“No doy clases particulares.” La profesora entrecerró los ojos ya cansada de los cuestionamientos ajenos.
“No necesito clases particulares.” Frunció el ceño, más que desconcertado. Esa era una gran ofensa para el joven Davenpool, pues era lo suficientemente aplicado como para carecer de siquiera una ayuda en sus estudios. “Esto se le ha caído.” Alzó el bolígrafo, ya luego tendiéndoselo.










