28 21
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Hace mucho que no escribo en este blog, quizás porque últimamente la vida me trata muy bien (los grandes artistas nacen de la tristeza y la oscuridad) y además ya encontré el amor-- su ausencia fue motivo de muchas letras años atrás.
Pero esta canción volvió a revivir algunos recuerdos que tenía bien guardados en mi cabeza, en el cajón de atrás, cayéndoles polvo.
Cuando tenía 21 años, la gente por lo general asumía que tenía al menos unos cinco años menos por mi aspecto físico inmaduro y mi forma de pensar ingenua. Cuando tenía 21 años me sentía angustiada y presionada por la sociedad porque nunca había tenido un novio. Cuando tenía 21 años tenía el corazón roto porque quién en momento creía era el amor de mi vida se acababa de comprometer con alguien más. Y en ese momento se apareció el señor de los 28 años.
Por aquel entonces, el señor de los 28 años tenía un cargo público importante dentro de nuestra industria-- razón por la cuál a mi me parecía justificable salir con él y deshacerme de la etiqueta de nunca haber tenido novio, aunque no me gustara ni me sintiera atraída por él. Siempre me sentí culpable por eso... ¿pero fui yo la que estaba persiguiendo el poder o fue él el que usó el poder para embaucarme?
El señor de los 28 años era un señor ya bien recorrido. Constantemente alardeaba de las muchas mujeres con las que se había acostado... tenía una lista física escrita a mano, con más de cien nombres en ella. Me desconcertaba que la lista había seguido creciendo incluso cuando él decía haber estado en una relación de seis años. Siempre me preguntaré porque seguí ahí, a pesar de la señal de alarma.
El señor de los 28 años también alardeaba de su uso de las drogas. Incluso una vez llegó a un restaurante para una cita completamente enmarihuanado a pesar de haberle dicho que por favor no lo hiciera porque yo no sabía cómo lidiar con personas intoxicadas. En esa época yo ni siquiera tomaba vino. Siempre me preguntaré porque seguí ahí, a pesar de la señal de alarma.
Después de conocer al señor de los 28 años, cuando finalmente empecé aceptar sus insistentes salidas, él se enteró que en menos de una semana me iba fuera del país por un intercambio. No recuerdo cómo surgió el tema, pero él también sabía muy bien que yo no tomaba alcohol y que era virgen.
La noche antes de mi viaje, él me invitó a su casa. Cocinó pasta y me convenció que la pasta iba mejor con vino según él había aprendido en todos sus viajes. Afortunadamente la pasta le quedó mal hecha y yo tenía un terrible dolor de estomago que no me dejó disfrutar de la velada. El vino rápidamente perjudicó mi juicio: de repente nos encontrábamos en la cama de su cuarto y él intentaba abrir mis jeanes. En ese momento volví a la realidad y me reincorporé. Él decía que intentara sólo la puntica, que eso no pasaba nada. Yo rápidamente me levante, cogí mis cosas y pedí un taxi.
El señor de los 28 años me llenaba de regalos. Yo pensaba que de eso se trataba el romanticismo. El señor de los 28 años me insistía que yo le escribiera cartas a él... más tarde él usaría esas cartas para decirme que fui yo la que lo embauqué a él.
El señor de los 28 años fue a visitarme a la ciudad donde estaba haciendo mi intercambio. Recuerdo claramente cuándo entraba a las farmacias y él gritaba a la farmacéutica preguntando si vendían pastillas anticonceptivas. Yo muy apenada rápidamente le tapaba la boca y le explicaba que no me sentía conforme con comenzar a tomar medicina sin primero consultar con un doctor y mucho menos en un país donde ni siquiera hablaban mi idioma. Y luego él lo volvía a hacer en otra farmacia.
Durante mi intercambio yo tuve problemas con una clase porque era muy avanzada y usaba integrales, yo apenas había tomado cálculo diferencial. El señor de los 28 años en una tarde me explicó brevemente la idea general detrás de las integrales, lo cual me sirvió para yo poder resolver mi tarea. Poco sabía yo que el favor me iba a salir carísimo ya que muchos años después de haber terminado con él, él seguiría ufanándose públicamente en decir que con eso él había salvado mi intercambio. ¡Já! Qué tal mis profesores se ufanaran de esa manera con todas las cosas que ellos me han enseñado.
Mi mejor amiga un día me hizo un reclamo, me preguntó porqué yo me había aislado tanto de todo el mundo ahora que salía con el señor de los 28 años. Yo tampoco sabía porqué. El señor de los 28 años decía que iba a proveer por mí a falta de mis padres, que dejara tirada mi universidad en Bogotá y me fuera a vivir con él en Europa.
La gota que derramó el vaso fue cuando fui a un congreso académico y un reconocido físico aleatoriamente me empezó a seguir en Twitter. El señor de los 28 años me montó una escena de celos y prácticamente me dijo que no debía volver ir a ningún otro congreso. Finalmente ahí decidí terminarle.
El noviazgo no duró ni siquiera un año y tuve que soportar tres años de acosos. A pesar de haber sido muy clara con él de no querer nada más, el señor de los 28 años seguía insistiendo. Se aparecía en mi casa. Me enviaba regalos. Seguía diciéndole a las personas que aún era mi novio. Se aparecía en los lugares donde sabía que yo iba a estar.
La última vez que lo vi fue en un evento dirigido al público para el cual yo era maestra de ceremonias, tres años después de haber terminado con él. El señor de los 28 años se apareció ahí bajo a excusa de que es un tema que a él también le interesa, sin embargo yo sé muy bien porque se apareció ahí. Ni corto ni perezoso, tan pronto llegó al evento, abordó a mi mejor amiga sin conocerla a ella para preguntarle sobre mí. En menos de cinco minutos ya había vuelvo a mencionar cómo el había salvado mi intercambio y se burló de la novia de mi amiga porque era profesora de educación física y no física.
Mucho después de haber terminado, el señor de los 28 años colocaba cosas absurdas en su Twitter tales como “mujeres lindas e inteligentes con las que he salido” incluyendo cuatro fotos con diferentes mujeres, una de ellas donde yo le estoy dando un beso en la mejilla. Y después se ufana de ser un militante feminista. Feminista mis cojones.
Al menos me queda el gusto de decir que el señor de los 28 años (que en la actualidad ya los cuarenta le respiran en la nuca) no me puede agregar en su estúpida lista a mano.
Siempre me sentí una gran culpa por haber salido con él. Yo sentí que fui una mala persona con él, que muchas veces lo ultraje con mi silencio e indiferencia, que no fui honesta y genuina con mis sentimientos. Y quizás sí. Quizás no. En ese momento nunca pensé que siente años fueran mucha diferencia, pero ahora que ya pasé los 28, lo veo todo diferente. En las palabras de Demetria Lovato:
Finalmente veintiocho Divertido, como tú lo fuiste en su momento Pensé que era un sueño de adolescente, sólo una fantasía ¿Pero era el tuyo o era el mío?
Finalmente veintiocho Veintiuno nunca pasaría por mi cabeza Pensé que era un sueño de adolescente, una fantasía Pero era el tuyo, no era el mío












