Desde muy pequeñitas nos dijeron que para ser felices debíamos “formar” una familia, tener varios hijitos, una casa y un perrito…
Nos dijeron que debíamos ser bellas, tranquilitas y obedientes. Pero por sobre todo ser lindas. No importaba tanto si éramos inteligentes porque lo más importante era ser bonitas…
Nos siguen diciendo que no tenemos que tener ni granos, ni canas, ni arrugas. Que tenemos que tener buenas lolas y trasero parado. Delgadas por supuesto…pero tampoco demasiado porque sino parecés una tabla…
Nos prepararon para ser madres. Nos regalaron bebotes, tacitas de té y una escobita. Nos enseñaron a limpiar y a cocinar.
Luego crecimos y nos dijeron que también teníamos que ser independientes, trabajadoras, profesionales y que nuestra realización no estaba sólo en casa. ¡En hora buena! Pero lo que es un logro se convirtió en una exigencia.Desde tiempos inmemorables nos obligaron a ser fértiles, nos exigieron parir y nos aseguraron que no éramos nada sin un útero.
Pero estamos despertando…
Pasé toda mi niñez soñando con un príncipe azul, mi adolescencia intentando gustar, mis 20 buscando novio en “Badoo” o en “Cupido” (en mi época no había Tinder je!), mis 30 trabajando por mantener una pareja madura.Fui madre a los 39 y como todos dicen, es verdad, la vida me cambió. Tuve una nena no sólo bella, no sólo inteligente, sino vivaz, alegre, llena de energía. No puedo imaginar un mundo sin su luminosa presencia.
Pero…por más feo que suene…no siento que me haya realizado como mujer por ser mamá. No creo que ser madre sea mi objetivo último. Preguntémosle a una mujer que decide no tener hijos, a una chica trans o a una mujer que no es “fértil”… ¿qué significa ser mujer?
Antes de embarazarme tenía varios miomas de tamaño considerable. Durante el embarazo crecieron de forma descomunal. Luego de parir esos miomas siguieron en mi vientre, y no disminuyeron de tamaño. Me recomendaron extraerme el útero. Me dijeron que muy probablemente iba a tener que buscar ayuda psicológica luego de la histerectomía. Porque según la sociedad y la ciencia, es el útero lo que nos define como mujeres.
Antes y después de la operación, al contar de esta intervención, muchos hombres y mujeres me miraron con lástima, me “consolaron”, se quedaron en silencio sin saber qué decir y hasta varias profesionales de la salud cuestionaron mi decisión y las recomendaciones de los médicos especializados de operarme. Me preguntaron si tenía hijos, si quería más. Me dijeron que tenía que tener el segundo, que si no podía, tenía que adoptar o subrogar un vientre. Que no alcanzaba con haber dado a luz una vez, tenía que asegurar la felicidad de mi hija dándole un hermanito.
Por suerte se cruzó en mi camino una mujer que había pasado por esta misma experiencia. Su sororidad fue fundamental para ahuyentar mis miedos previos y mis dudas posteriores. Ella decidió no ser madre, y es una mujer sin útero, completa, buena gente, inteligente y luchadora.
Pero… ¿qué pasó? Curiosamente no me deprimí luego de que me “vaciaron”. No necesité ninguna terapia. Nunca me sentí incompleta. Nunca pensé que me faltara algo. Nunca sentí que me hubiesen quitado algo.
Y más aún. Cambié mucho luego de la intervención. No sé por qué extraña razón me convertí en una dulcera empedernida luego de toda una vida de preferir lo salado. Aumentó mi autoestima, crecí, florecí. Decidí no volver a ver a mi psicóloga porque sentí que luego de tantos años de terapia había otras cosas que podían ayudarme. Conocí personas maravillosas que propiciaron que yo pudiera florecer, despertar, vivir más intensamente, con menos miedo y más decisión.
Hoy mi vida es completa, es perfecta. Es cómo debería ser. Y yo soy lo que debo y lo que quiero ser. No hay ningún lugar al que llegar. No hay nada más que hacer, nada que tenga que alcanzar.
NUNCA DEJEN QUE LES DIGAN LO QUE ES SER MUJER