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Human Acts, Han Kang (translated by Deborah Smith)
greek lessons, han kang
To my mom, whose laughter is like sugar—it makes life sweeter.
To my dad, sometimes our heroes don’t make it to the end.
To you, and to every version of you these past six years.
And to everyone that learned to love themselves through the chaos—I see you.
i want to swallow you, have you melt into me and flow through my veins.
"[...] si bien era algo que realmente le estaba afectando emocionalmente, era algo que no podía evitar: era la vida. De eso se trataba. Amor y desamor."
Estar acompañándolo a cada paso de la gira era un sueño. Que sus tiempos y días coincidieran fue casi un éxito, si bien no rotundo. Le recordaba, como bien le había dicho, a los inicios de su relación, con una nostalgia cariñosa, como un buen augurio lleno de aprendizajes y lecciones así como pisoteadas y dolores que no hicieron más que hacerles crecer tanto individualmente como en pareja. Recorrer cada ciudad era un deber. Lucy, con su alma “nómade” y su espíritu infantil lleno de curiosidad y ánimo eufórico de sus “mejores” días, necesitaba conocer dónde pisaba. Y a eso se dedicó el día. Si bien le acompañaba, no quería llegar a ser un estorbo, entonces contemplaba sus horarios y sus planes con la banda por su cuenta, solos, sin ella, y los respetaba. Ese día, ese 22 de marzo, sin embargo, al ser su aniversario, no le dio respiro. Quiso estar pegada a su lado las 24 horas del día, y si pudiera, en ese mismo instante, se habría subido también al escenario con ellos solo para no despegarse de James. Pero su pegote no se debía solo (aunque no menos importante) al cariño e inmenso amor que le tenía. No, tenía un regalo para él, y era un regalo demasiado especial por el que apenas podía contener la emoción. Se la podía ver ansiosa hacia días, ansiosa nivel confundirlo con un episodio maniático. E incluso, podía estar atravesando uno y no querer reconocerlo. Pero no le importaba. En ese momento en esos días, nada le importaba más que el segundo en que James saliera de escenario, respirara, y se volviera a encontrar con ella y el pequeño paquetito envuelto caseramente en papel de regalo que traía desde París.
Se había enterado hacia poco menos de dos semanas, días antes de viajar. Los dolores de cabeza y de útero intensos, las náuseas, la libido extrañamente alterada, los últimos dos “períodos” que no terminaban de ser tan caudalosos como lo usual, los antojos por cosas que no solían ser de su preferencia y su humor cambiante, alterado, habían sido principales sospechas. Primero fueron decenas de tests, con algunos negativos y otros positivos, pero su ginecólogo lo confirmó. Ahí empezaron las ansiedades entrecruzadas. Por un lado, el terror: ¿era momento? ¿Lograría llevar a cabo el embarazo por completo? ¿No tendría problemas? ¿Emocionaría a James? O, ¿Sería buena madre? ¿Su relación estaba lo suficientemente estable? ¿Ellos, por su cuenta, se sentían estables emocional y económicamente para sobrellevarlo? ¿Iban a poder? Por el otro, la emoción. Claro que sí, a todo. Sí, sí. Como fuera, no importaba nada, pero lo lograrían. La emoción ganaba. De ahí, el plan de cómo contarlo. Después del show del 22, una cena, tranquilos, un bar, solos, y un regalo.
Lucy corrió hacia James a abrazarlo (o más bien, estrujarlo…) apenas lo vio caminando por el pasillo detrás del escenario mientras se secaba con una toalla. (¿Y el dejarlo respirar? ¿Y su plan? Olvidados. La sangre le hervía, las manos le temblaban. Quería gritárselo.)
—Rockeas—le recordó como cada noche que iba a verlo. Eso, o alguna otra palabra que denotaba su orgullo y encanto por su carrera como músico. Le dejó un beso corto sobre los labios, como un saludo, y le pasó el paquete todo arrugado y un poco húmedo por el sudor de sus manos con los ojitos brillosos con una emoción infantil, expectante. En él: dos pares de medias. Uno, tamaño adulto, con dibujos de Yoda en cada media; el otro, tamaño bebé (o gato), igual pero con dibujos de Grogu. Ella, muda, intercalaba miradas entre su cara y el paquetito, quizás de una manera demasiado sospechosa para tratarse solo de las simples medias que James estaría esperando encontrar.
La gira estaba siendo una de las mejores experiencias de su vida. Conocer lugares, estar arriba del escenario y compartir buenos momentos con sus compañeros y amigos de banda, llenaba sus días de excelentes ratos. Pero todo esto tenía un lado B: extrañaba mucho su casa, a Lucy y los gatitos. La distancia física se sentía difícil a ratos, y se incrementaba los días que por miles de motivos, totalmente entendibles, su comunicación no era tan fluida. Lo entendía, la vida seguia para ambos, pero creía estar perdiéndose su vida en París. Cuando Lucy se sumó a la gira dio un respiro. Si bien, bajo ningún concepto pretendía que ella detuviera todas sus responsabilidades para subirse a un avión y seguir los delirios de James, disfrutaba muchísimo de su compañía dándose cuenta cuánto la extrañaba en los momentos apartados.
En el día de su aniversario buscó compartir con ella varios ratos del día porque no quería que se les escape su fecha especial, a pesar de que el show les robaría unas cuantas horas. Al bajarse del escenario, solía ser el primero en salir. El show de The Kooks empezaría en algunos minutos, casi rutinario en esta gira en Estados Unidos y Canadá que llegaba a su fin. Se secaba con la toalla el cuello y el rostro en el pasillo, hasta que sintió un abrazo fuerte que reconoció enseguida. Sonrió respondiéndole de la misma manera y recordó que estaría transpirado, casi de repente.
—Lo siento, estoy algo sudado— pidió disculpas aunque a Lucy poco parecía importarle luego del beso que le dejó en los labios. —¿Qué es? — preguntó aún sonriente sin saber qué le estaba dando. Sus manos enseguida sintieron algo blando dentro así que, luego de años de recibir medias, creía sospechar que se trataba de eso. —Oh, yo no tengo el mío aquí, lo dejé en el hotel, pero te hice apartar unas flores en el camarín. — le explicó antes de abrir su regalo con ambas manos. Al querer sacar las medidas vio que tenía dobladas junto a ellas otro par minúsculo y abrió los ojos con asombro mirándola a ella enseguida para cerciorarse de que no estaba delirando. ¿Estaba soñando?
—¿Es lo que... Creo? — sonrió enseguida, casi como nunca, quitando el par que efectivamente era para un bebé y que solo cubrían su dedo índice y anular. Comenzó a sentir sus latidos más fuertes y un efecto en todo en su cuerpo que no podía explicar. Los ojos de Lucy parecían confirmarle lo que él preguntaba. —¿¿¿¡¡¡¡Estás embarazada!!!??? — preguntó cuando poco a poco caía en que luego de tanta espera por fin había llegado el momento. Uno de los momentos más duros de James sin duda había sido el fallecimiento de su madre, de esos que lo marcaron y cambiaron su modo de pensar sobre la vida y la muerte. Este era uno de los momentos que no podía sentirse más agradecido por estar vivo, porque ambos lo estén. Tenía el rostro enrojecido, y estaba sin dudas al borde de la emoción. No le importaba estar permitiendose sentir de la forma que reaccionaba. Era todo lo que había soñado para ellos y más. —¡¡No puedo creerlo!!— exclamó con alegría riéndose al mismo tiempo que su rostro estallaba radiante y sonriente. Apoyó ambas manos en el rostro de Lucy, aunque una aún apretaba fuerte las medias como si este momento fuera la magia de su regalo, y le besó nuevamente los labios con más efusión. — Gracias, gracias, gracias — repitió sin poder abandonar su alegría mientras la abrazaba fuertemente. Agradecía a Lucy, a la vida, y a sus ángeles en el cielo que cuidaban de ellos.
“The rhythm of the metros become the city’s heartbeat. Every fraction of a second somebody is crying, or shouting his pain, being tortured, selling himself, or dying. Such a simultaneity of feelings! Such a river of blood is flowing through Paris, outdoing the Seine, a warm river which invisibly runs in the peoples’ arteries. Everything is liquid, our destinies above all.”
— Etel Adnan, Paris, When It’s Naked
Franz Kafka, Letters to Milena
Marzia: Puedo conseguir el baño de Holly, jajaja. Sin Holly tho. Lo siento.
Nick: Bummer.
Marzia: Voy a comprar una bath bomb de lavanda solo por ese comentario.
Nick: You trying to kill me makes me so horny.
Safia Elhillo, from Home Is Not a Country; “Boys”
love you, bitch.
Hailey: No me gusta el café, cosas que nadie preguntó.
Nick: Deja que cambie eso. Hey, Hailey. ¿Te gusta el café?
Hailey: Hey, Nick... no, no me gusta. ¿Y a ti te gusta?
Nick: A mí sí, me gusta pero me hace mal... quizás por eso me gusta.
“—Desde el segundo año que se fue todo a la mierda, solo que no supe verlo y me dejé...—¿herir? ¿Manipular? ¿Llevar? Daba igual. Todas eran correctas—[...] Odiaba todo de mí, y yo odiaba no saber cómo agradarle.”
D: Feliz día, boba .
H: ¿Qué día es?
D: Domingo.
H: Feliz domingo, entonces.
Lucy: Podría ser budista. Lo pensaré. Pero no tengo la paz que tienen...
James: Habría que ver.
Lucy: "Hola, soy Lucy, no puedo con mi vida, ¿me aceptan en su religión?"