" ¿cuántas veces quieres que repita que no pienso deshacerme de ti jamás? ¿que estás atrapada conmigo de por vida? " inevitablemente carmines se elevan, sonríen con un humor aligerado, menos denso que el que tenía cuando reunión, no planeada como la mayoría de encuentros, inició. puede respirar nuevamente, engaño hacia sí mismos de creer que control recae por completo en sus manos deja una fina capa de tranquilidad. aún así, hay algo en la forma en que pecho se expande y contrae, en cómo falanges siguen aferrados a los suyos, sintiendo incapacidad de soltar. " vayamos cuando todo termine, " es promesa, porque ya no tienen oportunidad de dejar de existir en mismo plano terrenal; palabras entre ellos funcionan como contratos no escritos. los pulgares acarician con lentitud el dorso de manos ajenas, gesto automático, aprendido de tantos años de cercanía compartida. dentro de memoria, marcello no puede encontrar un momento de su vida donde imagen femenina esté ausente; incluso aquellos años en los que distancia fue marcada por diferencia horaria, el contacto nunca disminuyó. puede recordar las videollamadas por la madrugada hasta quedarse dormido, las fotos esporádicas que llegaban a su celular, los mensajes a mitad de alguna junta. mila es más que su mejor amiga, familiaridad es tal que podría jurar ella lo conoce mejor de lo que él se conoce a sí mismo, pero no encaja en el mismo eslabón en el que colocaría a, por ejemplo, alessandro. ella es su persona, lo complementa aún sin pedirlo; no puede encontrar palabra exacta para describir el tipo de relación que tienen, no hay manera de moldear una descripción para que se ajuste, pero, está seguro que alma gemela es la que se encuentra más cerquita. la observa, demasiado cerca para fingir normalidad. tiene aprendido cada rasgo, una historia escrita en gestos mínimos que reconoce sin esfuerzo: la forma en que ladea el rostro, el brillo particular en la mirada, la tensión suave en la línea de la boca. ha visto todo eso mil veces. y, sin embargo, aunque es similar, en eso momento es completamente diferente. su respiración vuelve a desordenarse cuando nota lo difuminado que se encuentra línea divisora; el aire entre ambos es escaso, tibio, compartido. siente el impulso de moverse y, por primera vez, no sabe si es para alejarse o para acortar lo poco que queda. mano que descansa sobre su rostro no se retira; por el contrario, el pulgar traza con lentitud la curva de su pómulo, gesto que debería ser inocente, fraternal— no se siente así. el corazón le golpea con violencia, un movimiento mínimo cambiaría todo. está al borde; y aun así no se aparta. no es la primera vez que se encuentra a sí mismo admirando rostro femenino con una atención vehemente, con quietud que precede a los pensamientos que uno aprende a reprimir. que asemeja a calma antes de cada tormenta, momento en el que se instala para avisar que están prontas a llegar. pero, en ocasión presente existe punto diferenciador, no hay prisa por huir de la tormenta que precede la calma. no existe excusa inmediata ni pensamiento que funcione como freno eficaz. el cuerpo no responde al hábito de retroceder, soltarla de golpe se le antoja imposible y, por eso, se aprovecha del tiempo que parece suspendido hasta que se ve obligado a alejarse. parpados descienden, ocultan avellanas abriendo oportunidad al resto de sentidos que se afinan. siente beso sobre la mejilla, pétalos que colisionan contra el punto bajo de pómulos pero se tropiezan con la esquina de rosáceos, comisuras cosquillean, acto lo lleva de la mano a enfrentarse con golpe de energía que no espera. una descarga breve le atraviesa la piel, un estremecimiento involuntario que nace en la mandíbula y le recorre la columna hasta anclarse en la boca del estómago.
siente el calor expandirse bajo la dermis, una presión sorda en el pecho que lo obliga a inhalar con más profundidad de la necesaria. lo siente primero como una presión, hay un segundo (uno solo) en el que el cuerpo se queda en suspenso, sorprendido, como si necesitara confirmar que eso está ocurriendo de verdad. anatomía se vuelve torpe, en aquel momento cualquier intento de control queda en la nada. duda que lo ha acompañado, esa que aprendió a guardar en un rincón silencioso de la cabeza, se le presenta de golpe, desnuda, imposible de ignorar: no ha sido el único todo este tiempo. inclina su rostro ligeramente hacia su amiga, su mejor amiga, con la que ha crecido durante casi toda una vida, carajo. el contacto no le resulta extraño, por el contrario, encaja. durante un instante breve olvida dónde está, qué los rodea, qué riesgos existen. millaray se va tan abruptamente como llegó, lo deja anclado sobre el borde de la ventana. el aire que se cuela le acaricia dermis y despeina caireles, pero a él parece no importarle. la respiración le sale irregular, y nota el pulso martillándole con fuerza en las sienes. rosáceos resienten la ausencia inmediata, y su lengua roza el interior de la boca sin pensarlo, saboreándola aún ahí. cuando finalmente cafés enfocan, la silueta femenina se vuelve más chica, se aleja de su lado y podría jurar que siente cómo el pecho se le contrae, se le achica. " no, " intenta decir, pero la voz le sale baja, raspada, distinta. carraspea, y vuelve a intentarlo " mila— " voz se escapa bajita, un susurro que apenas rompe el sonido del viento. ojalá pudiera encontrar las palabras correctas para traer calma, pero propio corazón no ha dejado de golpear su pecho, de hacer eco en sus oídos. el sonido mínimo de sus pasos basta para encender una alarma sorda en el cuerpo. antes de pensarlo, avanza un poco, " no, no tienes que disculparte. " palabras le salen antes de que pueda ordenarlas del todo, en realidad no quiere que se disculpe porque se sintió mejor de lo que debería. no quiere que continúe poniendo distancia entre ellos, se siente antinatural. " te creo, todo está bien. " da otro paso, lo justo para que la distancia deje de ser un muro. " entiendo si crees que fue un error, " palabras le pesan porque no concuerdan, no encajan con aquello que su cuerpo insiste en reclamar. conflicto interno se aferra a él, le aprieta el pecho de una forma incómoda, conocida y nueva al mismo tiempo. sabe que no se supone que esto exista, que el rótulo de mejor amiga siempre había sido refugio suficiente. y aun así, el cuerpo no entiende de supuestos. todavía siente el eco del beso en los labios, el sabor que reconoce sin esfuerzo, tan ella, la forma en que su olor se le metió en los pulmones y se quedó ahí, persistente. la mirada no se aparta de la suya. podría hacerlo, debería hacerlo; darle espacio, respetar la distancia que ella intenta construir con torpeza. podría decir que se va, que la deja sola si eso es lo que necesita. la intención existe, incluso se formula en su cabeza, pero no llega a vociferar, mucho menos a las piernas; el cuerpo sigue avanzando. el espacio entre ambos se reduce hasta desaparecer, la detiene contra aquello que le bloqueó el paso. cercanía para él ya resultaba inevitable. diestra se apoya a un costado disminuye el espacio sin crear una prisión, deja una salida que ella pueda tomar en cualquier momento. " puta madre. " murmura en lengua materna, para sí, cuando la respiración se le desarma por completo. no hay más advertencias. pulgar se coloca sobre un costado de mandíbula, y el resto de sus yemas ocupan el espacio en lado opuesto. retoma la presión inicial, contenida, como si todavía intentara convencerse de que puede detenerse, pero dura apenas un latido. pronto pétalos se abren ligeros, encuentran los de ella con una seguridad que no reconoce como propia. la otra mano, apoyada cerca de su cabeza, termina por deslizarse hasta la línea de su cuello, sosteniéndola con una intimidad que siempre evitó nombrar.