˚ 。 ⋆ 𝒎𝒊𝒍𝒍𝒂𝒓𝒂𝒚 𝒓𝒐𝒎𝒆𝒓𝒐 .
veintitrés años , argentina / brasilera , tauro , pronombres femeninos . musicaliza con su guitarra las noches en los bares del pueblo . skeleton libre : the anarchist .
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@romvro
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WEDNESDAY (2022- ) Season 1 | Episode 3
@hvzelis .
" ¿cuántas veces quieres que repita que no pienso deshacerme de ti jamás? ¿que estás atrapada conmigo de por vida? " inevitablemente carmines se elevan, sonríen con un humor aligerado, menos denso que el que tenía cuando reunión, no planeada como la mayoría de encuentros, inició. puede respirar nuevamente, engaño hacia sí mismos de creer que control recae por completo en sus manos deja una fina capa de tranquilidad. aún así, hay algo en la forma en que pecho se expande y contrae, en cómo falanges siguen aferrados a los suyos, sintiendo incapacidad de soltar. " vayamos cuando todo termine, " es promesa, porque ya no tienen oportunidad de dejar de existir en mismo plano terrenal; palabras entre ellos funcionan como contratos no escritos. los pulgares acarician con lentitud el dorso de manos ajenas, gesto automático, aprendido de tantos años de cercanía compartida. dentro de memoria, marcello no puede encontrar un momento de su vida donde imagen femenina esté ausente; incluso aquellos años en los que distancia fue marcada por diferencia horaria, el contacto nunca disminuyó. puede recordar las videollamadas por la madrugada hasta quedarse dormido, las fotos esporádicas que llegaban a su celular, los mensajes a mitad de alguna junta. mila es más que su mejor amiga, familiaridad es tal que podría jurar ella lo conoce mejor de lo que él se conoce a sí mismo, pero no encaja en el mismo eslabón en el que colocaría a, por ejemplo, alessandro. ella es su persona, lo complementa aún sin pedirlo; no puede encontrar palabra exacta para describir el tipo de relación que tienen, no hay manera de moldear una descripción para que se ajuste, pero, está seguro que alma gemela es la que se encuentra más cerquita. la observa, demasiado cerca para fingir normalidad. tiene aprendido cada rasgo, una historia escrita en gestos mínimos que reconoce sin esfuerzo: la forma en que ladea el rostro, el brillo particular en la mirada, la tensión suave en la línea de la boca. ha visto todo eso mil veces. y, sin embargo, aunque es similar, en eso momento es completamente diferente. su respiración vuelve a desordenarse cuando nota lo difuminado que se encuentra línea divisora; el aire entre ambos es escaso, tibio, compartido. siente el impulso de moverse y, por primera vez, no sabe si es para alejarse o para acortar lo poco que queda. mano que descansa sobre su rostro no se retira; por el contrario, el pulgar traza con lentitud la curva de su pómulo, gesto que debería ser inocente, fraternal— no se siente así. el corazón le golpea con violencia, un movimiento mínimo cambiaría todo. está al borde; y aun así no se aparta. no es la primera vez que se encuentra a sí mismo admirando rostro femenino con una atención vehemente, con quietud que precede a los pensamientos que uno aprende a reprimir. que asemeja a calma antes de cada tormenta, momento en el que se instala para avisar que están prontas a llegar. pero, en ocasión presente existe punto diferenciador, no hay prisa por huir de la tormenta que precede la calma. no existe excusa inmediata ni pensamiento que funcione como freno eficaz. el cuerpo no responde al hábito de retroceder, soltarla de golpe se le antoja imposible y, por eso, se aprovecha del tiempo que parece suspendido hasta que se ve obligado a alejarse. parpados descienden, ocultan avellanas abriendo oportunidad al resto de sentidos que se afinan. siente beso sobre la mejilla, pétalos que colisionan contra el punto bajo de pómulos pero se tropiezan con la esquina de rosáceos, comisuras cosquillean, acto lo lleva de la mano a enfrentarse con golpe de energía que no espera. una descarga breve le atraviesa la piel, un estremecimiento involuntario que nace en la mandíbula y le recorre la columna hasta anclarse en la boca del estómago.
siente el calor expandirse bajo la dermis, una presión sorda en el pecho que lo obliga a inhalar con más profundidad de la necesaria. lo siente primero como una presión, hay un segundo (uno solo) en el que el cuerpo se queda en suspenso, sorprendido, como si necesitara confirmar que eso está ocurriendo de verdad. anatomía se vuelve torpe, en aquel momento cualquier intento de control queda en la nada. duda que lo ha acompañado, esa que aprendió a guardar en un rincón silencioso de la cabeza, se le presenta de golpe, desnuda, imposible de ignorar: no ha sido el único todo este tiempo. inclina su rostro ligeramente hacia su amiga, su mejor amiga, con la que ha crecido durante casi toda una vida, carajo. el contacto no le resulta extraño, por el contrario, encaja. durante un instante breve olvida dónde está, qué los rodea, qué riesgos existen. millaray se va tan abruptamente como llegó, lo deja anclado sobre el borde de la ventana. el aire que se cuela le acaricia dermis y despeina caireles, pero a él parece no importarle. la respiración le sale irregular, y nota el pulso martillándole con fuerza en las sienes. rosáceos resienten la ausencia inmediata, y su lengua roza el interior de la boca sin pensarlo, saboreándola aún ahí. cuando finalmente cafés enfocan, la silueta femenina se vuelve más chica, se aleja de su lado y podría jurar que siente cómo el pecho se le contrae, se le achica. " no, " intenta decir, pero la voz le sale baja, raspada, distinta. carraspea, y vuelve a intentarlo " mila— " voz se escapa bajita, un susurro que apenas rompe el sonido del viento. ojalá pudiera encontrar las palabras correctas para traer calma, pero propio corazón no ha dejado de golpear su pecho, de hacer eco en sus oídos. el sonido mínimo de sus pasos basta para encender una alarma sorda en el cuerpo. antes de pensarlo, avanza un poco, " no, no tienes que disculparte. " palabras le salen antes de que pueda ordenarlas del todo, en realidad no quiere que se disculpe porque se sintió mejor de lo que debería. no quiere que continúe poniendo distancia entre ellos, se siente antinatural. " te creo, todo está bien. " da otro paso, lo justo para que la distancia deje de ser un muro. " entiendo si crees que fue un error, " palabras le pesan porque no concuerdan, no encajan con aquello que su cuerpo insiste en reclamar. conflicto interno se aferra a él, le aprieta el pecho de una forma incómoda, conocida y nueva al mismo tiempo. sabe que no se supone que esto exista, que el rótulo de mejor amiga siempre había sido refugio suficiente. y aun así, el cuerpo no entiende de supuestos. todavía siente el eco del beso en los labios, el sabor que reconoce sin esfuerzo, tan ella, la forma en que su olor se le metió en los pulmones y se quedó ahí, persistente. la mirada no se aparta de la suya. podría hacerlo, debería hacerlo; darle espacio, respetar la distancia que ella intenta construir con torpeza. podría decir que se va, que la deja sola si eso es lo que necesita. la intención existe, incluso se formula en su cabeza, pero no llega a vociferar, mucho menos a las piernas; el cuerpo sigue avanzando. el espacio entre ambos se reduce hasta desaparecer, la detiene contra aquello que le bloqueó el paso. cercanía para él ya resultaba inevitable. diestra se apoya a un costado disminuye el espacio sin crear una prisión, deja una salida que ella pueda tomar en cualquier momento. " puta madre. " murmura en lengua materna, para sí, cuando la respiración se le desarma por completo. no hay más advertencias. pulgar se coloca sobre un costado de mandíbula, y el resto de sus yemas ocupan el espacio en lado opuesto. retoma la presión inicial, contenida, como si todavía intentara convencerse de que puede detenerse, pero dura apenas un latido. pronto pétalos se abren ligeros, encuentran los de ella con una seguridad que no reconoce como propia. la otra mano, apoyada cerca de su cabeza, termina por deslizarse hasta la línea de su cuello, sosteniéndola con una intimidad que siempre evitó nombrar.
el frío de la pared contra la espalda, allí donde encuentra refugio momentáneo luego de haberse dejado llevar por el impulso, ocasiona un contraste perfecto con el calor que emana su cuerpo —temperatura en alza que siente en las mejillas y en el centro del pecho, cuando latidos se aceleran a ritmo inesperado y hay cierta vergüenza indeleble, porque reconoce que debió evitar el impulso, que tratándose de él necesitaba actuar de otra forma, que no podía simplemente ceder incluso aunque en ese momento sentía que no podía hacer otra cosa, que no había palabras que pudiesen explicar todo lo que contrario significaba para ella; incluso aunque lo sepa, aunque lo haya dicho montones de veces. en ese instante, resulta inevitable preguntarse si él sintió lo mismo, si también fue preso de corriente eléctrica, si también sintió el tiempo suspenderse entre ambos incluso aunque contacto fue efímero, si también desea volver a hacerlo. se esfuerza por reprocharse a sí misma, una voz en su cabeza que pareciera querer insistir en lo erróneo de su accionar, en cómo pareciera querer joderlo todo —porque argentina tiene una falencia muy clara cuando se trata de lo romántico, es inestable y confusa, algo que no quiere hacer pesar sobre hombros masculinos… una vez más, tiene que detenerse a sí misma, consciente de que no debe pensar en él de esa forma, que tiene que mantenerse firme incluso aunque en ese momento no pueda pensar en otra cosa que no sea en volver a besarlo. te creo, afirma luego de dar un paso en su dirección, y ella quisiera gritarle que no lo haga, que no le crea, porque no es cierto que se arrepiente y por un momento aquello la vuelve presa del desconcierto, cual si propio accionar no hubiese sido tan sólo un impulso sino que detrás de encuentro de labios se deja ver una realidad que fue silenciada por mucho tiempo, o al menos, transformada. pétalos se parten, con cada paso que avanza en su dirección siente la necesidad de pedirle que no se detenga, que siga caminando hacia ella, que vuelva a enredarla entre sus brazos una vez más, que no deje un maldito espacio entre sus cuerpos ; la idea vuelve a provocar ardor en las mejillas, la brisa que ingresa por la ventana aún entreabierta no siendo suficiente para aplacar la sensación de sangre que hierve en las venas —quizás por las razones correctas, o quizás no. miradas se encuentran, anatomías se encuentran nuevamente en cercanía natural, pero que en ese momento, pareciera convertirse en peligrosa… porque incluso aunque lo intenta, no puede dejar de pensar en lo jodidamente bien que se sintió besarlo y lo mucho que necesita que suceda de vuelta. por supuesto, hay parte de ella que está aterrada, consciente de que lo único que no podría perdonarse nunca sería dar un paso en falso con marcello, porque no hay mentira en lo que dijo : su vida sin él no tiene sentido. siempre lo supo, por supuesto, desde la primera vez que la hizo reír en clase, la primer mirada cómplice que compartieron y las noches compartiendo un porro que se volvían eternas porque nunca se cansaba de hablar con él, de su compañía, incluso cuando estaban en silencio. quizás, tan sólo quizás… todo eso significó mucho más de lo que creía, de lo que se atrevió a aceptar. ahora que vuelve a tenerlo tan cerca que casi puede probar su perfume, tan cerca que dígitos se detienen sobre su rostro robándole el aliento y miradas hablan un idioma que incluso ella desconoce, entiende que existió una parte de la historia enterrada hasta ese instante.
maldición hace temblar las piernas, los labios, respiración se ahoga en la garganta y por un instante pareciera perder por completo el control de anatomía —se deja hacer por él, aquel gesto sobre el rostro que la lleva a una vez más encontrarse con sus labios, propios se parten a su encuentro y por un instante todo es silencio. siente cómo los latidos de su corazón se acompasan y puede jurar que el cuerpo nunca se sintió tan liviano ; es precisamente debido a ligereza que necesita sostén y cuerpo actúa cual si conociese el camino a seguir, dígitos se acomodan sobre hombros masculinos y ejercen ligera presión, para luego continuar deslizándose hasta que brazos rodean su cuello y también ofrecen soporte al momento de acercarse. se inclina hacia él sin medirlo, busca profundizar el contacto sin desesperación, pero sí evidenciando deseo que crece desde lo más profundo de sí, cual caja de pandora abierta de manera imprevista. “no me creas,” anuncia cuando pulmones reclaman oxígeno, apenas se aparta para buscar mirada ajena, propia brillando de manera particular, cargada de confusión pero a la vez la certeza de que nunca estuvo más en lo correcto. “ —no me creas que me arrepiento, no lo hago.” necesita que lo sepa, incluso aunque en ese instante pareciera ser completamente obvio. una de sus manos viaja con cuidado para aferrarse a muñeca contraria, dígitos enredándose como quien pide que se mantenga justo allí, que no deje de tocarla, que no abandone el agarre sobre su cuello, su rostro. “podemos detenernos…” desliza con cuidado, en susurro que se transforma en terciopelo cuando miradas se encuentran, aunque propia no puede evitar volver a pétalos ajenos, propios reclaman volver a su encuentro. aún así no miente, si él desea llamarse a la prudencia y pausar lo que sea que estaba sucediendo entre ellos, entonces lo harían, aunque… “yo no quiero hacerlo.” confiesa, en acto que parece de rendición, de la misma forma es que vuelve a buscarlo, consciente de que ella no es capaz de pisar el freno cuando hace tiempo que nada se siente tan correcto. tironea de prenda superior para acercarlo, para volver a atrapar sus labios y esta vez tiene menos cuidado, se deja llevar por nueva sensación que parece descubrir, un deseo que en ese momento entiende siempre estuvo allí, escondido, esperando el momento exacto para renacer; quizás, aquella noche, entendió que el momento perfecto no existía. vuelve a tironear de él, reclama cercanía cuando pétalos se parten para buscar mayor profundidad, cuando jura que podría acostumbrarse demasiado fácil a lo que siente en ese preciso instante, cual si piezas de rompecabezas se hubiesen buscado por demasiado tiempo para finalmente encajar. no hay desesperación en movimientos, pero sí señales claras con las cuales exige cercanía, la pared sirve de sostén cuando se eleva en puntas de pie para alcanzarlo mejor, labios se enredan en vaivén que aumenta la temperatura en el centro del pecho y una de sus manos se desliza hacia cintura masculina, enganchándose allí de la tela de prenda superior para tironear de ella, pidiendo que se acerque sin palabras, buscando sentir su cuerpo contra el propio, reclamar algo que no es suyo pero en ese momento así lo siente.
algo en su interior cedió con la misma suavidad con la que se quiebra una promesa antigua, no fue un quiebre brusco, sino una fisura lenta, una que abre con los años y regresan cuando la memoria encuentra el punto exacto donde doler. antes de acercarse, dejó que el recuerdo la alcanzara, la adolescencia aún intacta, los pasillos demasiado largos, las manos torpes buscando refugio en otras manos, la sensación ingenua de que el mundo podía esperar. durante un instante sostuvo ese silencio previo, casi ritual, como si contara respiraciones para no perderse en ellas. recordaba, con una claridad dolorosa, las enseñanzas sobre el apego, cómo incluso lo más bello podía volverse causa de sufrimiento si se lo tomaba como ancla y no como tránsito. se inclinó apenas, lo suficiente para que la cercanía no fuera una emboscada sino una invitación. sus labios encontraron los de millaray con certeza y dulzura, un contacto que no buscaba borrar el mundo, sino acallarlo. todo era lento, medido, construido para desplazar el pensamiento sin violentarlo, como agua tibia que insiste hasta que la piedra deja de resistir. allí solo encontró memoria y cuidado, una cadencia conocida que se reactivó sin necesidad de palabras. su mano descendió hasta la cintura de millaray con un gesto conocido, aprendido mucho antes de que el miedo y la culpa se volvieran hábito, había firmeza en su tacto, consciente, como si sostuviera algo frágil que merecía permanecer entero. sintió la culpa latir en segundo plano, inevitable, pero no la dejó gobernar; aceptó su presencia como parte del momento, como parte de ella.
la manera en que lentamente la distancia se reduce entre ambas no es novedosa, movimientos se sienten excesivamente naturales, certeros, de dos almas que se conocen en la intimidad y nunca terminaron por despegarse del todo —de romance pasó a amistad, pero nunca se quebró y es eso es algo que argentina siempre atesoró en exceso, porque cariño siempre ha sido genuino, presencia femenina una que ha buscado mantener en su vida a lo largo de los años y no tiene intenciones de cambiar las cosas ahora. por eso cuando la recibe, lo hace sin dudar demasiado, párpados ceden al igual que anatomía, se hunde en una oscuridad momentánea que es iluminada por calidez ajena, por aquella manera que tiene de sostenerla, cual si fuese a quebrarse en mil pedazos… y sí, quizás lo haga, si es que no lo hizo ya. cede a vaivén como quien recibe invitación certera, se detiene en el sabor de sus labios, en la suavidad que envuelve los propios y en aquel perfume que tanto conoce, que es parte de su memoria para siempre y nunca desearía borrar; anatomía se inclina apenas en su dirección, diestra asciende hasta acunar mejilla con la suavidad de quien sostiene muñeca de porcelana y, ante todo pronóstico, beso mantiene una mesura cuidadosa, incluso cuando punta de la lengua roza labio inferior por un momento antes de apartarse, aunque no lo hace del todo. deshace unión con cuidado, más frentes chocan en gesto dulce, narices se rozan inevitablemente y murmuro se desarma entre ambas, casi compartido. “no deberíamos estar haciendo esto… ¿verdad?” conoce la respuesta y algo le dice que contraria también, sin embargo no se atreve a tomar distancia, no cuando aquel simple gesto logró por un momento aquello que buscaba, un silencio que no agobia, sino que trae consigo paz, dulzura, todo aquello que parece haberles sido arrancado. pulgar se desliza sobre mejilla femenina, dibuja trazo que emula una caricia, un sentir.
deja que el aire ahogue sus pulmones; el pecho se engrandece en un intento torpe por seguir el ritmo que marca su propia respiración. lentamente, inhala a consciencia, sostiene el aire durante medio minuto, y lo deja escapar con pausas irregulares, como si temiera quedarse sin él. puede sentir los golpes insistentes del corazón contra el pecho, el pulso manifestándose incluso en la yugular, donde una vena punza con cada latido. no quiere moverse. ahí, en ese punto exacto, puede fingir que el resto no es real, que al abrir los ojos la espinita que causa molestia va a desvanecerse, que todo, de algún modo, ya ha quedado atrás. sus brazos se aferran con vehemencia a silueta femenina, le abrazan con una fuerza que no lastima. la llevan aún más cerca de él. puede sentir el calor que anatomía emana, olor característico le abruma el sentido del olfato. un contraste marcado con el aire fresco que se cuela por la ventana cuando la noche comienza a caer; lejos de incomodarlo, resulta reconfortante. apenas logra aflojar el agarre cuando siente a la argentina deslizarse, girar con cuidado hasta quedar frente a frente. él acompasa el movimiento sin concederle espacio a la distancia; de manera instintiva sabe dónde colocar cada parte de su cuerpo. se adelanta apenas, hasta que las rodillas encuentran el hueco justo a cada lado del cuerpo de mila, enmarcándola. sus manos ascienden por costados femeninos con lentitud reverencial, y en el instante en el que ella queda justo al centro, algo dentro de él se aquieta. podría jurar que la respiración se le acomoda apenas ella le sostiene la mirada; algo en pupilas ajenas le detiene el caos interno, o al menos lo reduce a un murmullo soportable. siempre ha sido así. incluso cuando eran apenas unos niños. recuerda con claridad cuántas veces sus padres le prohibieron convivir con ella; era evidente, según ellos, cuán mala influencia sería para una pequeña promesa como él. probablemente tenían razón, de alguna forma: ella fue la primera vez que marcello actuó contra los planes que sus progenitores habían trazado, la primera vez que eligió lo que quería, lo que lo hacía feliz. el corazón se le estruja cuando nota los rastros húmedos sobre sus mejillas. pulgares se toman el tiempo de borrar las manchas transparentes que tardan en evaporarse, gesto cuidadoso, casi devoto. cuando las palabras comienzan a caer de labios femeninos, siente que el pecho se le expande de una manera distinta. " un pueblito costero, sí " murmura con anhelo, y los párpados descienden apenas cuando el rostro es acunado entre palmas tibias. deja un beso aislado en la piel antes de alzar las avellanas para encontrarse con la mirada de morena. " podemos tener una vespa, iniciar nuestro propio viñedo. " añade aún habitando dentro de ensoñación, deja que sueño lo envuelva, lo consuma durante un segundo. mejillas se inclinan apenas hacia caricia que pulgar traza, y mirada oscura se eleva justo cuando ve brillos ajenos formarse. esa humedad derrite la poca contención que le quedaba. sus manos ascienden sin pensarlo, rodean con firmeza sus muñecas para anclarse a ellas. inclinación es breve, mínima, pero suficiente para que sus frentes choquen con suavidad, para que respiraciones se mezclen en un mismo espacio tibio.
" lo sé, " susurra, sin poder esquivar el quiebre al final de vocablos. " mila, " dedos se deslizan desde muñecas hasta manos, entrelazándolas, sellándolas contra su propio pecho. " no voy a dejarte. ni ahora, ni después. nunca. " la mira de cerca, demasiado cerca, avellanas clavadas en las marrones con una seriedad que rara vez muestra. " aunque todo termine de irse a la mierda, no voy a irme a ningún lugar donde no estés. " la cercanía no cede; al contrario, se vuelve más densa. una de sus manos se libera del entrelazado sólo para ascender despacio, falanges se acomodan en la línea de la mandíbula femenina, pulgar apoyándose suave sobre la mejilla, sosteniéndola con una delicadeza innegable. " prométeme que tú tampoco vas a irte " añade en un ruego, en idioma materno siendo otro nivel de complicidad. " que no importa lo que pase, no vas a tomar un camino donde yo no esté. " orbes recorren cada rasgo que decora afilado rostro que sostiene con su mano, urgencia por memorizar facciones nace, como si no existiera la posibilidad de volver a mirarlos. " porque si algo te pasa, " frase se rompe, se ve incapaz de continuarla en un sólo hilo, " no sé qué sería de mí. no puedo imaginarme en un mundo donde no estés. " vocablos quedan suspendidos en el aire, el silencio que le sigue se prolonga pero no es incómodo. cafés no se apartan de su rostro; recorren despacio la curva de la nariz, la línea suave de los pómulos, las pequeñas marcas que decoran dermis, hasta detenerse, inevitablemente, en par de pétalos rosados. los recuerda. los ha recordado demasiadas aunque se haya esforzado por aparentar que suceso nunca ocurrió. el cuerpo se inclina un centímetro más, casi imperceptible. sus frentes rozan, narices se encuentran apenas; labios quedan a un suspiro de distancia.
relato propio se mezcla con ajeno, cual si fantasía fuese compartida, cual si entre murmullos pudiesen sentirse justamente allí : en aquel pueblito alejado de todo lo demás, en donde pudieran encontrarse con la calma que tanto parecían necesitar en ese momento, una utopía en la cual compañía es suficiente y puedan permitirse disfrute, sonrisas, contrario a la realidad a la cual se enfrentan en ese momento. por eso se aferra a él, como lo hace siempre, porque marcello no es sólo pilar cuando necesita apoyo, es compañía cuando las cosas van bien, es hogar cuando todo lo demás se siente ajeno y en aquel gesto con el cual busca limpiar lágrimas pareciera poder limpiar cualquier error, cualquier imperfección, recoge cada pedazo que se quiebra y vuelve a ponerlo en su lugar. angustia no desaparece, pero finalmente siente que puede respirar. manos se enredan en sus muñecas y juraría poder permanecer allí eternamente, con corazones latiendo a un ritmo similar, tal y como enuncia aquella canción que tanto le gusta : vas uniendo piezas de un rompecabezas, estás buscando un corazón que lata igual. pareciera que las piezas de aquel puzzle son precisamente ellos dos, que en ese momento se encuentran afirmándose en un agarre que ninguno quiere dejar ir —palabras ajenas provocan temblor en el pecho, cosquilleo en cada rincón del cuerpo. cree en su promesa, por supuesto que lo hace, porque siempre entiende lo que brota de pétalos masculinos como verdad, como aquello que nunca cuestionaría como cierto. manos obedecen al movimiento masculino, descansan sobre su pecho, dígitos se deslizan sobre la suavidad de la tela. “lo prometo.” confesión pareciera develar un secreto, decir algo más, que se esconde entre líneas. “no te librarás de mi.” humor pica sutil, sonrisita apenas se extiende en comisuras, gesto es sutil, aparece y desaparece pero no por eso deja de ser real, sino al contrario. nebulosa de cercanía pareciera embriagar, aire se vuelve espeso entre ambos pero lo que siente en el pecho no es incomodidad, sino una calidez inesperada, sensación que se extiende por las mejillas, el cuerpo entero.
cree notar el momento justo en que sucede, en cómo recorrido de avellanas pareciera acariciar cada rincón de su rostro con tan solo mirarla ; pareciera detenerse en cada una de las pecas causadas por el sol antes de finalmente caer sobre sus labios —sí, sus labios. primer instinto es creer que se equivoca, o que fue tan sólo una casualidad, casualidad como aquella con la cual ella misma se encontró semanas atrás, enredada en su cuerpo para evitar que oleaje salado le empape por completo ; ella también se detuvo en rosados ajenos e intentó convencerse de que fue tan sólo un error, aunque no fue capaz de lograrlo. por eso ahora, cuando nota la pausa que hace al acercarse, cuando las narices se rozan y respiraciones se entrelazan, inevitablemente se pregunta qué pasaría… mueve apenas la cabeza, vaivén ligero que pareciera emular una negación, aunque aquello tan sólo termina afirmando la cercanía entre rostros. se pregunta si alguna vez lo sintió tan cerca, tan cerca como para jurar que puede sentir su perfume sobre la lengua, y se encuentra a sí misma fantaseando por un instante sobre cómo sería efectivamente probarlo. pareciera ser imán el que la atrae, incapaz de resistirse a un impulso que crece de lo más profundo de sus entrañas, pétalos rozan mejilla masculina, deja un beso allí en la proximidad de comisura derecha, contacto es suave, tiembla apenas sobre su piel y se detiene allí por unos segundos más de los que debería. “siempre voy a estar aquí.” promete aún sin apartarse, el murmuro choca contra su mejilla, allí donde la punta de la nariz roza apenas y manos que aún descansan sobre el pecho se aferran a tela de prenda superior, cual si promesa no sólo fuese de presencia física, sino que también le aseguraba siempre quedarse en su corazón ; por supuesto, aquello depende enteramente de él, pero sabe que siempre hará todo para intentarlo, incluso aunque se sabe imperfecta, desearía no serlo para él. movimiento con el cual comienza a buscar distancia de él es tortuosamente lento, cual si su cuerpo rechazara la simple idea de buscar distancia —porque lo quiere cerca. sucede de manera casi accidental, cosquilleo cuando comisuras se rozan hace bombear el corazón de forma desconocida, inmediata aceleración que le nubla por completo y es en ese instante que cede a remolino interior, que busca atrapar labios contrarios entre los propios y lo hace, por momento está besando a su mejor amigo. sensación que le recorre el cuerpo le alborota los sentidos y podría jurar que ha perdido la cabeza, por supuesto que lo ha hecho, porque no debería sentirse tan bien al probar sus labios, el sabor no debería volverse adictivo con tanta facilidad y aquel efímero roce no tendría que desarmarle. se aparta de manera abrupta, sin pedir permiso, pétalos se parten y mirada revolotea ansiosa. “lo siento.” nerviosismo quiebra la voz, manos se apartan de su pecho y da un par de pasos hacia atrás, buscando distancia que no desea. “mierda, marcello… lo siento.” miente, por supuesto que lo hace, no lamenta en absoluto lo que acababa de suceder y sin embargo sabe que aquellas son las palabras que tiene que enunciar, porque no debería estar haciendo eso, no con él, no de esa forma. da otro paso hacia atrás, tan sólo se detiene porque se encuentra con alguna superficie que impide retroceso, desconoce si se trata de un mueble o una pared. “perdóname, no volveré a hacerlo, yo…” palabras tiemblan, vibran entre pétalos ansiosas, desarmadas, en lo que mirada no se aparta y dígitos cosquillean ante la sensación de querer buscarlo nuevamente ; porque aunque se apartó de él, aún siente el calor de sus labios, de su cuerpo.
asiente con suavidad, comprende aquel nerviosismo en cuanto a su progenitor, ella misma no había soportado más la incertidumbre y se había asegurado que ambos de sus hermanos estuviesen lejos del pueblo. “ nadie sabe qué hacer, mila, nada de esto tiene sentido. ” intenta consolar, depositando diestra contra su hombro y otorgando caricias que buscan ser reconfortantes. “ no se saldrá con la suya por siempre, ¿está bien? tenemos que recordar eso. ” es lo opuesto a lo que piensa en realidad, sin embargo no puede permitir que propio pesimismo se contagie.
dígitos afianzándose sobre el hombro, deslizándose en gesto cariñoso, brindan una sensación de calma momentánea —entiende que ella sigue allí, porque incluso aunque siente que no deja de perder a quienes quiere, también necesita aferrarse a aquellas personas que aún están a su lado. acompaña gesto al momento en que propia mano busca contraria, se detiene sobre el dorso de la misma y presiona con cuidado. “billie, te conozco…” y por lo mismo, reconoce que aquellas palabras son casi ajenas, porque no hay real esperanza, al menos no una que pueda sostenerles en pie en ese momento. “ —estamos jodidos, pareciéramos estar en el punto en que es él o nosotros, ¿no crees?” es consciente de que no pueden enfrentarlo sin pensar antes, que no pueden guiarse por impulso, pero tal y como le dijo joy… es uno solo, ¿verdad?
@romvro 𓈒ㅤׂㅤ𓇼 ࣪ 𓈒⭒ 𓆡 por favor, ayúdame a dejar de pensar.
la súplica se asentó en love con un peso particular, distinto a cualquier otro. no fue un impulso lo que se activó primero, sino la consciencia, vigilancia constante que se le había vuelto hábito cuando el afecto llevaba historia y cicatrices compartidas. la miró con una ternura fatigada, reconociendo en su voz algo que conocía demasiado bien. una sonrisa empática se dibujó en su rostro, suave, casi melancólica. su mente funcionó con una claridad incómoda, evaluando límites que con otras personas solían desdibujarse sin resistencia. allí no hubo automatismo, no hubo caída libre, hubo freno, hubo responsabilidad, el miedo había echado raíces profundas, anclándola al suelo cuando, en otro tiempo, habría volado sin mirar atrás. acercó la mano con cuidado deliberado, apenas lo suficiente para acomodarle un mechón castaño detrás de la oreja, un gesto íntimo pero contenido, más cercano a un acto de devoción que a una promesa. ' mila, necesito que me digas qué significa no pensar para ti ' su voz salió baja, serena, sin urgencia, sosteniendo la mirada con una calma que había aprendido a cultivar ' porque quizá no tiene el mismo significado para mí '
murmuro no se traduce en exigencia, es terciopelo que abandona labios cansados, que ponen en evidencia espíritu derrotado —así precisamente se siente, vencida. ha intentado aferrarse a lo contrario durante semanas, a creer que ellos podían más que el imbécil detrás del casco de buzo, que no podía simplemente ganar la batalla, era uno contra muchos, ¿verdad? pero luego de aquella noche en santa elara, cuando pasillos hicieron eco de llanto desgarrador de quienes perdieron a su familia y al poner un pie fuera se encontraron con tres funerales distintos, tres almas que fueron a encontrarse con zura y cassie en un lugar que espera sea mejor, necesita creerlo incluso aunque suene ilógico. porque, una vez más, habían sido víctimas aquellos que no lo merecían. por lo mismo, palabras emulan lo que es casi súplica para quien confía, porque necesita apagar lo que sucede dentro del cuerpo, de la mente, y lo expresa sin filtro. cercanía la lleva a cerrar los ojos por un momento, párpados ceden a la caricia ajena, a calidez del gesto y la suavidad con la cual roza ; vuelve a mirarla cuando timbre de voz se cuela en los oídos y pétalos se parten apenas, dejando escapar un suspiro. “si crees que va a funcionar, lo que sea… hazlo.” si inocencia es real o fingida, no queda claro, lo que sí es evidente es que se rinde por completo a voluntad ajena porque sabe que puede hacerlo, que con ella puede.
"no recuerdo a ese sujeto de ningún lado." honestidad brota debido a hiperfijación en el tema, bolsas abajo de pardos bastante notorias y ya ni siquiera se molestaba en disimular. no había tristeza apagando en mirar, había determinación que la empujaba a la peor parte de su luto ; ese al que no le quería poner nombre porque ni ella concebía que eso era lo que necesitaba para dar calma a su alma. "pero no creo que sea todo, honestamente. siento que es un poco fabricado que toda la atención esté en ese imbécil."
“lo sé, se siente demasiado… fácil.” por supuesto que sería mucho más sencillo conformarse con la idea, tener a quién dirigir su ira, creer que puede encontrarse con ese idiota y usarlo de bolsa de boxeo —pero no sólo sabe que no será posible, sino que es jodidamente insuficiente. sabe que no puede ser una sola persona, que incluso si aquel fantasma conocido como richard tiene algo que ver con todo el asunto, no es lo único que está pasando y teme que no sean capaces de comprender antes de que sea muy tarde. continúa jugueteando con amuleto entre los dedos, se enreda y desenreda de manera incesante. “no podemos seguir perdiendo gente, rumi —dios, esto es ridículo.” pareciera masticar el enojo, rendirse por un momento ante frustración, ante angustia que se aloja en el pecho.
tonalidades hiedra suben lento, cual si peso de lo que argentina dice provocara pulso distinto. palabras se clavan hondo, no por inclusión ( porque jamás se sintió parte de ese grupo que ilumina habitación apenas ingresan ) sino por imagen de todos ellos cayendo uno por uno, pueblo borrándolos con misma parsimonia con la que mar pule conchas hasta dejarlas irreconocibles. nombres que arden más por contraste : gente que merecía quedarse, mientras ella apenas logra sostenerse sin romperse otra vez. silencio se estira, grueso, telón húmedo. inhala pesado por fosas, buscando aire donde casi no queda, y aun así pregunta logra abrirle hueco preciso bajo las costillas. ‘ sí. ’ es simple, pero no ligera. se derrama lento, confesión que llevaba demasiado tiempo haciendo ruido entre dientes. ladea la cabeza hacia abajo, cúmulo salino nublando visión. ‘ el cuatro de julio, en la feria —— cuando lo del tobillo. ’ dígitos tiemblan, mínima sombra de algo que no termina de irse. ‘ yo no me di cuenta, pero él sí. siempre se daba cuenta. ’ pestañeo lento mientras dolor se mueve despacio, animal escondido entre huesos. lágrimas inician descenso desenfrenado. ‘ y antes. mucho antes... ’ traga aire, garganta cerrándose en recuerdo demasiado vivo. ‘ ¿recordai —— esas últimas dos semanas que me ausenté, antes de graduarnos? no sé qué mierda habrán dicho mis padres, pero yo ——— mezclé demasiado, no sé en qué momento me desmayé, y teddy —— él estaba ahí cuando abrí los ojos... ’ se detiene, porque voz y ánima se quiebran ante remembranza, que jamás había visto ojos tan gentiles cargando tanto pánico.
escucha con cuidado, con paciencia, pone atención a relato femenino porque por supuesto le interesa y, por otro lado, porque de alguna manera escuchar anécdota que incluya nombre masculino trae cierta calidez al pecho ; por supuesto que no le sorprende, porque theodore siempre se caracterizó por cargar con esa personalidad bondadosa, incluso cuando la vida le había dado los suficientes golpes como para que suceda todo lo contrario —él merecía ser cruel, quizás como revancha a lo injusto que había sido el destino con él, pero al contrario, optó por otro camino y, sin embargo, no fue suficiente. no fue suficiente porque de todas formas sus mejores amigos lo encontraron en el taller, otra víctima del buzo, como si no valiera nada. entendía que quizás ese era su trabajo, mantener el recuerdo vivo, pero… ¿acaso era suficiente? no, por supuesto que no, la respuesta era clara. porque ninguno de ellos volvería a surfear las olas de bellemaris. “sé que los recuerdos nunca serán suficientes… pero los necesitamos, ¿no crees?” se acerca con cuidado, porque se sabe incapaz de detener llanto contrario, siente propia angustia volverse nudo en la garganta mientras la rodea con los brazos, parpadea repetidas veces para evitar quebrarse también, porque sabe que de si también se rinde no podrá ser sostén de quien parece necesitarlo. una de sus manos viaja a cabellera ajena, la recorre con cuidado, en caricia que busca confortar. “tenemos que encontrar un lugar en dónde poner todo este enojo.” lugar, o persona, el fantasma de richard parecía la mejor opción, pero aún así insuficiente.
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quijada tiembla ligeramente, porque es verdad. intenta tanto comprender y la sensación de caminar por laberinto que lleva a destinos todos tan parecidos es abrumadora: muros elevados que parecen querer caer sobre ella, sensación de asfixia al no encontrar salida de pesadilla que la lleva al límite. “tienes tus propios problemas, mila, no hace falta…” intenta, avergonzada, volviendo a mirar la taza de té cuando siente lágrimas agolparse, la mano en su rodilla sintiéndose familiar, afectuosa. “—— renato me dijo lo que vio,” bueno, prácticamente lo obligó. necesitaba claridad, y esta claridad fue tiro directo al corazón, porque solo puede pensar en lo que habrá dolido, en ojitos apagados y soledad desgraciada. “no entiendo por qué él, de entre todos nosotros…” gente como ella, como los mismos renato y jason que eran completamente insoportables, o nic, incluso tilly por más que la defienda. “¿está intentando… cobrar a radley con los buenos?”
contestación a palabras femeninas es negación sutil, movimiento ligero con el cual busca desestimar aquella idea, porque sí, por supuesto que tiene sus propios problemas y angustias, como todos, pero argentina encuentra casi necesario para mantenerse en pie ocuparse de sus seres queridos. joy hoffman, sorpresivamente, se había convertido en una de esas personas y no se encontraba renegando ante eso, sino al contrario. ante mención de su amigo, hay una nueva oleada de angustia que se instala en el pecho, situación a la que se enfrentó seguramente desgarradora, de esas que uno nunca olvida y no precisamente recuerda cuando busca pensar en algo feliz ; sino más bien un recuerdo de esos que atacan en noches oscuras. “a mi no me lo dijo,” comparte con sinceridad, tampoco busca que contraria lo relate, pero le parece prudente enunciarlo. por supuesto, no esperaba una actitud distinta de masculino tratándose de ella. aquella siguiente reflexión es una a la que también ha llegado, cada una de las vidas que se había cobrado parecían tener algo en común, una bondad que pocos de ellos cargan. “ —creo que nunca podremos entender todo esto… pero está buscando dar donde más nos duele.” no estaba descubriendo nada novedoso, por supuesto. “este tipo de crueldad no es comprensible, es enfermiza… pero siento que no podemos permitirle que nos arruine la vida.” irónico, dado que ya lo hizo.
' no voy a romperme. ' quizá sí, pero al final también siente que está pretendiendo, que la ralladura en el pecho no se va profundizando cada vez más con esos golpes hostiles, con ese veneno entrelazado en la caja torácica sin poder evitar en lo absoluto acontecimientos que en ese momento están tan arraigados a la forma en la que mira todo que le cuesta trabajo por un momento respirar. cede, por un momento el cuerpo se relaja. ' creo que tengo pesto en la alacena. ' no está segura, casa parece un cascarón, siente que todo se ha tornado una dolencia continua, una constancia cargada de la hostilidad impropia de quien va llevando todo a ciegas. escucha el nombre de su hermana, los hombros suben y bajan, las rodillas golpeando contra el pecho. ' no, no está. ' bisbisea, por unos minutos se queda en silencio. ' no sé dónde está nadie yo... no sé que pasa aquí. ' admite, porque pérdidas se vuelven constantes.
“lo sé.” accede en murmuro cuidadoso, más carga con cierta firmeza incluso a pesar de la sutil dulzura ; porque necesita que lo sepa, que entienda que no está allí porque sienta que va a quebrarse o porque asuma que no puede sola, al contrario, reconoce en cleotilde fuerza de esa que no aparece con facilidad, considera que ella misma no la tiene. piensa que de haber perdido a alguien tan cercano no hubiese sido capaz de ser coherente, que hubiese actuado de la manera más irracional posible, sin descansar hasta dar con el autor de aquella crueldad. en parte, aún siente el ímpetu por hacerlo, más reconoce lo estúpida que sería y, además, ha hecho un par de promesas al respecto. se acerca a la alacena ante indicación, buscando los elementos necesarios, agradece encontrar pasta seca ya que no sería capaz de amasar en ese momento ( o en ningún otro, en realidad ). ausencia de ophelie le sorprende, al decir verdad, pero no cuestiona para no preocupar. “¿quieres que vaya a buscarla?” lo hizo hace unos días, no le molestaría volver a hacerlo, aunque tampoco le encanta la idea de dejar sola a tilly.
✏️ @romvro y @amcliev sent : Aunque atrapen al Buzo, ¿cómo seguimos con nuestras vidas después de todo esto?
“¿Solucionaría algo?” No. “¿Cambiaría las cosas?” No. En este momento todo le da igual. “A la mierda con el buzo.” Susurra.
se encuentra con clara similitud al momento en el que lo escucha, palabras masculinas parecieran ser eco de propios pensamientos —no sólo la parte de a la mierda con el buzo, con la que está más que de acuerdo, sino con la sensación de que nada cambiaría, no realmente, excepto… “quizás dejarían de matarnos.” resuelve, casi burlándose de sí misma, de ellos, de la maldita situación.
' no. ' no endulza, no se vuelve una persona cálida, no es la clase de persona que da contención cuando se siente tan perdido, porque se ha cansado de que tomen y tomen piezas de sí mismo y nadie se atreva nunca a preguntar, porque la imagen del cadáver de zura sigue resplandeciendo entre las pupilas y nadie se ha detenido a preguntar, porque ahora sabe que su hermana fue amiga del hermano menor de los van dorn y tampoco sabe como consolarla, porque todo está entrelazándose en una dolencia tras otra y ya no quiere consolar, se cansa de hacerlo, se siente tan perdido que no puede siquiera fingir, no oculta lo que está sintiendo, no puede limitar las palabras que simplemente existen, que surgen inamovibles entre la punta de la lengua cuando la mirada se alza. ' ni siquiera creo que merezcamos dejar de perder. ' es sincero, ninguno se preocupó demasiado, todos quisieron pretender que las cosas estaban bien, ahora las consecuencias terminaban ahí, centelleantes.
no espera algo distinto, no realmente… al decir verdad, hay parte de ella que agradece oír aquello. encuentra un eco de propio sentir, una falta de ánimo que se espeja con la realidad que viven, porque cómo pretender esperanza cuando siguen muriendo, cuando las víctimas parecen ser algo ya de rutina y, sin embargo, cada uno de los nombres se clava como puñal en el pecho. se acomoda en su lugar, más no consigue deshacerse de aquella sensación de incomodidad que pareciera existir debajo de propia piel, cual si fuese ajena a propio cuerpo. “quizás tengas razón… pero no puedo seguir yendo a funerales.” u otra manera de decir que no puede soportar más muertes, no puede seguir viendo fotografías de amigos y seres queridos como un simple recuerdo, conformarse con aquel último saludo de despedida ; luego de aquella noche en la escuela, ni siquiera ha sido capaz de llorar —no lo hizo en el funeral de cosmo, tampoco el de ava o el de teddy, no porque no sintiese tristeza al respecto, sino todo lo contrario. “es como si estuviésemos en un limbo, ¿no crees? —cada movimiento se siente inútil, como si no tuviésemos dónde ir.”
puede reconocer que no está bien, y sin embargo, algo se crispa en su interior, la respuesta le altera los nervios que se activan con torpeza, con lentitud, y eso de algún modo lo hace peor. se limita a observarla mientras habla, mientras reproche le quema los oídos porque sabe que le ha fallado, y sin embargo: "sí, mila, me fui sin vos y ¿sabes qué? no me arrepiento, no me arrepiento para nada," escupe, no porque esté molesto con ella, sino porque está frustrado, porque todas las opciones son una mierda, porque hubiese preferido que ninguno pusiera un pie allí. "porque lo que vi en ese lugar me va a perseguir por el resto de mi puta vida," los ojos se le llenan de lágrimas, la voz se le quiebra al final. no es solo teddy, es todo en conjunto: su pésima relación con el mencionado, provocando que se sintiera incorrecto estar ahí, que nadie debería haberlo visto en ese estado tan vulnerable, pero mucho menos él; la forma en la que jason se desmoronó frente a sus ojos como nunca antes había visto. "si te hubiese hecho pasar por eso no me lo perdonaría, ¿me entendes?" hace ademán con la mano para enfatizar la angustia, la desesperación. "no te puedo exponer así, mila. necesito... necesito que te quedes si yo no estoy más."
firmeza que intentó sostener en el cuerpo y las palabras comienza a flaquear casi al instante cuando lo escucha, cuando miradas se encuentran una vez más y reconoce en él la angustia en el brillo de los ojos, en el timbre de su voz. está molesta, por supuesto que lo está, pero no con él, no realmente. pétalos se presionan entre sí, angustia que llevaba acumulada en el pecho desde que puso un pie fuera de santa elara pareciera arremolinarse en ese preciso instante y, en un principio, emerge en palabras que se desarman. “¡no tendrías que haber ido, renato!” no grita, no tiene fuerzas para hacerlo, pero ímpetu de entonación pareciera ser un intento de ello. “¿qué pasaba si todavía estaba ahí? ¿enserio pensaron que podían enfrentarlo? si estaba ahí, si los atacaba a ustedes, yo…” voz se quiebra, se siente incapaz de continuar hablando, nudo en la garganta se presiona hasta el punto en que ya no puede evitar lágrimas, aquellas que descienden en surco salado sobre sus mejillas. “renato… no te puedo perder, no a vos.” es impulsiva ante siguiente movimiento, se mueve sobre el sofá y se abalanza sobre él para rodearle el cuello con los brazos, al mismo tiempo esconde el rostro en el hueco de su cuello, aferrándose a anatomía cual si de esa forma pudiese mantenerlo allí con ella, asegurarse de que no fuera a hacer ninguna otra cosa así, incluso aunque no podían estar seguros de nada, necesitaba al menos intentarlo.
baja la mirada un instante, como si pudiera encontrar una versión más amable del mundo entre las líneas de sus propias manos ' no es que crea que paige sea estúpida, pero ' la frase se deshace apenas sale, una rendija por donde se escapa todo lo que no quiere admitir. ' no me entra en la cabeza, mila, si realmente estaba metida en algo así, ¿por qué desaparecer así de la nada? ¿por qué dejar que todos pensemos lo peor? ' traga, la garganta áspera, como si el aire también estuviera de luto ' y lo del hospital... ' la sombra del recuerdo le cruza por la mirada, una punzada breve ' si el buzo la atacó, si estuvo tan cerca de morir como los demás, ¿cómo calza eso con todo lo que dicen ahora? ' levanta la vista hacia ella, buscando ese pequeño refugio que siempre encuentra en millaray aunque no lo diga ' se entiende que el nombre de pito nunca haya sido atacado, pero paige si lo fue '
escucha argumentos con paciencia, porque confía en ella casi ciegamente desde el primer día, familiaridad que encuentran entre ambas que trasciende más allá de bellemaris. por eso se detiene en cada palabra, quizás también ante la necesidad de pensar en algo más, de no seguir repitiendo en su mente cada uno de los nombres que pesan sobre el cuerpo, que se arremolinan en sensación de angustia insoportable. “supongo que si nunca la atacaban iba a ser sospechoso, y por ahí después de lo de zura y cassie,” pequeña pausa, mención del nombre de su amiga aún quiebra la voz, aunque intenta disimularlo. “ —no sé, le pegó la culpa y lo dejó solo.” aunque todavía no está precisamente convencida de que efectivamente aquel supuesto richard sea, en efecto, el causante de todo aquello. por supuesto, pareciera ser evidente al momento, pero qué lo es dadas las circunstancias, de nada puede estar segura. ocurrencia contraria arranca una sonrisita, sutil, que se desarma rápidamente. “tiene tanta cara de boludo que me sorprende que sea él.”