No title available

if i look back, i am lost
Lint Roller? I Barely Know Her
One Nice Bug Per Day
wallacepolsom
No title available
Peter Solarz

pixel skylines

Kiana Khansmith

⁂

祝日 / Permanent Vacation
Not today Justin

No title available

blake kathryn
he wasn't even looking at me and he found me
Xuebing Du
occasionally subtle

★
trying on a metaphor
Cosimo Galluzzi
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United Kingdom
seen from Vietnam
seen from United States
seen from Indonesia

seen from Germany
seen from Malaysia

seen from Türkiye

seen from Malaysia
seen from Germany
seen from Malaysia
seen from Czechia

seen from United States
seen from Germany

seen from Malaysia

seen from United States
seen from United States
seen from Sweden
@noctiloca
La maravilla
"En el momento en que uno presta mucha atención a cualquier cosa, incluso a una brizna de hierba, se convierte en un mundo misterioso, asombroso e indescriptiblemente magnífico en sí mismo".
— Henry Miller.
“He atravesado noches infinitas como un cometa luciente, los espacios interestelares de la imaginación, la voluptuosidad y el miedo, y he sido hombre, mujer, anciano, niña, he sido las multitudes de las grandes avenidas de las capitales de Occidente, he sido el plácido Buda de Oriente de quien envidiamos la calma y la sabiduría, he sido yo mismo y los otros, todos los otros que podía ser, he conocido honores y deshonores, entusiasmos y desalientos, he cruzado ríos e inaccesibles montañas, he mirado plácidos rebaños y he recibido en la cabeza el sol y la lluvia, he sido una hembra en celo, he sido el gato que juega en la calle, he sido el sol y la luna, y todo porque la vida no basta. “
- Antonio Tabucchi
Tres canciones de Nick Cave para buscarse
Into my arms (creer en el amor como una deidad)
Babe, you turn me on (una de las mejores canciones de amor que existen)
The ship song (para quemar las naves y los puentes)
La grieta entre la libertad personal y la responsabilidad colectiva
Parte III del relato Tuve Covid por culpa de un limonero, un novio "estúpidamente positivo" y los mocos de mi tío.
Mientras plantamos el limonero, veo que mi tío para y se suena la nariz varias veces. Incluso, entre vez y vez, directamente le chorrean los mocos. Puteo internamente. En qué estaba pensando este señor para venir así chorreando mocos! Respiro. Le pregunto: - Tío, estás resfriado?
- No, no, es alergia, me responde.
Actualmente somos el país que tiene más muertos por Covid por millón de habitantes. A mi parecer, nadie tiene alergia, TODES SOMOS POSITIVOS hasta que se demuestre lo contrario. Así que chorreando mocos, te encerras y tratás de no contagiar de tu supuesta alergia a nadie.
Por supuesto que estoy enojada. Por supuesto que no estoy siendo objetiva. Por supuesto que llego a esta reflexión después de pasar por mi propia película de terror con el Covid.
El tío es libre y elige andar por la vida con un hermoso estado gripal en plena pandemia. Pero ¿qué pasa cuando el ejercicio de esa libertad atenta contra la salud y el bienestar de otres habitantes del mundo? Dónde está la frontera entre hacer lo que se te canta el culo o pensar en las consecuencias que tus actos pueden causar en los demás.
Creo que como humanidad se nos está desafiando a tomar cabal conciencia de que todes somos uno.
Lo que le hacemos a otres, nos lo hacemos nosotres.
Cuando crees tener el control y en realidad caminás hacia el abismo
Parte II del relato Tuve Covid por culpa de un limonero, un novio "estúpidamente positivo" y los mocos de mi tío.
Hace poco cumplí 41 años, segundo cumpleaños en pandemia, segundo cumpleaños en cuarentena. Obviamente no hubo festejo. Mi noviomarido, mi hijo y yo, disfrutamos de un soleado y cálido día de otoño en la burbuja. Recibí de regalo un limonero para plantar en la casa nueva, junto con la noticia de que el domingo vendría el tío a plantarlo. El tío es jardinero y mejor que él para plantar mi tan anhelado limonero, el problema es que no está en la pequeña lista de visitas permitidas.
Inmediatamente sentí el error en la panza, la alerta en el cuerpo, el miedo en la risita nerviosa y le cuestioné a mi noviomarido la decisión de invitarlo. Para mi desgracia, mi noviomarido es una de esas personas estúpidamente positivas que tanta rabia me provocan. Así que me respondió: - No pasa nada, nosotros no nos vamos a contagiar (conclusión basada en NADA, simplemente es un estúpidamente positivo).
Una de mis sombras es escuchar más a los demás que a mi intuición. Así que tomé la mano del estúpidamente positivo y caminamos hacia el abismo.
Las burbujas: una nueva normalidad (?)
Parte I del relato Tuve Covid por culpa de un limonero, un novio "estúpidamente positivo" y los mocos de mi tío.
Los primeros casos de Covid19 en Uruguay se conocieron cuando mi hijo tenía 17 días de nacido. Había esperado 39 años para ser madre y el guionista de Dios me premiaba con una pandemia. Al principio no sabíamos nada y eso era aterrador. El gobierno nos sugería hacer una cuarentena voluntaria, así que nos encerramos en casa. Familiares y amigos sin conocer a nuestro hijo durante sus primeros 3 meses. Los abuelos y tíos lo veían crecer por fotos y algún video.
Así que desde el inicio, adoptamos todos los protocolos sanitarios posibles. Dejamos de ir a supermercados y shoppings para comprar todo por internet. Dejamos de recibir y hacer visitas libremente para tener una pequeña lista de "permitidos". Dejamos de salir a cualquier lugar público para hacer nido en una nueva casa. Evitamos al máximo posible ir a la ciudad y nos mantuvimos en el pueblo. Adoptamos el barbijo, el alcohol en gel y los desinfectantes como nuevos mejores amigos.
Creamos nuestra burbuja. Chiquita pero cómoda, cálida, psicológicamente segura. El bebé fue creciendo y nos cuestionamos si irnos de vacaciones, si hacer matronatación, si anotarlo en un maternalito, si festejarle su primer año con bombos y platillos. La respuesta siempre fue la misma: - Mejor NO, pues... pandemia.
Tres canciones para perderse
Stormy Weather - Etta James
I know it’s over - The Smiths
No distance left to run - Blur
Mi reseteo después del Covid
Creé esta cuenta hace unos 5 años y hasta hoy no me animé a escribir. Para iniciar este blog, además de haber cruzado el umbral de mis cuarenta, tuve que pasar por 23 días de encierro gracias a un test positivo de Covid, junto a mi compañero de vida (el que casi se muere) y mi hijo de 14 meses. Dramático, no? Pero mi primera confesión en esta simple pero emotiva presentación es: amo el drama.
Resulta que de niña me encantaba escribir, inventar historias, hacer reportajes falsos a gente imaginaria, crear mis propios libros, y a veces hasta los ilustraba. Todos los años participaba del concurso literario que se organizaba en mi escuela. De adulta me di cuenta que cada año usaba el mismo seudónimo, lo cual terminaba siendo como poner mi verdadero nombre (les juro que nadie me avivó de esa pequeña estupidez).
En fin, encandilada por mi inocencia y esa gloriosa década de los noventa, estaba segura de que podía ganar. Me esmeraba mucho en escribir LA historia y cuando la tenía, corría a mostrarsela a mi tierna (para nada) madre como si fuera la más grande editora de todos los tiempos.
Ella corregía todo relato que le presentaba con tanto esmero que terminaba escribiendo otra historia. La de ella. Claramente vio la oportunidad de despuntar un vicio reprimido y se lanzó. Nunca pude enfrentarla. Así que sencillamente dejé que me destrozara mi autoestima desde niña y sobre todo el sueño de convertirme en escritora (hola #traumalandia).
Lo irónico es que hoy con 41 años, sigo sin animarme a mostrar lo que escribo, de hecho casi no escribo por la vergüenza que me da el hacerlo, sin embargo me gano la vida editando lo que otras personas se animan a escribir.
Tener coronavirus me enojó muchísimo, estaba furiosa, sigo estándolo. Ya les contaré sobre ese drama. Pero también me hizo reflexionar. La pregunta fue algo así como: si me muero mañana por este virus del orto, ¿valió la pena vivir mi vida?
No tengo ni que aclarar que la respuesta fue NO. No estoy contenta con quien soy, ni con lo que hago, mucho menos con lo que no hago por miedo a las críticas de los demás. Llevo tantos años tan enojada que me convertí en un ser feroz. Muerdo, araño, peleo, aúllo de rabia. Así que a una semana de mi alta post Covid, entre otras tantas decisiones importantes, decidí volver a escribir para liberarme. No pretendo sanar, solo quiero ser libre.
No sé si alguien me leerá pero voy a imaginar que sí. De todas formas, simplemente necesito hacerlo.
¿Cómo encontrarme de nuevo cuando me siento tan lejos de quien solías ser?
La siguiente es una respuesta que le da Nick Cave a una de sus lectoras en la extraordinaria newsletter “The hand red files”.
Querida Sarah,
La persona que crees que solías ser se ha ido y nunca volverá. El recuerdo idealizado de tu yo pasado con el que compite tu yo presente es un espejismo. Cada momento que vives es un rápido e impactante abandono de la última versión de ti mismo. Siempre estás "alejándote de la persona que solías ser". Eres una entidad autónoma que recorre el tiempo, amarrada únicamente al eterno presente.
No deberíamos intentar regresar a un pasado que ya no existe, o aferrarnos a un futuro que está para siempre fuera de nuestro alcance, sino que deberíamos viajar a lo largo de nuestros propios ejes internos hacia una parte más significativa de nuestro ser presente.
Podemos sentir tristeza por lo que hemos perdido en el pasado: nuestra libertad, nuestro vigor, nuestros valores, nuestra alegría, nuestra apertura a la vida, pero el arrepentimiento puede ser un indicador maravilloso de cómo mejorar la condición actual de nuestras almas. En lugar de habilitar que estos lamentos nos traguen, podemos permitirles que nos muestren nuestras necesidades actuales, recuperar estas partes perdidas de nosotros mismos y vivirlas de una manera más sabia y experimentada, en lugar de perder un tiempo precioso en una competencia inútil con el pasado.
Esta llamada a la aventura puede comenzar de inmediato, en el momento siguiente. Podemos cambiar gradualmente la dirección de nuestros impulsos hacia algo mejor, en lugar de lo peor, y no dejarnos consumir por nuestros lamentos, sino ser informados por ellos, a medida que nos guían hacia la parte más necesaria de nuestra naturaleza.
Amor, Nick