Eran como las 3:00 A.M. cuando abrí un blog de Ask Memes, pero traducidos al español. Por favor síganlo. (?) ¡Prometo que hoy publicaré más! ❤
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“You’d better be grateful for this!” [[De pandah~]]
Bien se sabía que los médicos de ese lugar permitían a los pacientes salir al pequeño jardín para tomar aire fresco muy rara vez. No cuestionaría qué había hecho el contrario para convencerlos de salir durante media hora en esa ocasión... Pero tampoco iba a dar las gracias.
—¿Y por qué debería sentirme agradecido exactamente, eh? —Preguntó James con seriedad, cruzando los brazos y volteando a verlo—. Yo habría podido convencerlos por mi cuenta —mintió.
Soltó un suspiro. El aire fresco contra su piel se sentía muy bien, le gustaba esa sensación de estar más cerca de la libertad aunque fuera por unos minutos que se irían en un parpadeo... La verdad era que el más bajo sí se merecía por lo menos un “Gracias”, pero el pelinegro era tan orgulloso y frío que nunca lo admitiría.
—Bueno, no te quedarás parado aquí todo el tiempo, ¿o sí? —Empezó a alejarse de la puerta, caminando hacia el área más verde—. Hay un árbol con buena sombra por allá, me acostaré en el césped... ... ... ... ... Puedes venir conmigo, si quieres.
Tsundere Sentence Starters
“What are you, stupid?” “I-It’s not like I care or anything!” “You just caught me by surprise, that’s all!” “I’m not happy! Don’t misunderstand me!” “Shut up, shut up, shut up!” “It wasn’t that great! I was just really convincing at pretending it was!” “I’m not doing this for you at all!” “If you think I’m going to miss you, guess again!” “You need to do better! Not that I expect much from an idiot like you!” “I just had some leftover from yesterday…I-I didn’t make these for you!” “You’d better be grateful for this!” “Don’t put yourself at risk for my sake…idiot.” “Hey! You better consider it a privilege I even converse with you!” “It’s not like I wanted to help you or anything, it’s just my job!” “It’s not like I want to go home with you or anything!” “Idiot! Go ahead and die, then! I don’t care!”
Inspired by/Taken from here!
Giiiiii soy yo, Soni :D
¡¡Hola Soni~!! ♡
Omggggg GIIIIIIII!!!! -se le lanza encima-
Sí, yo soy Gii. (?) ¡Hola!
Dicen que en el juego de los amigos con derecho, pierde el primero en enamorarse, que la resolución más sencilla es hablar la situación con el otro jugador y, si no corresponde, dar media vuelta y marcharse con dignidad, sin dramas. De ser necesario, se recomienda no volver a ver al ‘amigo’ hasta que el asunto se haya superado…
¿Cómo se supone que debería proceder alguien en la situación de Hikaru? No es como si él se hubiese enamorado de un verdadero amigo con derechos. Lo suyo era algo más. Nunca imagino que ese juego se volvería algo tan peligroso… Se supone que Kaoru es su hermano, ¿en qué mundo una persona normal puede enamorarse de su gemelo? ¿Cómo era posible que, mientras montaban su teatro incestuoso, el verdadero amor hubiese comenzado a surgir en el corazón de Hikaru? ¿Cuándo había ocurrido…?
Ya era inevitable, incluso, lanzar alguna mirada de odio hacia Tamaki cuando le veía pasar. Si no fuese por él, si no les hubiese convencido de entrar al Host Club y montar el acto de incesto, quizás… Quizá todo sería más sencillo.
Siempre había sido capaz de leer a su gemelo como a un libro abierto. ¿Y cómo no? Siendo inseparables desde que eran niños pequeños, no se podría esperar menos. Sin embargo, a Kaoru últimamente le resultaba más difícil entender a su hermano. Era como si, de una manera u otra, Hikaru se hubiera alejado un poco de él. Odiaba tanto esa sensación; odiaba conocerlo lo suficientemente bien como para saber que algo pasaba, pero no poder saber exactamente qué era.
¿Qué estaba pasando? El mayor ya llevaba varios días, tal vez semanas, comportándose “diferente”. Kaoru sólo lo podía definir como que se tomaba las actividades del Host Club más en serio. Le hacía falta investigar más. Ya estaba cansado de ver a su hermano como si fuera el sospechoso de algún crimen terrible.
Lo bueno de que eran tan unidos estaba en que siempre podían hablar, escucharse, contarse sus temores. Y ese día, Kaoru no iba a desperdiciar el tiempo a solas que tuviera con Hikaru. Como siempre, llegó el final del día escolar y terminaron las actividades en el Host Club. Entonces, los gemelos Hitachiin volvieron juntos a casa.
—Hikaru —no podía permanecer callado ni un día más, pues en verdad necesitaba saber si algo malo estaba pasando y su hermano se lo había estado ocultando durante todo ese tiempo—. Estás muy distraído últimamente, es demasiado obvio —soltó, siendo tan directo como podía—. ¿Por qué? ¿Hay algo molestándote?
Juego de rol con: @winged-bunnies.
Quedarse sin opciones era de lo más frustrante que le podía suceder... No sólo a él, sino a cualquier persona en el mundo. Porque, claro, ¿a quién en sus cinco sentidos le gustaría verse atrapado en un problema tan grande y sin alternativas?
El rubio ya sabía hacia dónde tenía que ir, sabía quién era el único que tenía una idea de qué estaba pasando, el único en todo Ikebukuro que podía ayudarlo en una situación así y sacar algún provecho de ello: el hombre que se la pasaba observando a la humanidad, Izaya Orihara. Prefería no saber de él. Sin embargo, cuando las cosas se salían de control y se agotaba el tiempo que anunciaba la llegada de una catástrofe, no podía ponerse muy exigente. Aunque no le gustara, se vería obligado a dejar a un lado varios pensamientos poco agradables que tenía respecto al mayor.
—Maldición —se quejó en voz baja, odiándose un tanto por lo que estaba haciendo, mas sin dejar de correr en busca del informante.
A pesar de que aún podía detenerse, no lo hizo. Al contrario, una vez que llegó a donde se encontraba el edificio que buscaba, se apresuró en subir las escaleras hasta quedar en frente de la puerta de Izaya.
“Presiento que... él ya sabe que estoy aquí”, pensó con cierto nerviosismo.
Cuando la chica se apartó, notó un nudo en la garganta. Pero apenas volvió a escucharla hablar, sintió cierto alivio. De todos modos no podía quitarse de encima la sensación de culpa. No le gustaba saber que la había hecho sentirse mal. No estaba exactamente contento consigo mismo en aquel momento.
—No, no estoy enojado—le aseguró. Sólo para que no le quedara el más mínimo rastro de duda. Conociéndola, seguro se había torturado durante un buen rato pensando en cómo disculparse… y necesitaba asegurarse de quitarle esa idea de la cabeza. En todo caso, quien tenía que pedir disculpas era él.
—No era mi intención hacerte sentir mal, Nagisa. Hablo en serio. No te preocupes más, ¿de acuerdo?—dijo. Y es que ella era tan sensible que él debió haberse esperado esa reacción de su parte.
Claro, eso no mejoraba la situación.
Y ahora él no tenía idea de qué más decirle, cómo seguir con el tema, o cómo dejarlo de lado y hablar con normalidad con ella. Le resultaba demasiado difícil.
Al escuchar las palabras del menor, una sincera sonrisa se formó en sus labios. Estaba mucho más tranquila ahora que sabía la verdad, y no podía creer que hubiese pasado tanto tiempo comiéndose la cabeza para disculparse adecuadamente, siendo que ella no tenía la culpa de lo que había ocurrido.
Sí, seguía poco contenta con la idea de que Tomoya se desquitara así con otros cuando estaba molesto, pero prefirió guardarse el comentario. Tenía miedo de dar inicio a una discusión real.
—De acuerdo. Entonces... Ya todo está bien, Okazaki-san... —Dijo muy segura, sonriendo un poco más—. Ya no nos preocupemos por esto.
Aquella sonrisa por parte de la chica tuvo un efecto casi inmediato sobre él, un efecto que le sorprendió de manera muy grata: hizo que su ánimo mejorara un poco. Seguía cansado, pero también notó que su estrés disminuía y que se relajaba. Se preguntó si no era, también, por lo de antes. Temía haberla hecho enojar. Aunque, por supuesto, la conocía lo suficiente como para saber que no se enojaría en realidad. Seguro que, más bien, la había entristecido. Y, como alguien que siempre lo trataba con cariño, ella no se merecía eso.
—No fue nada—le aseguró, e intentó sonreírle también. No le salió del todo bien, pero al menos, era mejor que nada. Aún estaba pensando cómo abordar el tema de la disculpa.
Cuando Nagisa bajó la mirada, se sintió aún más culpable que antes. Ella era tan buena con él, y a cambio él se había desquitado con ella. No estaba seguro de cómo tratar el tema. Pero al final alzó una mano y la colocó sobre la cabeza de la chica. Consiguió sonreírle de nuevo, pero apenas.
—Lamento lo de hace rato—le dijo, dejando entrever su propio sentimiento de culpa—. No estuvo bien. No debí desquitar mi estrés contigo—admitió.
—¿Estás bien?
Alzó la mirada sólo hasta que pudo sentir la mano del menor encima de su cabeza. Siempre le había parecido un gesto cálido, uno al que se terminó acostumbrando con facilidad. Parpadeó un par de veces, mirando al joven con confusión y procesando sus palabras poco a poco.
—Okazaki-san... —Susurró, buscando cómo responder a aquella pregunta tan sencilla que le había hecho.
Se apartó súbitamente, siendo capaz de entender el arrepentimiento por el cual Tomoya estaba pasando. Se sentía culpable... y lo malo era que ella no encontraba cómo hacerle saber que no debía sentirse de esa manera. Todos tenían días malos, ¿no?
Por supuesto que eso no quería decir que estaba de acuerdo en que desquitarse con otras personas fuera bueno. ¡De ninguna manera! Pero tampoco podía regañar al otro por eso.
—N-no te preocupes. Estoy bien —contestó por fin. Estaba nerviosa, pero hablaba con la verdad. Quería eliminar cualquier sentimiento de culpa que el contrario pudiera tener—. Yo... me preocupé. Creí que estabas enojado conmigo —admitió—. Estaba pensando en cómo ofrecerte una disculpa.
El estar entrenando era algo realmente común en Silver, demasiado diría él. Aunque hoy no era la excepción, solo se las dio de pasear un rato, a veces se daba cuenta lo duro que era con su equipo, debía darles un respiro. Pasear un momento por Ciudad Kikyō le fue agradable (A su parecer) y ahora solo caminaba sin rumbo, y en ningún momento se pasó por su mente el encontrare con Gold, estaba casi seguro que él estaba leos de su localización actual; es por eso que lucía tranquilo ( Y no olvidemos su mal humor)
Bueno, sabía que no todo duraba para siempre.
Al estar en Ciudad Yoshino, Silver escuchó su propio nombre y por adivinar, supo de quien era ese tono de voz. Con pesadez suspiró y no halló más que acercarse..
— ¿Qué quieres? — No sonaba tan molesto como otras veces, pero tampoco le era grato el verlo y a saber que quería su rival.
—Oye, tranquilízate, no tienes que ser tan amable conmigo —soltó una pequeña risa por su propio comentario, mismo que obviamente había sido sarcástico.
Después le dedicó una sonrisa amistosa y sincera. Aunque Silver era un chico bastante frío, Gold no veía por qué darle un trato diferente al que le daba a los demás entrenadores.
—No te vayas a enojar, ¿de acuerdo? —Suspiró—. La verdad es que no quiero nada —hizo una breve pausa—. Estaba aburrido, de repente te vi a lo lejos y decidí llamarte. Eso es todo. Para ser sincero, estoy sorprendido... No pensé que te acercarías.
Juego de rol con: @xxarum.
Un joven de tez blanca y lacio cabello negro estaba descansando en la ciudad Yoshino, aunque era obvio que no le gustaba estar quieto durante mucho tiempo. Sus ojos, de un bonito e intenso color dorado, mostraban lo aburrido que estaba en realidad.
El pobre chico no tenía nada más que hacer durante el resto del día. ¿Cuántas veces había suspirado? Sentía que iba a volverse loco. —¿Acaso no pasará nada interesante el día de hoy? —Se quejó de repente en voz alta, esperando que un gran “No” fuera la respuesta a esa pregunta.
Fue entonces cuando alcanzó a ver una figura conocida a lo lejos y no dudó en llamarle con todas sus fuerzas. —¡Oye! ¡Silver! ¡Por aquí! —Gritó, esperando conseguir la atención del pelirrojo.
Tal vez conversar con él podría ser útil para matar el tiempo y divertirse un poco.
@skyet-day
Llevaba un rato dándole vueltas en la cabeza, pero no estaba muy seguro de cómo abordar un tema tan complicado y a la vez tan sencillo como lo era una disculpa.
En realidad no era grave. Simple y sencillamente se había mostrado un poco más cerrado de lo normal con Nagisa aquel día en la escuela; incluso le había respondido con irritación un par de veces y, bueno… se sentía mal al respecto. Realmente, su mal humor de aquel día no era culpa de ella, y quería compensárselo.
Al menos tenía una manera de abrir la conversación; la chica había dejado en el salón donde se reunían con las demás miembros del grupo de teatro un objeto importante. Pensaba devolvérselo y luego tratar de disculparse. Ah, qué complicado. En todo el día, después de aquella única conversación en la que él no se había portado bien con ella, no habían hablado para nada: él, por vergüenza, y ella, seguramente por pura timidez. Incluso se habían ido a casa por separado. Ahora se arrepentía. Su comportamiento anterior le parecía muy estúpido… lo menos que podía hacer era disculparse con ella como era debido.
Cuando finalmente llegó a su destino, se sintió un poco aliviado cuando la vio sentada frente a la mesa, aparentemente comiendo un postre. Se aclaró la garganta.
—Eh, Nagisa—la llamó, con tono tranquilo, serio—, te olvidaste de esto hace un rato, sé más cuidadosa–anunció, y alzó ante su vista un monedero pequeño con un dibujo de un dango.
La joven castaña había pasado un buen rato de la mañana pensando detenidamente en todas sus acciones. Si Tomoya estaba molesto con ella, pues la verdad era que no entendía el porqué. Su mente se inventó algunas conclusiones, claro, pero no tenía manera de comprobar si eran ciertas o no.
Siguió perdida en sus propios pensamientos durante unos minutos más, preguntándose si ya era muy tarde para intentar arreglar las cosas. Al momento de reflexionar, escuchó unos pasos que se acercaban cada vez más y más a ella.
—Ah... Okazaki-san... —Volteó a verlo, reconociendo su voz al instante. Le sorprendió un poco ver al chico con su monedero, pues ya lo había creído perdido para siempre. A los pocos segundos, le dedicó a Tomoya la mejor sonrisa que fue capaz de formar en ese momento y continuó—. ¡Encontraste mi monedero! —Dijo con gran felicidad—. Muchas gracias...
Se acercó y agarró su monedero, aunque su expresión no tardó en cambiar a una llena de timidez. ¿Qué tal si el chico seguía enojado con ella? Tal vez... Tal vez ahí estaba un buen momento para ofrecer disculpas por lo que fuera que hubiera pasado. ¡No podía dejarlo escapar!
—Uhmm... Okazaki-san... Yo... Yo quería decirte que... —El nerviosismo consumió sus palabras, dando como resultado que se quedara en completo silencio y mirando hacia el suelo.
Maybe it's the bomb! ||Privado||
Se encogió de hombros sin borrar aquella sonrisa burlona, aquella fue la única respuesta a su pregunta. Podía darle muchas razones por las cuales aquella chiquilla confiaba en él, pero perdería toda diversión. Mejor su atención se centró precisamente en aquel reclamo al cual sólo terminó por alzar las manos de par en par, en una fingida derrota.
Mas pronto su lengua bífida soltó su veneno.
—Y aunque los dos sabemos eso pareciera lo contrario, ¿Estás siquiera seguro que Saki-chan te ve como tal?
En algún momento, bajo esa presión terminó con el menor en un sitio menos concurrido. Situación que no dilató en aprovechar, para arrinconarlo cual pequeño roedor. No era hacer daño, simplemente…
Disfrutar de las situaciones.
—Eso sería una verdadera pena. Quizás ni siquiera se acercó a ti por iniciativa propia. Pero seguramente eso ya lo has pensado y ella también te ha dicho lo contrario, pero… ¿y si lo que yo te estoy ofreciendo es más sincero que lo que ella asegura? Por supuesto, al final es decisión tuya en quién confiar.
La pregunta del informante consiguió bajar su guardia en nada. No sabía si todo era parte de su plan o no, pero ahora estaba comenzando a dudar... de Saki, de sus verdaderos sentimientos. ¿Cuándo había sido la última vez que la chica le había expresado o mostrado algo que no fuera la gran confianza que le tenía al pelinegro?
—Claro que... estoy seguro —no alcanzó a responder de manera muy precisa por culpa del impacto que le causó la cuestión—. Saki es mi novia... Saki también me ve como novio...
El asunto se le estaba escapando de las manos. Siendo así, no tendría caso seguir negando que estaba celoso... o que los problemas entre los diferentes grupos que habitaban Ikebukuro habían desaparecido por completo y que la ayuda de Izaya era innecesaria.
Apretó sus puños con fuerza. No quería responder a las palabras del mayor con violencia, pero las últimas pizcas de control que le quedaban ya se estaban escapando.
Bajó la mano y aprovecho el espacio brindado para subir un poco más en la cama y girarse, de modo que pudiera ver de frente a Nezumi, asintiendo en silencio como afirmación a la primera pregunta antes de sentirse abrumado por el agradecimiento que acompaña aquella sonrisa. Con mayor razón, difícil de aceptar que sus palabras eran ciertas.
—Te estás burlando de mí otra vez —señaló un tanto incómodo tanto con la pregunta cómo con sus palabras. Pero, a pesar de acusarlo de tal cosa, le parecía difícil convencerse de que realmente fuera así.
Nezumi tenía rasgos finos y pestañas largas así como pobladas, el color de sus ojos en particular y las expresiones que tomaba… era difícil que otra persona no le hubiera dicho eso con anterioridad. O cuando menos así lo había entendido él. ¿O se refería a la forma de decir las cosas?
—Pero es normal decirlo, es la verdad —concluyó como si fuera lo más natural del mundo—. Seguramente otros no lo dicen por cómo puedes reaccionar, dice Inukashi que conmigo te comportas distinto. Al menos no me has corrido de aquí.
—Oh, vamos. Deja de pensar que siempre me burlo de ti o algo parecido, Sion. No lo hago —respondió con cierta simpatía, incluso esforzándose por eliminar cualquier rastro de burla o sarcasmo que pudiera colarse en su voz. Quería asegurarle al albino que sus palabras eran ciertas y por fin sacarle de la cabeza esa idea de que sólo soltaba cosas con la intención de hacerlo quedar mal.
A veces era difícil creer el punto al cual habían llegado. Pensando en algunos recuerdos agradables, sonrió nuevamente... Sonrió dejando a un lado todo lo relacionado a máscaras y sentimientos ocultos, mostrando así una vez más que podía bajar la guardia sin problemas cuando estaba ante Sion.
El gesto en realidad no duró mucho, pero sí lo suficiente como para que el más bajo lo notara y quizá, sólo quizá, se preguntara en qué tanto estaba pensando.
—Vamos a dormir ya, ¿te parece? —Volteó a verlo—. Comienzo a sentirme muy cansado. No sé si es por la hora o por la temperatura que está bajando.
|| Hola.
Me fui por mucho tiempo, pero ya que decidí regresar al mundo de los juegos de rol a través de Tumblr, hay muchas cosas que debo poner en orden. No sé a quién le debo respuesta ni a quién no, no sé si la gente con la que antes tenía juegos por aquí desee seguirlos o no. Así que... Espero poder empezar desde cero bien a bien.
Si alguien quiere continuar un juego pendiente y/o comenzar uno nuevo, que por favor me lo haga saber. Una disculpa enorme a todos. ||
Maybe it's the bomb! ||Privado||
Se irguió de nueva cuenta y lo rodeó, como un depredador que acecha a su presa, sólo para colocarse al otro lado del menor y terminar por apoyar de nueva cuenta su brazo alrededor de los hombros delgados del adolescente.
—Eh… pero si es bastante de mal gusto tener que esperar a que Saki-chan te pida lo que ya te estoy ofreciendo por adelantado ¿No crees?
Veneno. Eso eran sus palabras cada vez que requería envolver a alguien para sus propios intereses.
—Podemos simplemente saltarnos ese paso, pero bueno… —soltó un suspiro y avanzó un par de pasos, volviendo a guardar sus manos en los bolsillos de su chaqueta—. No soy quién para obligarte, sólo espero te des pronto cuenta de con quién te conviene estar y que si Saki-chan confía en mí… —se giró para de nuevo verlo de frente— no hay razón para que tú dudes.
—Claro, claro si de nuevo son celos por el tiempo que pasa conmigo, no tienes por qué preocuparte, ya te lo dije antes no soy su novio ni nada por el estilo. Mis intereses están en otro lado.
En ese momento, en el líder de los pañuelos amarillos.
"No te preocupes. Si alguna vez necesitas saber algo, puedes preguntarle con confianza a Izaya", le había dicho Saki con una sonrisa en más de una ocasión. "Estoy segura de que él puede ayudarte". Aquellas palabras sonaban en su cabeza como una especie de eco desagradable. No en sí porque las palabras fueran malas o molestas, sino porque eran ciertas. Izaya tenía mucha información en su poder, tanta que era posible decir que, si quisiera, él estaría encargado de planear el futuro en Ikebukuro.
Cualquier tema, cualquier duda, cualquier problema, cualquier asunto... Todo, absolutamente todo, era algo que podía tratar con Izaya, le gustara o no.
—Tsk... —Se quejó una vez más—. En serio no lo entiendo. ¿Por qué Saki confía tan ciegamente en ti? —Lo miró fijamente durante unos instantes, pero sin esperar una respuesta de su parte.
Izaya lo había acorralado para algo más que eso, estaba seguro. Y no saber qué, lo ponía demasiado incómodo. Sin embargo, aprovechó que estaban hablando acerca de Saki para tratar de librarse.
—No estoy celoso —ni siquiera él mismo entendía bien a bien qué sentía cada vez que hacía cuentas y resultaba que, durante una semana, Saki en realidad pasaba más tiempo conviviendo con el informante pelinegro que con él. No creía que fueran celos, creía que estaba más relacionado con le hecho de que no soportaba a Izaya—. Y por supuesto que sé que no eres el novio de Saki. Ese soy yo. Así que, si ya terminaste... —Dio un paso hacia atrás, tratando de escapar de aquella situación.
▬{ Diez años pasan rápido
Era natural en el a veces hacer cosas tiernas, más cuando nadie más lo miraba porque de otra manera sentiría mucha vergüenza como para actuar así, aunque con el paso de los años esa vergüenza iba disminuyendo un poco al igual que su gran odio por su hermano, si no, el no estaría trabajando ahora para el. Aunque a veces les sacaba de sus casillas cualquier cosa que hiciera el o que le recordara a su persona.
Caminaba a casa algo lento, el día ya se le acababa, poco a poco se veía como las horas pasaban, era tan corto su tiempo libre con sus familias, pero era lo que tenia, pues no estaba en sus planes darle una vida de restricciones a su hijo ni a su pareja, el quería lo mejor para ambos, incluso a costa de el, como lo habían hecho sus padres, los cuales tragicamente partieron de este mundo antes de conocer a las dos personas que ahora a amado más que a nadie, su pequeño Izumi y su amado Hibiki.
Llegó a la casa algo cansado y con frío. — Ya llegué — Apagó el cigarro en un cenicero que estaba en encima de la mesa de centro, luego fue hasta la cocina y le entregó todo al otro, el postre y lo demás. Iba a decir algo hacía el otro pero el teléfono, pero el teléfono simplemente sonó y fue a contestar sin finalmente decir algo, solo fue con una mirada tranquila y relajada por el sabor a tabaco que quedaba en su boca.
Su hermano al otro lado de la linea habló al principio alegre como siempre y su voz se escuchó bastante fuerte a través del parlante, lo cual obligó a Aoi a gritar con muy poco amor un “Cállate de una vez”. Se quedó escuchando a su hermano que ahora más serio le contó algo que dejó boquiabierto al pelinegro, que aun sostenía el parlante después de que este había colgado.
Hibiki se sentía muy feliz junto a Aoi, no tenía ni la más mínima de las dudas respecto a ello, pero había algunas ocasiones en las cuales se preguntaba si el otro chico sentía la misma alegría inmensa al estar con él. No era que dudara que Aoi fuera feliz, simplemente le daba curiosidad saber qué tanto. Nada le preocupaba más que el bienestar de su pareja y de su pequeño Izumi.
También se quedó pensando un poco en la idea de que la familia creciera con la adopción de una preciosa niña, aunque estaba consciente de que todavía faltaba algo de tiempo para llegar a ese punto. No por eso se sentía menos ansioso.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Aoi regresó. Hibiki se levantó y fue hacia él para darle la bienvenida, recibiendo el postre con una sonrisa amable.
—Gracias, Aoi —volvió a la cocina.
Cuando le teléfono sonó, pensó en ir a contestar él mismo, pero Aoi se le adelantó. No podía escuchar claramente toda la conversación, pero le preocupó un tanto la actitud que tomó el otro ante la llamada de su hermano. Se pregunto qué estaba sucediendo, y más cuando Aoi se quedó quieto con el parlante en la mano.
—¿Aoi...? —Se acercó a él.