239 - Depeche Mode - Construction Time Again
Estamos a un par de semanas del lanzamiento del nuevo disco de Depeche Mode, Spirit. Como vivimos en tiempos rarísimos, hace unos días que uno de los supremacistas que apoyan a Donald Trump - Richard Spencer - afirmó ante la prensa que la banda sonora oficial de la “Derecha Alternativa” era Depeche Mode. No sabe uno si reírse o alarmarse. En serio. Da tanta risa como susto. Estos tiempos que vivimos se me hacen muy raros.
¿Habrá Richard Spencer escuchado con atención la letra de People Are People? ¿Sabrá Spencer que hacia 1983 varios políticos y medios en la Inglaterra de Thatcher acusaron a Depeche Mode de ser pro-comunistas por las letras y la portada de Construction Time Again? ¿No notará él la denuncia hacia la ambición corporativa en Everything Counts? ¿Habrá oído con atención alguna de las líneas de Where’s The Revolution antes de hacer sus declaraciones?
El caso es que en 1983 Depeche Mode batallaba con una crítica que seguía creyendo que con la partida de Vince Clarke se había fugado también la credibilidad del grupo. Y aunque en A Broken Frame se daban indicios de que la banda seguiría a flote sin Clarke, la prensa especializada seguía siendo escéptica. Con las giras vino el mundo y con el mundo las preguntas sobre la justicia y el funcionamiento de la sociedad que todos nos hacemos en las primeras etapas de la adultez: ¿Es justo el mundo? ¿Es justo que algunos tengan tanto y otros tengan tan poco? Construction Time Again no es un disco decididamente político. O al menos no es un disco completamente político, pero Depeche Mode empieza a reforzar en él una serie de imágenes asociadas a los países de Europa Oriental y la Unión Soviética (imágenes que se harían aún más fuertes en Music For The Masses) y recordemos que en aquel entonces el comunismo era “El Coco”, así como hoy lo es el terrorismo.
Según los políticos (sobre todo los políticos de derecha) siempre hay alguien a quien debemos temer, siempre habrá un enemigo y siempre habrá artistas dispuestos a corromper a nuestros jóvenes. Y yo celebro a esos artistas, no porque quieran corromper a nadie sino porque mueven a la gente a hacerse preguntas.
La nostalgia no es necesaria. El mundo y la historia funcionan de manera cíclica y lo que extrañamos hoy probablemente regresará en el futuro. También valdría la pena reconectarnos con el arte del pasado y con las preguntas que otros se hicieron antes que nosotros.









