Por más que pasa el tiempo, Liberty no pasa con el tiempo. Ella parece invencible, imperturbable como una flor perenne. Sus uñas o pelo, no crecen, sus heridas o marcas en la piel, nunca cambian. Jamás engorda o adelgaza, nunca se le queda el moretón de un golpe, nunca una herida, nunca nada transitorio le toca. Nunca el tiempo se atreve a nada… Jamás veré en ella una cana, arrugas de expresión o de la edad… Nunca apreciaré la madurez de sus huesos ensancharse porque Liberty no cambia. Liberty sigue en sus 18 años y yo no sé cómo despertarle de esa eternidad… A veces me gustaría que nunca nada le tocase, que siempre fuera eternidad y así pudiera superar la muerte de la vida. Pero tengo miedo a que, un día, su eternidad sea mi vejez y ella siga teniendo 18 años cuando yo tenga 70. Miedo a que su joven cuerpo, en realidad, siempre sea joven pero su vida envejezca también y nadie pueda notarlo. Miedo a las consecuencias de esa maldición, o las cosas que no podemos saber de ella. Contradictoriamente, soy rompedor de maldiciones, y no puedo luchar contra la maldición de Liberty. Por más años que lleve investigando, nunca consigo nada nuevo.