Maderamen
Adolfo,
Yo tenía como 16 años, esa época en que la su casa me acogía con frecuencia. No recuerdo el contexto de lo que dijo y voy a contarle, nos recuerdo solos. El tema eran las palabras más hermosas del castellano. Ese día usted me regaló una palabra que recurrentemente desde entonces me ha iluminado momentos con su sonoridad y poder de evocación: maderamen. De tiempo en tiempo vuelvo a esa palabra para reiterar lo hermosa que suena y significa y siempre lo recuerdo a usted y su regalo, ese don que se da como tantos: sin saber que se es dado, sin saberse tantas veces que se es recibido. De usted recibí la palabra más hermosa del castellano y el recuerdo de un hombre justo, de esos que habla Borges.
Junto con esta nota le envío una canción, que muy seguramente usted mencionó pero que la bruma de mi memoria no recuerda, donde el maderamen hace uso de toda su belleza:
Doce sombras, ahora viejas ya no reman Ya no cruje el maderamen en el agua Solo quedan los recuerdos en la arena Donde yace dormitando la piragua
La piragüa, José Benito Barros

















