Corazones de vaca hervidos
1 de julio de 2025, 01:46
Por Romeo de los Mares:
“Todo vuelve y pega donde más te duele” reza una pared en microcentro. Pienso que deberían derrumbarla como un acto de justicia poética. ¿Obra en construcción o ruta en mal estado? Cuando uno es coherente es casi imposible estar equivocado. No es accidental si es intencional, tampoco azaroso si es premeditado, generalmente uno se vuelve patético con los años. Puede que parezca caótico, pero en lugar de reaccionar, debería bajar el nivel de defensa. A veces es preferible quedar mal estacionado afuera.
“Así como todo llega, todo pasa” disparan los fundamentalistas del “manifestar”. El problema es que cuando a mí me llueve, me llueve a cántaros. Voy en decaída bajando mojado las escaleras de mi ánimo. Hay una torre en el barrio del Tiro Federal desde donde se ve el mundo como realmente lo es. Aislado del resto de la muralla, solo sobresale un impermeable atalaya. Lugar en el que construí un refugio donde no pasa absolutamente nada malo pero tampoco nada bueno. Esa dualidad progresiva es el sueño húmedo de cualquier francotirador.
El tiempo todo cambia ¿o todo cambia todo el tiempo? Si el mar desgasta los acantilados, ¿qué tanto de ellos sigue allí? Pienso. Si he salido de lugares más hostiles que este, esto no me debería hacerme ni cosquillas. Incluso lo que jurábamos eterno, lo que sería para siempre, lo que no se marchitaba, también se debilitó. Una erosión es un deterioro; un agotamiento deshaciendo lo “eterno”. Entonces, ¿cómo vuelvo atrás?
“Es tiempo de sanar tu corazón roto” establece cualquier guía rápida de mindfulness para principiantes. Habla de desintoxicarlo de manera simple en tiempo récord cual receta mágica de cocina en la era de la gratificación instantánea, permitiendo que el alma se haga a fuego lento hasta que el dolor se disuelva y solo quede la dulzura. Lo importante del corazón es limpiarlo bien, sacarle la sangre al miedo y dejar solo lo tierno. Aguantar el hervor, dejarlo en el agua el tiempo justo hasta volverlo suave y poder servirlo entero.
Sanar es esperar que el corazón se ablande cuando el tiempo lo abrace sin exigirle que deje de ser lo que es.
Aprendíz de corazones: “¿Será el tiempo, único ingrediente, capaz de ablandar durezas hasta volverlas suaves ternuras?”
Consejo del chef: - “Solo él sabrá cuando está listo”.
Cuando algo se rompe, se tira.
Lo que no se usa, se descarta.
Corazón de vaca herido - late en el pecho dormido –
solo aprende cuando hierve, solo siente cuando arde.
Todos tenemos uno:
quieto, callado, escondido,
pero pocos lo sentimos
y aún así estamos vivos.