“Hay una palabra que define con precisión y exactitud al votante de este régimen que lleva implantado en España desde el 78: fervor.
Un sentimiento de veneración profundamente religioso que practican los votantes que, depositando en las urnas sus esperanzas e ilusiones, se someten al dictamen de los partidos del Estado. Según suelen decir, se "sienten" representados; esto evidencia que de facto, no lo están.
Sin separación de los tres poderes, la corrupción es inevitable y el poder del Estado se convierte en potencia. Sin representación política, el votante se convierte en un simple feligrés que imita la estética marcada desde las facciones estatales y que le piden su inquebrantable adhesión a los principios ideológicos estatalistas del régimen.”
Atanasio Noriega










