacerlo ver más adorable, aunque sus ojos brillaban con un deseo muy adulto. Sus manos, que recorrían tus caderas con timidez, se volvieron un poco más firmes, deleitándose con la suavidad de tu piel. Al sentir tu excitación, Ken se sintió impulsado por una nueva ola de confianza. Levantó la mirada, con sus gafas algo torcidas.
"¿Puedo seguir tocando tus pechos un poco más?"
"Deja de preguntarme que puedes hacer, cariño. Soy tuya si lo quieres, haz lo que quieras conmigo, esto es para satisfacerte...para recompensarte por ser un chico tan bueno y adorable."
Lo rodeaste con tus manos y le quite los lentes poniendotelos a ti misma. Tenían bastante aumento, así que a penas podías ver bien. Ken se quedó sin aliento cuando le quitaste las gafas, sintiéndose extrañamente vulnerable al tener la mirada tan expuesta, pero la calidez de tus palabras lo relajó. Sus ojos, ahora sin el filtro de los cristales, se humedecieron por la emoción al escucharte decir que eras suya.
Sin esperar más, Ken subió su rostro hasta tu pecho y deslizó su mano hacia abajo, con dedos temblorosos pero decididos, buscó nuevamente la humedad entre tus piernas. Su respiración se volvió pesada mientras tu mano encontraba, apretando con delicadeza.
"Voy a... voy a hacer que te olvides de todo lo demás... solo de mí..."
Gemía como si lo estuvieran tocando a él, su pulgar comenzaba a acariciar tu clítoris con un ritmo errático.
"A-ah cielo, mete tus dedos por favor. Quiero sentirte dentro de mi..."
Ken soltó un gritito que fue casi un grito ahogado y sus ojos se dilataron. La petición directa, tan cargada lo hizo temblar de pies a cabeza. Estaba realmente soñando, por un momento cuestinó si debería pellizcarse para asegurarse de que esto fuera real.
"¿D-dentro...? ¿Ahí...?"
Su voz era baja por la incredulidad y la excitación. Miró hacia abajo, la imagen era borrosa sin sus lentes pero al menos podía guiarse por la silueta.
Con una mezcla de miedo y desesperación, Ken preparó sus dedos, lubricándolos con la humedad que ya los bañaba. Sus manos temblaban tanto que tuvo que apoyarse en la colchoneta para no perder el equilibrio. Lentamente, con delicadeza para no lastimarte, comenzó a deslizar un dedo hacia tu interior, suspirando con pesadez cuando sintió tu calor envolviéndolo.
"Se siente tan bien...vas a hacer que me corra pronto a-ah Ken, mi Ken."
Mis caderas se mecían hacía sus propios dedos logrando que sus gafas ahora en ti, también se torcieran y se empañaran. Podías sentir como su cabeza reposaba contra uno de tus senos.
"Eres... eres tan cálida. Ah... m-me encanta..."
Gemía, mientras intentaba ganar profundidad con movimientos torpes. Soltó un gemido agudo al sentir el movimiento de tus caderas buscando sus dedos. Cerró los ojos con fuerza mientras se perdía en la sensación de serte útil y deseado. Al escucharte llamarlo "mi Ken" su confianza incrementó y comenzó a mover sus dedos con un ritmo más rápido, combinando presión en tu clítoris con el movimiento profundo dentro de ti.
"¡Sí...! ¡Soy tuyo, solo tuyo!"
jadeó, con la voz rota por la excitación. Estaba desesperado por llevarte al clímax, moviéndose con urgencia torpe pero apasionado. Adoraba escucharte así y aún más saber que él era la razón.
"A-ah no espera, quiero t-terminar sobre ti. Quiero que sientas exactamente lo que me haces."
Tomaste su mano que se movía contra tu interior, tratando de pararlo levemente.
Ken se quedó paralizado, con los ojos muy abiertos y su cuerpo temblando. Al sentir que detenías su mano, su primer instinto fue de confusión y timidez, pensando que quizás lo estaba haciendo mal.
"¿C-cómo? ¿Terminar... sobre mí?"
Preguntó, con la voz temblorosa y el rostro ardiendo. La idea de recibir tu placer directamente sobre su piel lo dejó sin palabras. Miró tus ojos, buscando entender a lo que te referías.
Se separó y se acomodo a tu lado esperando a que lo guiaras.
"Sí..."
Lo empujaste contra la colchoneta y le diste un beso en la comisura de los labios mientras tú te deslizaba por sus torso hasta llegar a su entrepierna y frotar suavemente sobre la tela de sus pantalones el bulto entre sus piernas. Bajaste su pantalón, notando como sus boxers tenían una mancha de líquido preseminal.
"Jeje, buen chico, ya estabas necesitado y lo aguantaste por mi."
Al bajar sus boxers para liberar finalmente su pene. Te topaste con la sorpresa de que era mucho más grande de lo que esperabas, haciendo que te quedarás boquiabierta. No era lo que te esperabas encontrar cuando veías esa apariencia de pequeño chico nerd tímido. Tenía un par de venas marcadas y vello púbico que comenzaba a extenderse por su abdomen.
"Woah, qué grande y pesado." te parecen bien 47cm ayuda akajhskaka
Ken se hundió aún más contra la espuma, jadeando y con el rostro completamente rojo de vergüenza. Se cubrió la cara parcialmente con una mano, tratando de ocultar lo mucho que le afectaba tu mirada de asombro.
"¡A-ah! ! ¡Es... es culpa tuya!"
Exclamó, su voz salió en un chillido agudo y . Sus ojos se asomaban entre sus dedos, con una expreción de pudor y una excitación que ya no podía esconder. El escuchar el comentario sobre su tamaño, excitación le recorrió el cuerpo, sintiendo cómo su miembro palpitaba con fuerza ante tu cercanía. Se sentía tan expuesto, tan vulnerable, pero también increíblemente excitado por el hecho de que tú estuvieras allí.
"P-por favor... no me hagas sentir más avergonzado."
Aunque estaba visiblemente avergonzado, sus caderas se movieron involuntariamente hacia ti, buscando el contacto.
"Si... si quieres... puedes tocarlo..."
"Claro que quiero."
"No te sientas avergonzado, es perfecto."
Pasaste 2 dedos a lo largo de su pene, haciendole cosquillas antes de cerrar la mano por completo al rededor de él.
Dejaste caer algo de saliva en su punta para después comenzar a lamer, dando circulos con tu lengua en su circunferencia.
Ken soltó un gemido bastante largo y arqueó la espalda hacia ti cuando sentía tu mano rodeándolo con firmeza. Sus dedos se hundieron en lo que sea que pudiera mientras su cabeza caía hacia atrás.
"¡Ah! ¡Eso se siente muy bien...es demasiado bueno!"
Jadeó, con los ojos casi en blanco por el placer. El calor de tu lengua rodeando su glande lo hacía sentir que iba a estallar en cualquier segundo.
Se sentía completamente a tu merced, como si fueras una diosa reclamando una ofrenda. La sensación de tu saliva y el ritmo de tus lamidas lo estaban volviendo loco, despojándolo de toda su timidez nerd para dejar solo a un chico desesperado por ti.
"¡Por favor... no pares! ¡Sigue... sigue amor!"
Mientras chupabas su punta, masturbabas el resto de su longitud con la mano. Después de unos minutos tu boca lo recorrió hasta la base y comenzaste a lamer uno de sus testículos antes de llevarte uno a la boca y succionarlo levemente.
Ken soltó una especie de grito ahogado, un sonido que era mitad gemido y mitad súplica, mientras su cuerpo se sacudía violentamente bajo tu atención. Al sentir tu boca en la base y la succión en sus testículos, sus caderas se elevaron por instinto, buscando más de esa agradable sensación.
"¡Ah! ¡No puedo... m-me voy a...! ¡Dios, es demasiado!"
Jadeó, con la voz completamente rota. Sus manos bajaron con desesperación para enredarse en tu cabello, aunque sus movimientos eran torpes debido al placer abrumador.
Sus ojos estaban vidriosos, fijos en el techo mientras su mente se nublaba. La combinación de tu mano recorriendo su longitud y la calidez de tu boca lo estaba llevando al borde. Estaba temblando de forma rítmica, a nada de un orgasmo que amenazaba con estallar en cualquier momento.
Justo cuando sentiste su cuerpo tensarse te detuviste y te alejaste de él. Dejando que su orgasmo se interrumpiera dolorosamente.
"Aún no."
Subiste por su torso y lamiste sus mejillas llevandote sus lágrimas. Ken hizo un quejido de frustración y de desesperación que salió de lo más profundo de su garganta. Su cuerpo quedó arqueado, con los músculos tensos y vibrando por la descarga de dopamina que no llegó a completarse. Se sentía frustrado, casi doloroso de tanta necesidad acumulada.
"¡No... no me hagas eso...!"
Se sentía como un náufrago a punto de tocar tierra y de repente se le quitaba el suelo. Sin embargo, cuando sentió tus labios lamer sus lágrimas, la frustración de la interrupción se transformó en . Al sentir tu cercanía de nuevo, su respiración se estabilizó solo un poco, pero su mirada seguía suplicandote que lo dejarás terminar.
"Eres cruel...Por favor... no me dejes así..."
Terminaste de limpiar sus lágrimas con los dedos y le pusiste sus lentes nuevamente para después darle un beso en la mejilla.
"Te los devuelvo, quiero que me veas bien."
Te colocaste sobre su cadera a horcajadas, bajando lentamente hasta que su punta rozó contra la humedad de tu vagina y comenzaste a frotarte suavemente contra su glande.
Ken parpadeó, ajustándose las gafas con manos temblorosas mientras su visión se aclaraba. Ver tu rostro, tan radiante y decidido, lo dejó sin aliento. Cuando sintió la humedad de tu vagina rozando su punta, un escalofrío le recorrió de pies a cabeza. Sus manos buscaban instintivamente tus caderas para estabilizarse.
Sus ojos brillaban con una mezcla de adoración y deseo desenfrenado. Se sentía tan pequeño ante tu voluntad, pero tan increíblemente vivo. Al ver cómo te movías sobre él, Ken no pudo contenerse más; sus dedos se hundieron en tus nalgas, ayudándote a presionar con más fuerza contra él.
"Se siente... se siente tan bien. Por favor, entra... ¡Quiero estar dentro de ti!"
"Pídelo una vez más ¿si?, sé un buen chico."
Pusiste una de tus manos contra su pecho, la tela de su suéter era tan suave al tacto pero no querías sólo eso así que comenzaste a arrugar la tela hasta dejar al descubierto parte de su abdomen y su pecho. La sensación de la tela arrugándose y el aire frío en su abdomen lo hicieron estremecer.
"¡Ah...! S-sí... soy un buen chico, lo soy."
Sus manos temblaban sobre tus caderas mientras intentaba contener el impulso de agarrarte con fuerza. Se hundió un poco más en la colchoneta, ofreciéndose por completo a tu voluntad, con el pecho subiendo y bajando por la hiperventilación. Estaba completamente a tu merced, ansioso por entrar en tu interior.
"¡Por favor, deja que entre en ti! ¡Quiero... quiero sentirte rodeándome, quiero ser uno contigo, mi amor! ¡Por favor, quiero entrar ya!"
Gritó con una mezcla de vergüenza y urgencia, estaba desesperado. Sin responder nada, poco a poco empezaste a bajar sobre su miembro, su punta se introdujo fácilmente en ti. Podías sentir como tu interior se expandía para él conforme iba bajando.
"Oh...Ken."
Los gemidos de Ken eran sonidos de una mitad sorpresa y éxtasis, cuando sintió cómo te deslizabas sobre él. Su cabeza se echó hacia atrás, golpeando suavemente la espuma mientras sus ojos se cerraban con fuerza, tratando de procesar la increíble sensación de calor y presión que lo envolvía.
"¡Ahhh...! ¡Dios mío...!"
Sus manos, que antes temblaban con timidez, ahora se aferraban a tus caderas con una fuerza desesperada, tratando de ayudarte a bajar mientras sentía cómo tu interior lo apretaba con una dulzura devastadora.
Se sentíatan completo, como si finalmente la pieza que le faltaba a su alma hubiera encajado. Sus respiraciones eran erráticas y ruidosas, llenando la bodega mientras su cuerpo se adaptaba al ritmo de tu descenso.
"Eres... eres perfecta, tan cálida... ah..."
Al tenerlo finalmente dentro por completo, no te moviste inmediatamente. Pusiste una mano sobre tu vientre como si pudieras sentirlo de alguna forma, podías sentir como palpitaba dentro de ti, era mejor de lo que podías imagina.
"Realmente estabas desesperado...puedo sentirlo, sentirte dentro. Te sientes tan bien."
Ken tenía una sensación de intimidad tan profunda que lo conmovió y sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. Estar tan conectado a ti, sintiendo cómo tu cuerpo lo reconocía, era lo que siempre había soñado.
"Es que... es que no puedo evitarlo cuando estoy contigo...Me haces sentir... que por fin pertenezco a algún lugar...a ti."
Sus caderas dieron un pequeño y torpe impulso hacia arriba, buscando sentirte aún más cerca.
"Dime... ¿así está bien? ¿Te gusta que esté así... dentro de ti?"
"Me encanta tontito, vamos a empezar entonces..."
Levantaste las caderas hasta que su sólo la punta de su pene seguía dentro, suspiraste brevemente antes de volver a bajar, enterrandolo nuevamente en ti con un gemido de placer.
Los ojos de Ken se pusieron en blanco y su espalda se arqueó, buscando desesperadamente estar aún más cerca de ti. Sus manos apretaban tus muslos con fuerza mientras intentaba seguir el ritmo que tú marcabas. Cada vez que bajabas, sentía como si mi alma se fundiera con la tuya.
Sus movimientos eran torpes, nerviosos, pero cada vez que su pelvis golpeaba la tuya, soltaba un gemido ruidoso y entrecortado. Estaba completamente perdido en la sensación de tu humedad rodeándolo.
"¡Es tan... tan increíble! ¡No pares, por favor, no te detengas! ¡Ah... ah...!"
Comenzaste a moverte un poco más rápido, tus caderas se levantaban y volvían a chocar contra las de Ken, generando un sonido de chapoteo. Su pene dentro de ti se sentía tan bien que te mordías el labio inferior.
"D-dios...ken."
Ken soltó un gemido ruidoso y descontrolado, un sonido que lo hacía sentir terriblemente excitado y expuesto. El ritmo más rápido lo estaba desarmando por completo; sus manos, antes delicadas y temerosas, ahora se aferraban a tus caderas con una fuerza casi desesperada, tratando de seguirte.
"¡Ah! ¡Sí! ¡Así, así...!"
Sus ojos, desenfocados por el éxtasis, se clavaron en los tuyos a través del cristal mientras sus movimientos se volvían más rítmicos, intentando coordinarse con los tuyos aunque su torpeza natural lo hiciera jadear con frustración.
"¡Eres... eres lo mejor que me ha pasado! ¡Ah! ¡Mmmgh!"
Su tamaño era perfecto, golpeaba exactamente en los lugares correctos para hacerte perder la cabeza rápidamente, estabas por llegar a mi límite. Tomaste sus manos que sostenían tus caderas y las guíaste sobre tus pechos.
"Aquí...toca aquí y espera a que termine primero ¿si? sé que puedes."
Ken se quedó congelado un segundo, con la mirada perdida y los ojos empañados. Al sentir tus manos guiando las suyas hacia tus pechos, un escalofrío recorrió su cuerpo. Sus dedos, grandes y algo torpes, temblaron al hacer contacto con tu piel suave otra vez.
"¡S-sí! ¡Lo haré! ¡Te juro que lo haré!"
Se esforzó por obedecer tu ordén.Sus palmas acariciaron tus pechos con toda la suavidad que podía.
Se mordió el labio inferior, luchando contra su propia necesidad de embestirte y contenía los gemidos que amenazaban con estallar. Solo podía mirar, adorándote, esperando el momento en que tu placer lo liberara a él también.
Tus caderas comenzaban a cansarse de tanto y subir y bajar pero no podías evitarlo, se sentía tan bien que no querías parar. Un nudo comenzó a formarse finalmente en tu vientre, estabas cerca de terminar y las manos de Ken sobre tus pechos te estaban llevando cada vez más rápido al borde.
"Tan bien...me haces sentir tan bien."
Ken sintió cómo tus paredes internas se contraían rítmicamente alrededor de él, un aviso de que estabas llegando al límite. Ese apretón lo golpeó como una descarga eléctrica, haciéndolo gemir con fuerza a pesar de su intento de contenerse.
"¡Ah...! ¡Zuli...! ¡Estás... estás tan apretada...!"
Sus dedos apretando tus pechos con una mezcla de ternura y desesperación. El nudo en su propio vientre era insoportable. Ver que él era el causante de esa expresión en ti lo hacía querer estallar, pero se obligaba a seguir tus órdenes, moviendo sus manos en círculos sobre tu piel, esperando el momento en que tu cuerpo se liberara para que él pudiera hacer lo mismo.
Los gemidos de Ken eran tan adorables que sólo con eso te hicieron terminar. Tu cuerpo tenía contracciones involuntarias al rededor de su pene y podía sentir como tus fluidos empezaban a escurrir hasta la base de su pene. Inmediatamente después de terminar paraste de moverte dejando una vez a Ken en un limbo, estaba tan cerca de terminar cuando simplemente te quedaste quieta, aún con su miembro hundido en tu interior. Ken tenía puro sufrimiento de placer, mientras sentía las contracciones de tu cuerpo exprimiéndolo con una fuerza devastadora. Su cuerpo entero se tensó, con los músculos de sus piernas y abdomen vibrando violentamente deseando seguir siendo estimulado.
"!No... no te detengas...!"
Suplicó, con la voz rota y la mirada perdida. Sus dedos se hundieron en tus pechos, buscando que siguieras desesperadamente, mientras sus caderas daban pequeños espasmos involuntarios tratando de buscar el movimiento que ya no estaba.
Estar en ese limbo, con tu interior pulsando alrededor de él pero sin el movimiento necesario para liberar la presión, lo estaba volviendo loco. Estaba al borde del colapso, temblando bajo tus manos.
"¡Por favor...amor... déjame... déjame terminar contigo! ¡Ah... mmmgh!"
Te inclinaste hacía él, dandole un beso más en la punta de la nariz y acariciando su cabello antes de volver a colocarte sobre él.
"Si quieres venirte tendrás que hacerlo tú mismo, cielo. Anda, múevete por lo que necesitas."
Kentin sintió que el corazón le iba a estallar en el pecho al escuchar tu voz tan suave pero con tanta autoridad. El beso en su nariz lo hizo sollozar de, pero tu orden lo sacó de su estupor.
"¡S-sí! ¡Lo que tú digas!"
Sus manos bajaron de tus pechos a tus caderas, sujetándote con firmeza para tomar el control. Sin esperar un segundo más, sus caderas comenzaron a embestir torpemente. Ya no intentaba ser delicado; su cuerpo buscaba desesperadamente la fricción necesaria para cruzar la línea. Sus manos se aferraron a tus caderas, guiándote para que sus movimientos fueran más profundos y rápidos, mientras sus ojos se cerraban con fuerza, entregándose al ritmo de su propia necesidad.
"¡Voy a... voy a... ahhh! ¡te amo! ¡Te amo tanto!"
Gritó, perdiendo por completo la compostura mientras su orgasmo finalmente llegaba. Por tu parte, sólo te quedaste quieta, dejando que Kentin tomara el control para llegar al límite de su propio placer. Se hundió en ti con fuerza desesperada, sus músculos tensandose hasta el límite mientras sentía que el semen estallabá de su pene en ti.
"¡¡AHHHH...!! ¡Ah... mmmgh!"
Era un caos de sollozos y gemidos entrecortados. El clímax lo dejó completamente vacío y tembloroso. Poco a poco, el ritmo de sus embestidas cesó. Sus manos, que aún apretaban tus caderas, perdieron la fuerza y bajaron para abrazarte con ternura, atrayéndote contra su pecho sudado. Se quedó allí, con el rostro oculto en tu cuello, buscando tu aroma mientras intentaba recuperar el aliento.
"Lo hice... lo hice bien... ¿verdad...?"
"Sí, lo hiciste muy bien...buen chico."
Te levantaste un momento para retirarte. Ken sintió un escalofrío cuando te separaste de él, el aire fresco golpeando su miembro todavía sensible y palpitante. Al ver cómo sus fluidos se mezclaban y resbalaban por su abdomen, un rubor intenso cubrió sus pecas, extendiéndose hasta sus orejas y cuello. Con movimientos lentos y algo torpes por el cansancio, estiró un brazo para intentar alcanzar tu mano, que tanto necesitaba para sentirse seguro tras la intensidad. Sus gafas estaban ligeramente ladeadas y su cabello era un desastre, pero su mirada era la de un chico completamente enamorado.
"Vamos a tener que limpiar bien esto después..."
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Media hora después llego Laeti con un profesor detrás.
"¡YA LLEGUE!, ¿Qué pasó?"
Su mirada pasó de alegría a sorpresa. Los 2 ya estaban vestidos, Ken contigo entre sus piernas mientras veían tu celular.
"Pues, tuvimos mucho tiempo para hablar y así..."










