El Huaso, parte 28: El Último Beso
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Nos quedamos regaloneando un rato, y luego yo me levanté para ir a ducharme. Cuando me levanté de la cama sentí inmediatamente esa rica debilidad en las piernas, típica después de una ardua sesión sexual.
—¿Nos bañamos juntos, amor? —me preguntó el Huaso.
—Ya po —le respondí a mi pololo, y el Sergio nos quedó mirando.
—¿Me puedo bañar con ustedes? —preguntó con timidez el Primo.
—Si po, obvio —respondió rápidamente el Huaso, mientras yo trataba de pensar como cabríamos los tres en la tina.
Nos metimos a la tina, y comenzamos con una ducha normal e incómoda. Al principio tomábamos turnos para mojarnos bajo el chorro de agua, pero luego el Huaso tomó la ducha teléfono y nos acercaba el chorro al Sergio y a mí.
Al rato el Sergio con el Huaso se pusieron a jugar entre ellos tirándose agua, todo muy homoerótico, y yo como estaba cansado, me senté en el borde de la tina, esperando que terminaran de juguetear. Mientras los miraba rozándose, tirándose agua y toqueteándose, pude observar que el Sergio se estaba empezando a excitar, provocando igual reacción en mí.
—¿Qué te pasa, amor? —me preguntó el Huaso, percatándose recién que yo me había sentado.
—Nada, es que quedé muy cansado —le respondí, mientras el Sergio se percató que su sangre fluía a cierta zona de su Cuerpo, así que nos dio la espalda.
—Si quiere nosotros lo ayudamos a bañarse —ofreció él. Con sus palabras inmediatamente me pasé todas las películas posibles en mi mente, cada una mas fogosa que la anterior, pero estaba muy cansado como para hacer algo, y me preocupaba un poco la cuenta del agua.
Finalmente le respondí que no era necesario, que se bañaran ellos mientras yo descansaba, y luego yo me bañaría tranquilo. Los obsersé mientras se duchaban y seguían jugando. El Sergio había controlado su erección en ciernes, pero no por mucho tiempo.
—Te gusta lucirte con tu weá —le dijo el Huaso a su primo al percatarse de su erección, y dándole un manotazo a su pene. El Sergio se enconvó por el golpe, y le dio un combo en el abdomen a mi pololo.
—Igual te la tragabai toda cuando pendejo —le respondió él, bien palabrúo.
—Nunca como tú —mi pololo le tomó la cabeza y se la empujó hacia abajo, como típica broma de pendejos de liceo.
Yo observaba la escena con mi pene completamente erecto. Miraba la erección del Primo y pensaba en sus palabras. “Igual te la tragabai toda”. Mi pololo ya me había dicho lo que habían hecho ambos en el pasado, pero nunca mencionó las dimensiones de su primo. Ahora entendía por qué le costaba tanto el sexo oral al principio, habiendo comenzado con esas dimensiones a cualquiera lo deja un poco descalibrado.
Mientras los miraba jugar y compartir, me preguntaba como habría sido mi vida si me hubiera criado con primos tan cercanos como ellos. ¿Habría descubierto mi sexualidad con alguno de ellos? Probablemente no, porque el único primo comible que tenía era homofóbico in extremis.
Al final los primos terminaron de bañarse y mi pololo se acercó a mi para darme un beso de “despedida” y me pasó la ducha teléfono. Me duché rápidamente y al rato ya estaba poniéndome el pijama en la pieza de mis viejos, con el Huaso mirándome mientras me ponía el pantalón.
—No te pongai eso —me dijo, ya acostado bajo las tapas—. Durmamos sin pijama, nos abrigamos uno al otro, como siempre.
—Ya, pero no me voy a acostar altiro, tengo hambre, así que voy a prepararme algo para comer —le respondí, terminando de ponerme mi tenida más mata pasiones de la vida.
Mientras estaba en la cocina preparando la comida, apareció el Huaso, solo con su bóxer azul a ayudarme, y luego el Sergio bajó con su pijama puesto y pidió sumarse. Al final acomodamos todo en una bandeja y nos fuimos a comer a la misma cama donde hacía poco más de una hora habíamos tenido una ardua noche de sexo.
Terminamos de comer, y como estábamos tan cómodos y relajados riéndonos y conversando, el Sergio con timidez preguntó:
—¿Puedo dormir con ustedes? —de alguna forma, me gustaba que pidiera permiso para todo.
—Si, dale, duerme acá nomas —le respondí rápidamente, y su sonrisa de alegría causó un mini sismo dentro mío, ya que me di cuenta que tenía un gran parecido al Huaso.
Nos acostamos a dormir, y como yo iba al centro, entre ambos primos, el Huaso no me insistió en que durmiera sin pijama. Quizás le daba un poco de celos, muy en el fondo, de que estuviera durmiendo semi desnudo al lado de su primo.
Cuando desperté el Huaso estaba dándome la espalda, profundamente dormido, mientras que el Sergio me estaba abrazando, con su mano apoyada en mi abdomen, por debajo de la camiseta del pijama. Nos levantamos como si nada, sin tomar la situación como algo raro o incómodo, si no como si fuera completamente normal.
—¿Y?¿cuando repetimos? —preguntó el Sergio mientras tomabamos desayuno.
Me incomodó un poco la pregunta, ya que no sabía cual sería la postura del Huaso, pero si por mi dependiera, repetiría ese trío las veces que pudiera.
—Cuando querai po primo —respondió después de un rato el Huaso.
—Ya po —aceptó el Primo— ¡Ahora! —dijo con entusiasmo, y simuló como si despejara la mesa tirando todo al piso, y luego se rió.
Aprovechando que teníamos el fin de semana libre, al Huaso se le ocurrió invitar a nuestros amigos a la casa, y así aprovechábamos de hacer que el Sergio los conociera (obviamente no mencionaríamos nada del trío frente a ellos). El Primo a la hora de almuerzo se alegró mucho porque el Bombero del día anterior le había hablado al WhatsApp, y lo había invitado a salir, así que nos preguntó si podía invitarlo acá a la casa.
—Y así quizás nos sale su buen cuarteto —nos dijo para persuadir nuestra decisión.
—Sí, invítalo nomas —le di permiso, mientras en mi mente pensaba que el Primo tenía muy buenas ideas.
Al Sergio claramente se le había pasado la timidez del día anterior, y había recuperado su personalidad entradora y confianzuda de siempre.
Como a las 9 de la noche comenzaron a llegar los que pudieron asistir. La Cata y la Claudia estaban fuera de la ciudad, cada una con sus familias por las vacaciones de invierno, así que obviamente no pudieron asistir.
El Bryan llegó con el Victor, y trajeron muchas cervezas, como buenos invitados.
—¡Oye son iguales! —gritaba el Victor al presentarle al Sergio, exagerando cualquier mínimo parecido entre ambos primos.
—Sí, tienen un parecido —coincidió el Bryan.
Yo, al contrario de lo que pasa siempre, que uno va diferenciando más a las personas a medida que las va conociendo, a los primos cada vez les encontraba mas similitudes. Si bien no eran parecidos físicos (más allá de los genes), tenían muchos gestos similares, como el cerrar los ojos cuando reían en silencio, o el fruncir el ceño cuando te sorprendían mirándolos.
—Cuéntame qué onda con la Cata po —le dije al Bryan, después de un rato, llevándolo hacia un costado. Últimamente me había contado que se sentía raro con la Cata.
—Es que cachay que creo vamos a terminar —me respondió.
—¿Por qué? —le pregunté sorprendido.
—Porque creo que no estamos muy conectados. Ambos somos muy nada que ver —me dijo, cabizbajo.
—¿Ya no te gusta? —le pregunté directo.
—¡Si!, o sea, no sé. ¿Te ha pasado que te gusta mucho alguien, pero cuando por fin tienes la oportunidad de estar con esa persona, no es lo que esperabas, o sea, como que no hay conexión?
—Si, creo que si —le respondí pensativo, entendiendo a qué se refería—. Pero igual te demoraste en darte cuenta que no había conexión —bromié.
—Si, si por eso no quería pedirle pololeo aún. Si no estamos pololiando, no somos nada oficial, y bueno, creo que ella también esta buscando por otros lados.
—¿Y como te sientes con eso? —le pregunté preocupado, nunca lo había visto bajoneado.
—Bien, supongo. No puedo forzarla a estar conmigo si ni yo mismo estoy seguro de querer estar con ella —dijo resignado.
—Bueno, ya llegará la indicada —le dije muy clichémente, y dándole una palmada en el hombro.
Nos volvimos a integrar al grupo justo cuando venía llegando Nicolás, el amigo Bombero del Sergio. Se presentó ante todos y cayó muy bien, incluso al Huaso, que era el mas reacio a conocer gente nueva.
El Sergio no se despegó del lado de su invitado, pero sorprendentemente, el Bombero se puso a conversar alegremente con el Bryan, subiéndole el ánimo, y no pescó mucho al Primo.
—Siempre quise ser bombero —le decía mi amigo al recién llegado, con una mirada de admiración que nunca le había visto.
—¿Y por qué no te has inscrito voluntario? —preguntó el Bombero.
—No sé —respondió él, buscando en su mente una justificación razonable para su flojera.
—Deberías inscribirte, es lo mejor que me ha pasado en la vida —lo estaba tratando de convencer.
Al rato el Nico fue al patio a fumar, y el Bryan lo acompañó para seguir conversando, así que no pude seguir la conversación, pero el Sergio se quedó sentado a mi lado, furioso con mi amigo y el Bombero.
—Me cayó mal tu amigo wn —me comentó en voz baja.
—¿Por qué? —le pregunté riéndome—, si es super simpático. No te vayai a poner como el Pato odiándolo por nada.
—Porque me está quitando a mi bombero —dijo exponiendo lo obvio—.No dijiste que era hetero el weon?
—Si po, es hetero —le respondí, y se quedó pensando en silencio.
—¿Y por qué el Pato lo odia? —me preguntó curioso.
—Por puras weas nomas, rollos de él —respondí sin darle importancia.
El Sergio cambió la cara y simuló agrado cuando volvieron del patio el Bombero con el Bryan. Afortunadamente para él, mi amigo había preguntado todo lo que quería saber sobre la dinámica bomberil, así que al volver se sumaron a las conversaciones que estábamos teniendo el resto del grupo.
Después de un rato, le perdí la pista al Sergio con el Bombero, así que supuse que el Primo estaba por fin obteniendo lo que buscaba. El Huaso, sin embargo, no estaba tan contento.
—¿No te molesta? —me preguntó ya con la cara larga.
—¿Qué cosa? —me sabía a que se refería.
—Que estén tirando en tu cama po —me dijo en voz baja.
—No sabemos si están tirando —le dije un poco molesto ante surepentino enojo.
—Weon desubicado —dijo entre dientes, pensando en el Sergio.
—¿Pero por qué te enojas? —le pregunté ya enojado, intentando bajar la voz, para que el Bryan y el Victor no se dieran cuenta de la discusión, pero claramente se dieron cuenta ya que no habían más personas con quienes evitar la discusion—, si él es tu primo nomas. Enójate cuando yo me encierre en una pieza con otro weon.
Se quedó en silencio mirando el suelo, como niño amurrado. El Bryan y el Victor habían comenzado a hablar de cualquier cosa, y yo para evitar el enojo del Huaso, me puse a conversar con ellos.
Al rato volvieron el Sergio con el Bombero. Por el tiempo que demoraron asumí que hicieron de todo. El Sergio volvió con una sonrisa de satisfacción (la misma que le había visto innumerables veces al Huaso después del sexo), lo que confirmó mis sospechas. Ambos se incorporaron a las conversas y el webeo con nosotros como si nada, y supongo que todos nos dimos cuenta lo que habían hecho, pero no dijimos nada, incluído el Víctor, que no dejaba pasar situaciones así para molestar a la gente. Probablemente se contuvo porque los venía recién conociendo.
Cuando se fueron todos, nos quedamos los tres solos y el Huaso enfrentó a su primo.
—¿Cómo se te ocurre ponerte a tirar con un weon acá? —le decía él.
—¿Qué tiene? Si al Larry le da lo mismo —argumentó el Sergio—. Aparte ¿Quién dijo que estábamos tirando?
No pude aguantar la risa ante su desfachatez.
—No seai cínico wn. Desubicado y cínico —le dijo el Huaso, aún molesto.
—Mira, mejor preguntémosle al Larry que opina —ideó el Sergio—. ¿Te molestó lo que hice?
Me pilló por sorpresa que me pidiera la opinión, y como no estoy acostumbrado a expresarla verbalmente, tuve que pensar primero como decirlo.
—Mira, a mi me da lo mismo a quien te comas —dije para comenzar, pero inmediatamente me di cuenta que no fue la manera correcta—; o sea, no me pongo celoso de ti, que te hayai comido al Nicolás, de hecho me da envidia… —el Huaso me miró aún mas enojado— me refiero a que al menos pudiste tener sexo hoy, porque claramente yo no podré —me expliqué, tirándole el palo a mi pololo—. Como sea, la wea es que a lo mejor pudiste haberme pedido permiso.
—Bueno, perdona Larry —se acercó a abrazarme—. Y te juro que no se robó nada de tu pieza. Lo sé porque no le quité los ojos de encima —me dijo haciendo un gesto de “if u know what I mean”.
—¿Todo arreglado? —pregunté yo, tratando de cerrar la discusión. El Huaso seguía enojado y con los brazos cruzados—. Ya po weon, corta tu webeo —me acerqué a mi pololo y lo empujé, haciéndome el rudo. Apenas lo moví, y ni siquiera cambió la expresión.
—Me voy a acostar. Buenas noches —me dijo, dándome un frío beso, y se encerró en la pieza.
Nos quedamos a solas con el Sergio y nos miramos en silencio por un rato.
—Mañana vas a tener que hablar con él —le dije en voz baja, antes de arreglarme para ir a acostarme también.
Al entrar a la habitación, el Huaso estaba acostado de lado, dando la espalda a la puerta. Me saqué la ropa y me acosté atrás de él, abrazándolo.
—¿Estás despierto? —le pregunté con un susurro al oído. Él solo asintió— ¿estás bien?
Se volteó y se sentó en la cama, mirándome.
—Creo que no debimos haber hecho lo de anoche —me confesó—. Ahora estoy muy confundido.
—¿Qué? —me sorprendió con sus palabras— ¿acaso te enamoraste de tu primo? —estaba a punto de llorar, y sentía que el corazón se me paraba.
—No, no, no —me dijo tomándome la mano, intentando calmarme—. Es que no sé, me dio como celos verlo con otro weon. Sentí que lo que estábamos teniendo acá los tres era bacan —se explicó.
—O sea, ¿querías que estuviéramos los tres en una relación? —le pregunté, aún mas sorprendido.
—No, tonto —me dijo con cariño y vergüenza—. Es una estupidez, lo sé. Pero creo que nos equivocamos con lo que hicimos. O al menos no debimos hacerlo con mi primo.
—Yo encontré que estuvo bueno —le dije, ya dejando un poco de lado el shock que me produjo con sus declaraciones.
—Si, yo también —coincidió—. Pero debimos haber elegido a alguien más. Un desconocido. Ahora tengo la mente pa la cagá por mi primo. No te asustes Larry, te amo, mas que la chucha, pero igual el Sergio es mi primo po, lo quiero caleta, y fue el primer weon con el que tuve “algo”. Y estar con los dos únicos weones que me he metido en mi vida, juntos, es pa confundirse po. Me pasé muchas películas.
—Ya, déjame aclarar esto. ¿Me estay pateando? —le pregunté confundido.
—No, no, tonto —se rió con vergüenza.
—Ah ya —me acosté a su lado y lo abracé—. Yo pensé en eso mismo. Que con el Sergio éramos los únicos con los que habiai tenido algo, pero no pensé que te afectaría tanto la mente. De hecho me calentaba la idea —admití, y me sonrojé un poco.
—Si yo también po —admitió él—. Pero no pensé que me afectaría así.
Nos quedamos abrazados, en silencio, hasta que él se levantó para ir al baño y me dio un beso.
—Estay pasado a cerveza —le dije, cuando iba saliendo de la pieza, aún saboreando su beso.
Volvió listo para dormir, se sacó la ropa y se acostó a mi lado. Me abrazó por la espalda, haciendo cucharita, como dormíamos casi siempre. Me besó el cuello en señal de buenas noches y nos quedamos dormidos.
Al día siguiente me desperté y el Huaso no estaba en la cama. Escuché voces en el living, y al despertarme vi que estaban los dos primos, conversando como si nada hubiera pasado.
—¿Todo bien acá? —pregunté con precaución, antes de comentar cualquier cosa.
—Si po, como siempre —respondió de inmediato el Sergio, y el Huaso simplemente asintió con una sonrisa—. Oye, ¿me van a ir a dejar al aeropuerto, o pido un taxi?
Había olvidado que ese día se iba el Sergio.
—Si, nosotros te vamos a dejar —le respondí—. ¿A qué hora es el vuelo?
—A las 13:30 —respondió él.
—Eso es como en dos horas —comenté sorprendido—. ¿Tienes todo listo?
—Si, todo listo. Bañado, vestido y perfumado. La maleta la tengo en tu pieza si.
Me fui a bañar mientras ellos tomaban desayuno, y cuando estuve listo me senté a la mesa para comer y compartir con ellos.
—El Pato me dijo que te podía dar un beso en la boca de despedida —me comentó el Sergio, aunque no sabía si lo decía en serio o en broma.
—¿Ah si? —miré a mi pololo—. ¿Y no te dijo que deberías preguntarme a mí si me podías besar? —le pregunté con un poco de pasadez.
—Buen punto —razonó el Sergio—. Pato, ¿te puedo dar un beso de despedida? —le preguntó con descaro.
El Huaso me miró buscando mi aprobación. Yo lo miré serio, con una mezcla de celos, enojo y preocupación por su salud mental.
—Es el último, amor —me dijo el Pato, como tratando de convencerme.
Miré al Sergio, que se había esmerado en arreglarse para el viaje en avión. Se veía muy guapo, así que pensé que no podía desperdiciar la última oportunidad de verlo besar a mi pololo. La idea ya me estaba excitando y mi pene estaba completamente erecto, atrapado en mi pantalón.
—Bueno ya —accedí, fingiendo exasperación.
El Sergio se alegró, como un cabro chico cuando le dicen que le van a comprar un juguete nuevo. Se levantó, se acercó a mí, me tomó del mentón y me dio muchos besos en la mejilla, en señal de agradecimiento, y se fue a terminar de arreglarse.
—¿Conversaron? —le pregunté a mi pololo.
—Si. Le pedí perdón por la tontera de anoche. Estaba medio curado y por eso sobre reaccioné.
—Pero lo que me dijiste no lo dijiste curado —le conté.
—Ya, si. Pero siento que igual le puse color —se excusó—. ¿No te molesta que siga webeando con él?
—Me calienta que webeen. Pero solo hasta hoy. Después solo van a ser primos, mientras estés pololeando conmigo. Todo el webeo del trío termina acá, ¿entendido? —me puse serio.
—Si —acató él.
—Y lo que me molesta es que escondai tus sentimientos. Lo que me dijiste anoche no fue algo que hayas exagerado. Teni que pensar mejor esas cosas —le advertí.
Mi pololo asintió y luego me ayudó a levantar la mesa. Nos arreglamos para ir a dejar al Sergio al aeropuerto mientras él bajaba su maleta.
—Acá nos despedimos —dijo él—. Chao primito —se acercó al Huaso con una sonrisa, lo tomó de la nuca y lo besó en los labios. Un beso corto, pero fogoso, lo suficiente para producirme una erección.
—Chao Sergio —le respondió mi pololo, dándole un par de piquitos de despedida.
—Chao Larry —el Sergio se dirigió a mi—. Ojalá nos volvamos a ver —me miró a los ojos y me tomó de la caderas. Le mantuve la mirada hasta que estuvo tan cerca mio que ya no lo pude hacer más, y simplemente cerré los ojos. Me besó con delicadeza, como queriendo disfrutar cada segundo del beso, mientras yo solo me dejaba llevar. Al rato cruzó su brazo por mi espalda y me acercó a él con fuerza, aumentando la velocidad del beso.
—Ya, suficiente primo —dijo el Huaso, acercándose por detrás del Sergio y separándonos suavemente. Miré a mi pololo con vergüenza, pero pude observar en sus pantalones que él igual estaba disfrutando nuestro beso.
Al llegar al aeropuerto, dejamos el auto estacionado y nos bajamos a acompañar al Sergio. Antes de pasar a seguridad, nos agradeció la invitación y dijo que lo había pasado muy bien.
—Erí la raja Larry, gracias por darme la oportunidad de estar contigo estos días. No sabes cuanto me costó no tirarme encima de ti cuando te veía —me dijo al oído cuando me abrazó para despedirse—. Trata bien a mi primo —me pidió.
—Trata bien al Larry weon —le advirtió esta vez a mi pololo—. Larry, si este weon te hace sufrir, ya te dije que tení un lugar en mi casita —me dijo, medio broma, medio en serio, y luego se acercó por última vez para abrazarnos a los dos al mismo tiempo.
Cruzó la puerta de seguridad con una sonrisa en el rostro, dejándonos al Huaso y a mi en silencio. Un silencio un poco incómodo.
—Sergio culiao —comentó el Huaso por fin, rompiendo el silencio.
—Sergio culiao —repetí y me reí. Era lo que había pensado el 90% del tiempo desde que lo conocí.
—¿Nunca más tríos? —me preguntó él, mientras caminábamos hacia el auto.
—Nunca más —respondí. No estaba preparado para soportar otra vez los rollos mentales de la situación.
—Pero eso que dijiste del bam algo, igual podríamos conversarlo —postuló.
—Quizás en un futuro muy lejano —coincidí, sin siquiera darle muchas vueltas al asunto. Sabía que nunca lo haríamos.
Una vez en el auto, con el motor encendido, el Huaso me toma la mano que la tenía en la palanca de cambios.
—Amor, ¿tiremos? —me preguntó de improviso, con una sonrisa inocente, como si me estuviera ofreciendo agua.
—Ya po —le respondí con una sonrisa. Apliqué reversa y salimos del estacionamiento, pensando en un lugar donde dar rienda suelta a nuestra calentura.
Pasado el peaje me orille a un costado del camino, apagué el motor y me saqué el cinturón. En completo silencio le desabroché el pantalón al Huaso y le saqué el pene de debajo del boxer. Él inmediatamente levantó la cadera y yo aproveché de bajarle el pantalón y la ropa interior. Movió los pies con ferocidad, intentando quitarse los zapatos y luego liberarse del pantalón amontonado a sus pies.
Tomé su pene, ya erecto y me lo metí a la boca. Rápidamente comenzó a gemir, gozando lo que le estaba haciendo. Con mi lengua saboreaba las gotas de precum que iban saliendo de su pene, producto de la exitación.
Me enderecé para sacarme el pantalón, yo solo porque el Huaso no atinó a hacerlo por mí, pero sí tomó mi pene y me devolvió el servicio. Lo chupaba con una destreza ya desarrollada, mientras me imaginaba al Huaso haciéndole sexo oral a su primo. Espanté ese pensamiento de mi mente tomando al Huaso del mentón y haciendo que se incorporara y se acercara a besarme. Nos besamos mientras él me masturbaba con intensidad.
Trabajosamente me monté en sus piernas, quedando ambos cara a cara. Recliné su asiento para que quedara más cómodo, y lo besé. Él tomó su pene y lo puso en mi ano, y yo me enderecé para sentarme suavemente en él, y entró a la perfección. Comencé a mover mi cadera con toda la fuerza y libertad que me daba mi entorno. La idea de estar tirando en un auto la tenía de hace bastante tiempo, pero nunca habíamos tenido la oportunidad de hacerlo.
El Huaso gemía por mis movimientos veloces, y lo hacía tan fuerte que me provocaba una desinhibición sin igual. Comencé a gemir fuertemente junto a él, haciéndole saber lo mucho que me gustaba estar con él, sentirlo dentro mío y recibir todo su amor y afecto.
Él exhalaba trabajosamente unos “te amo” entre sus roncos gemidos, y yo le respondía su amor besándolo y moviendo mi pelvis sin detenerme. Él, me apretaba los glúteos con pasión, luego con sus manos subía por mi espalda, acariciándola, y luego me masajeaba los pectorales, pellizcando suavemente mis tetillas. Se estaba esmerando en satisfacerme completamente.
Yo seguía moviendo mi cadera, ya sintiéndola prácticamente acalambrada, pero no me detuve. El roce de mi pene con el abdomen de ambos, y la masturbación intermitente que me proporcionaba mi pololo me tenían bien estimulado. El Huaso tomaba con sus dedos las gotas de precum que caían por mi miembro y luego se los metía a la boca, sonriendo al sentir el sabor de mi lubricante natural.
Comenzó a gemir mas fuerte aún, y yo lo tomé como señal para sacar mi mejor movimiento. Comencé a mover mi cadera de adelante hacia atrás en intervalos cortos y rápidos, lo que al parecer le encantó, porque al poco rato sentí su leche derramándose en mi interior, seguido de sus gritos de placer orgásmicos. Me seguí moviendo, con él aún dentro mío, mientras él continuó masturbándome hasta hacerme acabar. Mi semen nuevamente le llegó en la cara, y lo limpié con mi lengua, sellando el momento con un largo beso.
Nos quedamos incómodamente ahí acostados, olvidándonos que estábamos aún en la carretera. Al rato nos enderezamos y nos vestimos. Me volví a pasar al asiento del conductor y encendí el motor.
Conduje hasta mi casa y en el camino conversábamos sobre todo lo que habíamos hecho, y nos reíamos incrédulos por nuestro atrevimiento. Al llegar a mi casa, seguimos disfrutando el último día que nos quedaba como dueños de casa, viviendo en pareja.
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