Unas fotos en la promoción de mi hermano menor.
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Unas fotos en la promoción de mi hermano menor.
Estas fotos son de hace algún tiempo atrás. Lima ,Chorrillos.
Trufas…! deliciosas ! hechas en casa :)
Hace poco fui al Museo de la Literatura Peruana y aproveché para tomarme algunas fotitos .
LA FLOR DE LA CANELA (Chabuca Granda)
Déjame que te cuente limeño, Déjame que te diga la gloria Del ensueño que evoca la memoria Del viejo puente, del río y la alameda. Déjame que te cuente limeño, Ahora que aún perfuma el recuerdo, Ahora que aún se mece en un sueño, El viejo puente, el río y la alameda. Jazmines en el pelo y rosas en la cara, Airosa caminaba la flor de la canela, Derramaba lisura y a su paso dejaba Aromas de mistura que en el pecho llevaba. Del puente a la alameda menudo pie la lleva Por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera. Recogía la risa de la brisa del río Y al viento la lanzaba del puente a la alameda. Déjame que te cuente limeño, Ay, deja que te diga, moreno, mi pensamiento, A ver si así despiertas del sueño, Del sueño que entretiene, moreno, tu sentimiento. Aspira de la lisura que da la flor de la canela, Adornada con jazmines matizando su hermosura; Alfombra de nuevo el puente y engalana la alameda Que el río acompasará su paso por la vereda. Y recuerda que… Jazmines en el pelo y rosas en la cara, Airosa caminaba la flor de la canela, Derramaba lisura y a su paso dejaba Aromas de mistura que en el pecho llevaba. Del puente a la alameda menudo pie la lleva Por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera. Recogía la risa de la brisa del río Y al viento la lanzaba del puente a la alameda.
FLOR DE LA CANELA
José Antonio ( Chabuca Granda )
Por una vereda viene cabalgando José Antonio Se viene desde Barranco a ver la flor de Amancaes En un berevere criollo, va a lo largo del camino con jipi japa pañuelo y poncho blanco de lino Mientras corre la mañana, su recuerdo juguetea y con alegre retozo el caballo pajarea fina garúa de junio le besa las dos mejillas y cuatro cascos cantando van camino de Amancaes Qué hermoso que es mi chalán cuán elegante y garboso sujeta la fina rienda de seda que es blanca y roja qué dulce gobierna el freno con sólo cintas de seda al dar un quiebro gracioso al criollo berevere José Antonio, José Antonio por qué me dejaste aquí cuando te vuelva a encontrar que sea junio y garúe me acurrucaré a tu espalda bajo tu poncho de lino y en la cinta del sombrero quiero ver los amancaes, que recojas para mí cuando a la grupa me lleves, de ese tu sueño dorado de tu caballo de paso aquel del paso peruano. Chabuca Granda
La Redención de Gabriel
Florencia, Italia. 1292. El poeta se apartó de la mesa y miró por la ventana, desde donde veía su amada ciudad. A pesar de que la arquitectura y las calles lo llamaban, lo hacían con voces huecas. Era como si se hubiera extinguido una gran luz, no sólo de la ciudad, sino del mundo. Quomodo sedet sola civitas plena populo facta est quasi vidua domina Gentium… Revisó la Lamentación que acababa de citar hacía escasos momentos. Desgraciadamente, las palabras del profeta Jeremías eran insuficientes. —Beatriz —susurró, con el corazón en un puño. Incluso en ese momento, dos años después de su muerte, le costaba mucho escribir sobre su pérdida. Ella permanecería siempre joven, siempre noble. Siempre sería su bendición y no existía poema en la Tierra capaz de expresar la devoción que sentía por ella. Pero lo intentaría, por su memoria y su mutuo amor.
El Éxtasis de Gabriel
Florencia, 1290. El poeta soltó la nota, que cayó de su mano temblorosa. Permaneció sentado en silencio durante varios minutos, quieto como una estatua. De repente, apretó los dientes y se levantó. Recorrió la casa de arriba abajo, sin hacer caso de los muebles ni de los objetos que se interponían en su camino; sin hacer caso a los otros habitantes de la casa. Sólo había una persona a la que deseara ver. Recorrió las calles de la ciudad rápidamente, casi a la carrera, hasta llegar al río. Se asomó al puente, su puente, examinando las orillas, esperando encontrar algún rastro de su amada. Pero no vio ninguno. Ella no iba a volver. Su amada Beatriz se había ido.
El Infierno de Gabriel
Florencia, 1283. De pie junto al puente, el poeta observaba a la joven que se acercaba. El mundo se detuvo al ver sus ojos, grandes y oscuros, y su pelo castaño, peinado formando elegantes ondas. Al principio no la reconoció. Era tan hermosa que cortaba el aliento con sus movimientos gráciles y seguros. Y algo en su rostro le recordó a la niña de la que se había enamorado años atrás. La vida los había llevado por caminos distintos y él siempre había llorado la pérdida de su ángel, su musa, su amada Beatriz. Sin ella, su vida había sido solitaria e insustancial. «Y ahora aparece mi bendición.» Mientras ella seguía acercándose, acompañada de sus amigas, el poeta inclinó la cabeza en un saludo caballeroso. No tenía ninguna esperanza de que ella se lo devolviera. Era perfecta e inalcanzable, un ángel de ojos castaños, vestida de blanco resplandeciente, mientras que él era un hombre mayor, hastiado del mundo, que no le llegaba a la suela del zapato. Cuando ya casi había pasado de largo, los ojos del poeta se clavaron en una de sus delicadas zapatillas, una zapatilla que vacilaba justo delante de él. El corazón se le desbocó mientras aguardaba, sin resuello. La voz que le habló, suave y educada, dispersó sus dudas. Era ella. Levantó la cabeza y la miró asombrado. Llevaba años esperando ese momento, soñando con ese encuentro, pero nunca se imaginó que se produciría de un modo tan fortuito. Y menos aún que ella lo saludara con tanta dulzura. Desconcertado, le devolvió el saludo y se permitió el lujo de dedicarle una sonrisa, una sonrisa que su musa le devolvió multiplicada por diez. Sintió henchírsele el corazón, mientras su amor por ella crecía y ardía como una hoguera en su pecho. Desgraciadamente, la breve conversación llegó a su fin cuando ella anunció que tenía que irse. El poeta se inclinó para despedirse, pero en seguida se incorporó para contemplarla mientras se alejaba. La gran alegría que había sentido al reencontrarse con ella se vio empañada por la tristeza de no saber si volvería a verla nunca más..
Un nuevo comienzo !!!
Mi hermano pequeño . Aquí una foto de sus primeros añitos.
Park Chan Yeol
Mi pequeño corazón