--¡No! ¡Dámela!-- la delincuencia había descendido, ¡y un cuerno! La rubia forcejeaba con un hombre que intentaba robarle la preciada y cara reflex, tirando de ella por la correa, mientras Marianne la sostenía con ambas manos. De la nada, el sujeto le atinó un puñetazo en la cara y, al siguiente segundo, ya tenía un objeto punzo-cortante en una mano, listo para usarlo contra, la que creía, era una víctima fácil. La sensación de peligro y, en sí, todo el enojo reprimido tuvo sus consecuencias y, sin saber exactamente cómo, una burbuja de aire formó una invisible barrera entre ella y el sujeto, lanzándole un par de metros por los aires. La sorpresa bañó las facciones femeninas, al igual que las de su atacante, que se paró de inmediato y se alejó corriendo.
La rubia sujetó con fuerza la cámara, con las delgadas manos temblando por la adrenalina mientras, confundida, miraba a su alrededor, sólo para encontrar a alguien mirando. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Al sentir un poco de sangre escapar de su nariz, llevó sus dedos trémulos a limpiarse con cuidado, antes de mirar a su ahora acompañante con los ojos avellana llenos de incertidumbre y una expresión que rogaba un "por favor, dime que no viste eso". Breena la iba a matar.