Cuando se trata de una persona importante en nuestras vidas a la cual amamos, ya sea amigo/a o pareja, somos capaces de renunciar incluso a la vida misma por que estén bien. Si les incomoda algo dejamos de hacerlo, el amor te mueve aunque seas paralítico y te lleva a dar pasos que jamás creíste que darías, y aunque no nos demos cuenta, incluso cambiamos por ver una sonrisa en quien hace mejor nuestras vidas. Pero hay una cosa de la que nadie debería privarse, si algo te apasiona, lo que sea, y a una persona en específico no le gusta lo que haces o lo ve fastidioso, no deberías dejar de hacer algo que es una parte de ti. Quien nos ama debe aceptar que incluso nos volveremos las personas más cursis al momento de expresarnos, que actuaremos como niños aún cuando tengamos una edad considerable, y aún si se nos sale algo de infantileza, repito, si esa persona nos ama, deberá aceptar que eso forma parte de nosotros por que en el primer momento que renunciemos a ello; nos volveremos un ser incompleto. Madurar también es reconocer que incluso hasta el más viejo tiene un niño en su interior que suele manifestarse de vez en cuando.
–✍


















