Keep on keeping on | Seb&Mía
— Lo que hace tu padre es justamente lo que yo empezaré hacer también. Justo ahora eres una chica descarriada y como hermano mayor, debo poner orden —apuntó riendo a la vez que despeinaba a la castaña para luego volver a prestar atención, haciendo círculos con uno de sus dedos en la espalda de la chica—. ¿Una galería? Joder Mía, ¡eso es genial! —Exclamó, completamente sorprendido y alegre por su amiga—. ¡Felicidades, pequeña! —La felicitó, estrechándola más contra él mientras su risa inundaba la noche—. Tienes que llevarme a verla, exijo ir a ver esas obras de arte —exigió con vehemencia, terminando su cigarrillo a la vez que la chica seguía contándole de su vida. Si que había salido adelante, si que había sabido como superarse y él, Sebastian, se sentía feliz por ella. Feliz y orgulloso pero como toda historia había cosas malas y buenas y en la historia de la castaña había de ambas y él lo sabía—. A ver, vamos por partes —pidió, alzando la mano que contenía la colilla de su cigarrillo acabado—. ¿Cómo que eres modelo? No me gusta, ¿sabes? Seguro andas mostrando más piel de la que deberías —comentó, frunciendo su ceño—. Segundo, no hay nada… bueno que saber de mí pero prometo contarte… algunas cosas —siguió diciendo, tratando de evadir el tema con respecto a él—. Tercero, me importa muy poco si tienes cincuenta años, no debes beber demasiado, ¿esta bien? —Reprendió, mirando con seriedad a la ojiavellana—. Cuarto, ¿quién demonios es él? ¿Y por qué abandonaste tus estudios? Debes seguir con ellos, Amelia, debes ser alguien en la vida —volvió a regañarla, haciendo más notable el fruncimiento de sus cejas en una mueca de desacuerdo—. Y quinto, estoy muy, muy orgulloso de ti Mía, eres una de las personas más fuertes que he conocido en mi vida y eso lo valoro. Siempre te he dicho que te mereces lo mejor y te lo repito ahora, te mereces lo mejor de este maldito mundo, ¿me escuchas? —Dijo, mirándola con fijeza y sinceridad, buscando que la chica se tomara en serio sus palabras—. Eres perfecta tal y como eres, no lo dudes nunca, ¿vale? —Finalizó, volviendo a besar su cien mientras se acomodaba, soltando el cigarrillo para pasar esa mano por su cabello—.
— Bien, te contaré algo de… mí —volvió hablar, tomando una honda respiración—. Cuando… volvimos del crucero me quede en la isla un tiempo. Quería… estar con alguien. Con Afton, para ser más específicos pero luego tuve que volver a casa, aquí y casi lo pierdo todo… —comenzó a contar, bajando su tono de voz mientras su mente volvía aquellos meses—. Amenazaban a… a Af con… con matarlo, ya sabes, por estar conmigo y luego me amenazaron a mí. Tuve que volver y solucionar ese… problema. Luego volví a la isla cuando todo estaba… solucionado. Como te dije, casi lo pierdo todo, mi familia, mi chico, mi vida… todo —masculló, tensando su cuerpo ante la incomodidad—. Pero también solucione eso… a medias. Mi familia esta bien, vuelve a confiar en mí, el asunto de Af es más… complicado pero ahí va. Volví de la isla hoy en la mañana para solucionar algunos asuntos de la… empresa de mi padre y porque tenía que traer a Bongo y Fluffy. Dejé a Af allá por lo que tengo que volver nuevamente pero aquí exigen mi presencia, ¿sabes? Tengo una empresa que conocer, una madre desquiciada a la que tratar y unos estudios que sacar adelante así que no sé muy bien que… hacer —finalizó, dejando escapar el aire que no sabía que retenía. Volviendo a despeinar su cabello con nerviosismo, sacó nuevamente su cajetilla de cigarrillos y tomó otro, llevándolo a sus labios para encenderlo y comenzar a fumarlo—. No soy quien piensas, Amelia y eso es todo lo que te puedo contar… por ahora —dijo, girando levemente su cabeza para dedicarle una amarga sonrisa—.
Se sonrojó levemente ante la efusividad de su amigo al contarle las novedades de lo que parecía ser ahora una nueva vida para ella, una vida totalmente nueva, renovada, algo que ella nunca esperó tener o por lo menos sí, pero no así. —Claro que te llevaré, solo haste un tiempo para mi en tu agenda y te llevo con gusto— Le sonrió tiernamente mientras acariciaba con su mano el cabello de su nuca cariñosamente, luego de serpararse de los continuos abrazos. —Hay veces que a mi tampoco me gusta del todo... pero en parte así me arreglo con mi vida, es una manera de... tener algo, supongo, por ahí lo de las pinturas no sale— Rió levemente, bajando un poco la cabeza. —Esta bien, papá...— Susurró volviendo la mirada a el con una pequeña sonrisa en su rostro. —Tu sabes quien es el, Seb— Suspiró. —Damián, cuando el y yo comenzamos a ser novios todo lo que queriá hacer era acompañarlo y estar a su lado, lo que implicaba ir a sus giras, conciertos... yo me atreví a dejar todo lo que era mi vida por el... y en parte lo agradezco, ¿por qué estudiar cuando hago lo que más me gusta en la vida que es plasmar lo que pienso y siento en un cuadro?— Se encogió de hombros. —¿Por qué no puedo ser alguien sin estudiar?— Murmuró apretando los labios. Intentó sonreír al escucharlo, ella a veces se sentía la persona fuerte que siempre había deseado ser, otras, se sentía la misma niña pequeña que hacía más de un año había decidio suicidarse. —A veces no soy tan fuerte— Le sonrió, mirando directo a los ojos pardos y endulzados que estaban en ella, casi podía verse reflejada en ellos. Asintió, sin estar muy segura de aquello, cerrando los ojos momentaneamente al sentir lo labios ajenos en su sien. Comenzó a escuchar al chico con atención, su ceño por momentos se fruncía, mostrando la confución en su cara al oír cada palabra, luego una mueca de preocupación y... ¿terror? ¿alguien había querido matar a Afton? Ella ya sabía de la relación de estos dos hombres, podía ser tan tonta como perseptiva y a lo lejos siempre lograba verlos, algo en ellos era único cuando estaban juntos, algo en ellos dos juntos no aparecía cuando estaban con otras personas, algo que, interiormente, la desepcionaba, sin saber muy bien por qué. —A mi no me importa quien seas— Habló finalmente, luego de dejarlo contar lo que el necesitaba contar, algo bueno en Mía era que escuchaba cuando tenía que escuchar y hablaba cuando le era necesario a ella, de ser otra cosa, no decía nada, pero esto lo ameritaba, ameritaba más que un abrazo. —Tu conmigo eres alguien y eso es todo lo que a mi me interesa, ¿sabes?— Frunció el ceño, viendolo sonreír de aquella manera tan poco natural. —Conmigo eres dulce, bueno, eres mi mejor amigo, mi hermano, en un momento llegaste a ser todo lo que tenía, por un breve tiempo, pero lo eras... practicamente todo— Explicó, dejando salir lo que ella pensaba de el. — Así que no me digas que no eres quien pienso, por que si lo eres, eres eso para mi y no me importa lo demás, ¿por qué debería? En todo caso, sea lo que sea que tengas en tu interior, lo entenderé, lo sabré aplicar a lo que conozco de ti, por que no hay nada y repito, nada que me haga cambiar la manera en la que te veo, por que no te veo con más ojos de lo que una persona quiere a otra— Se acercó un poco más hasta el para volver abrazarlo, dejando salir un suspiro de lo más fondo de su pecho. —Tu si eres quien yo pienso— Murmuró finalmente, mientras lo apretaba contra su cuerpo.














