La mente humana es muy extraña. Deseas que alguien viva cuando le amas y que muera cuando le odias. Desearle la muerte a alguien a quien le deseabas la vida. Esa paradoja es ser cautivado.

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La mente humana es muy extraña. Deseas que alguien viva cuando le amas y que muera cuando le odias. Desearle la muerte a alguien a quien le deseabas la vida. Esa paradoja es ser cautivado.
Eres lucero en este cielo. Destellas y me encanta mirarte, intermitente estás, me llegas a cautivar. Nunca dejas de palpitar, en tu fuego me gusta imaginar nuestro choque estelar. Viajas e iluminas, tocas y me vibras, siento y me vuelo, a tu brillo yo me cuelo.
Leo Romsog
10.01.20
Ella me cautivó, hace un par de años. Rompió mis esquemas, mis gustos y todo en lo que yo pudiese creer. Ella profanó todo pensamiento que yo tuviera y lo convirtió en algo mucho más bello; cambió mi vida, mi ser, mi sentir y mi pensar.
Llegó de la nada para quedarse como mi todo. Se convirtió en mi amiga, aceptando menos de lo que buscaba. Sin darse cuenta que cada cosa que hacía era un punto más para aquella relación que ella creía inalcanzable.
Su risa, su mirada, su tacto, todo era algo que día con día me ataba más a la idea de permanecer ahí, con ella.
Podíamos estar horas y horas hablando de nuestras cosas sin pensar en irnos, por más tarde que fuese. Buscar pretextos para vernos más seguido o para quedarnos más tarde y seguir compartiendo la sensación de cercanía.
Hasta que se armó de valor y me dijo nuevamente que su gusto era yo. Podía llorar de alegría, la persona que me gustaba sentía lo mismo.
Fuimos un refugio mutuo, al estar en cualquier situación podíamos hacernos reír sin control, saber exactamente qué quería decir la otra sin mencionar palabra alguna, éramos cómplices. Era la complicidad que siempre quise encontrar...
A pesar de toda felicidad, siempre hubo miedo, un temor intenso a ser traicionada, a que me rompieran. Nunca me había enamorado, nunca me había fijado en alguien de tal forma como para tener miedo de una traición.
Puse barreras, la alejé de mi ser, de mis más grandes secretos y me mantuve encerrada para proteger mi corazón. Sin embargo, ella sin problema alguno cruzó cualquier línea de protección que yo hubiese pintado, lo peor es que la dejé, le di toda arma que necesitara para ser mi debilidad.
Creí en su ser, en su inocencia, creí en cada palabra que decía y le entregué todo de mí. No había límites, ya no había barreras y yo salí para por fin amar de verdad. Amé con todo, con mi ser, mi alma, con cada partícula de mí y aún así no fue suficiente.
Me traicionó, rompió mi confianza, quebró mi alma y lo hizo mirándome a los ojos, no tuvo compasión de mí y me rompió. Había tanto, teníamos tanto; libertad, confianza, respeto, lealtad...todos aquellos valores cayeron con su mentira.
Me llenó de inseguridades, de dolores en el pecho, de un miedo tan intenso que hacía temblar mis huesos, una acción podía ponerme de nervios completamente, hacerme llorar y sentirme insuficiente con cualquier comentario, rompió mi confianza y con ella mi ser. El pánico de ser traicionada era diario, el temor a la mentira aunmento a grados estratosféricos y sí, ella es mi trauma.
Le perdoné todo, me puse a leer para saber cómo poder controlar mis ataques, porque sí, yo me culpaba, sentía que eran mis acuerdos los que no me dejaban creerle y en cierto modo aún creo éso. Le di confianza, aunque limitada. Volvimos, pero sin ser ni la mínima parte de lo que fuimos.
Pasó el tiempo, los ataques eran más próximos, no podía verla sin querer llorar, no podía tocarla sin pensar en su mentira, no podía darle entrada a mi corazón porque hasta el la rechazaba. Me rompió, quebrantó todo lo que había en mí y aún así no podía dejar de pensar en cuánto la amo.
Sus atenciones bajaron junto con el interés, llegaban mensajes y no los sentía, no había emoción, no había chispa. Yo quería rescatar lo nuestro, aquello que tan felíz me hizo. Estuve meses y meses pidiendo a gritos un amor que no debía ser pedido, porque nadie merece suplicar "amor". Lo único que recibía de su parte, eran palabras, palabras vacías que ya sabía de memoria, era tan predecibles, sus mismas frases, su arrepentimiento que al final carecía de credibilidad.
Yo pensaba que antes ya había llegado a mi punto de quiebre, pero no fue así, antes no estaba ni cerca de dejarla porque estaba enamorada, un enamoramiento que pasó. El interés de mi parte cesó, las cenizas que aún estaban tibias se enfriaron y mi corazón volvió a mí. Ya no le pertenecía y volví a ser mía, volví a tener el poder de estar bien, de estar estable y de ser felíz sin necesitarla, mi cuerpo se adaptó a su ausencia, lo que nunca supe antes fue que ella me estaba preparando para su ida, para que no doliera, ella me ayudó a ser lo que soy, me hizo grande.
Nunca dejará de ser mi amor, porque a pesar de todo aún la amo. El amor que le tengo no era dirigido a sus acciones, era a ella. A su ser, su alma, por un demonio, es perfecta y aún la veo así, como lo que es, pero el amor no es suficiente, nunca lo ha sido y el nuestro aunque no haya acabado, no iba a ser la excepción por más esfuerzos que hice para que lo fuera.
Tuve un amor tan bonito, pero tan bonito... que sí tuvo final. Nos explotamos hasta ya no tener qué más dar, nos dimos todo, fuimos más de lo que creíamos llegar a ser. Me amó con locura, lo sé y yo también la amé. Era la complicidad que siempre quise encontrar... Pero caducó.
Recuerda: Todos somos instantes en la vida de los demás, por lo tanto disfruta la estadía de la otra persona que tienes al lado, quiérela, ámala, demuestra que todos los días hay algo en ti que le pueda cautivar.
Ely.
Tu me cautivas la mente, el corazón, la vida.
Oscuridad-Andante
Hasta su mirada era tóxica, salida de ultratumba, y era justamente esa oscuridad la que me cautivaba más.
Hell_Girl
Te conozco hace tres años, en el primero me cautivaste, en el segundo me enamoraste y en el tercero me destrozaste.
¿Que será del cuarto?