Si la vida me lo permite, partiré desde aquí con el corazón abundante de amor siendo mi brújula.
He aprendido que los viajes no se miden en distancia, ni en tiempo, ni en relaciones o travesías, sino en la certeza de dónde el corazón late más fuerte.
Remaré incluso si mis manos empiezan a doler, cuando el horizonte sea un bucle infinito, cuando el cansancio me agobie y me invite a renunciar a mi destino.
Porque hay amores que no se alcanzan con afán, sino con la fe de que todo sucederá.
No temo al mar, porque el miedo nunca fue más grande que el propósito. Todo obstáculo que me frena es solo una forma de hacerme dudar si realmente soy capaz de lograrlo.
Un instante en el que la vida se detiene para medir cuánto creemos en lo que deseamos.
Si el viento gira en otra dirección, me dejaré llevar y formaré parte de él para volver al origen de todo.
Si la noche cae, confiaré en las estrellas, con la fe de que el universo siempre conspira a mi favor.
No existe marea capaz de detener a quien he elegido amar.
Todo esto lo supe el día que comprendí que renunciar a ti sería traicionarme a mí mismo.
Porque el amor verdadero forma parte de mí hasta el final de mis días. Y aunque el viaje me transforme, aunque no regrese siendo el mismo, sé que habrá valido la pena haberlo intentado por ti.
Cada espera, cada paso, me acerca exactamente al lugar donde debo estar.
-chipnervous.





















