Night of The Wolf {Starter Cerrado}
Estaba consciente de que los vampiros iban adquiriendo fortaleza con el pasar de los siglos, lo mismo que un licántropo. Ambas razas tenían sus virtudes y debilidades, como todos. Pero, quizás, la agresividad y los impulsos desmedidos de los licántropos, solían traerles consecuencias a la hora de enfrentarse con un vampiro. Natasha lo sabía, claro que sí. Sin embargo, era demasiado terca y a veces no medía sus acciones. Tal vez ya se había acostumbrado a que los enfrentamientos que solía tener eran con humanos algo corrientes; algunos manipulados mediante drogas y ninguno comparado con el verdadero poder de uno de los suyos o de razas contrarias.
Esa confianza exagerada se desvaneció de un momento a otro. Aquel hombre no era un neófito, su resistencia al dolor y la manera en como sacó ventaja de un momento a otro, le indicaban a Natasha que él tenía muchos más siglos que ella. Eso la hizo molestar, pero no debía perder ventaja, esta vez tenía que ir con más cuidado. Por más que la rabia la consumiera por dentro, tenía que controlarse.
Sus ojos perdieron ese brillo ambar tan propio de un lobo y volvieron a su tonalidad normal. Respiraba lento, no porque estuviera temerosa, era, más bien, una manera para regular sus emociones. Así se lo habían enseñado en el orfanato, cuando apenas era una niña. Sus labios permanecían quietos, formando una línea fina. Las palabras que aquel ser profería no le causaban el más mínimo recelo; le daban completamente igual. Sólo permaneció quieta bajo el cuerpo masculino, aguardando la ocasión para atacarlo y tenerlo bajo sus garras, de ser posible. Estaba empeñada en que era un espía del gobierno norteamericano y nadie podía hacerla pensar lo contrario.
Se incorporó entonces y le miró de arriba abajo.
—¿Quién eres? Estás en territorio protegido por la milicia. Eso es ilegal… —dijo, con toda la paciencia que fue capaz de conservar en ese momento—. ¿Cómo pretendes que le crea a un extranjero? Si sólo traen problemas a nuestro país.
Alzó, nuevamente, el arma. Le apuntó directo al corazón, pero cuando fue a disparar, el revólver no funcionó, algo dentro se había atascado y no permitió que la bala saliera. Natasha gruñó, no era su día, al parecer. Guardó de nuevo el objeto, no tenía tiempo para ponerse a revisar lo que había ocurrido, sólo sintió la ira consumiéndole desde lo más profundo y cuando estuvo de pie, se precipitó con toda la cólera contenida y atestó el cuerpo del hombre contra un árbol, que pareció crujir desde su interior. Lo apresó por el cuello, con garras en vez de uñas y acercó su rostro al suyo, tanto, que casi podía rozar los labios del otro.
—¿Dónde están los otros espías? ¿Acaso me crees estúpida? Sé que andan en los alrededores, pero ya es demasiado tarde para los tuyos, están rodeados. Hay bases militares y campos de minas en todo el territorio. Así que mejor, ve cooperando desde ya, vampir. —farfulló, apretándole más el cuello.
Caleb miró a la mujer con frialdad cuando le volvió a apuntar con la pistola. La herida del hombro, aquella que le había hecho la primera vez, estaba sanando ya. Podía notar el resquemor, pero no el dolor. A estas alturas de su existencia jugaba con una serie de ventajas que muchos de los más jóvenes de su especie no tenían. El envite de ella hizo que sintiera en apenas unos segundos el árbol a su espalda. Y no puedo evitarlo: sonrió. Una sonrisa lenta, de medio lado, irónica por el cambio de tornas. Ni siquiera sintiendo las garras de ella en su garganta le tensó aunque sabía que una herida hecha por ellas tardaría mucho más en sanar que las balas.
Y, además, apreciaba demasiado su cabeza. Las palabras de ella, sin embargo, le estaban dando más información de lo que estaba seguro que la mujer lobo quería darle. Información sobre cómo se encontraba en ese momento la situación en Rusia. Podría haber hecho otra cosa diferente, pero solo alzó la mano en un movimiento que podría ser la mala copia de lo que haría un humano cuando se está falto de aliento y sujetó sus dedos en el antebrazo ajeno. Sin hacer presión. No por el momento.
—¿Crees que me importa lo que estáis haciendo aquí? — respondió y el tono de voz era tranquilo. Demasiado tranquilo para alguien que podía perder la cabeza en cualquier momento—. No estoy sujeto a ningún gobierno humano.
La palabra “humano” salió de sus labios como si se tratara de un insulto, casi escupiéndola, mientras mantenía la mirada en la ajena. El brillo rojizo volvió apenas unos segundos antes de que fuera la azul habitual la que apareciera. Una mirada profunda, casi hipnótica, que no se apartaba de la mirada de ella. Apretó apenas el agarre del antebrazo de la mujer lobo, un indicativo, una señal, que también le recordaba que él no era un hombre cualquiera.
Publicación original de brain-drops-soul-winks













