seen from Brazil

seen from Russia

seen from Australia
seen from Malaysia

seen from United States
seen from Russia
seen from Malaysia

seen from Oman

seen from United States
seen from United States

seen from Germany

seen from France

seen from France

seen from France

seen from Germany
seen from United States

seen from France

seen from United States

seen from Germany
seen from Russia
Recuerdo que me costó mucho entender El extranjero de Albert Camus, y empatizar con Meursault. Hasta que experimenté la indiferencia y ahí entendí que la apatía no es simple desgano, sino una respuesta radical al absurdo.
Albert Camus - manuscrito de El extranjero
Ni siquiera estaba seguro de estar vivo, puesto que vivía como un muerto.
-Albert Camus, El extranjero
¿Alguna vez habéis visto una película, escuchado una canción o leído un libro y pensado: “soy yo, habla de mi, expresa lo que siento a la perfección”?
A mí me paso recientemente al descubrir “El extranjero” de Albert Camus, un pequeño relato sobre un hombre que vive por inercia y no se compromete con nadie ni con nada, acabará juzgado por sus emociones en vez de por sus actos.
Me leí el libro en una tarde, muy directo y fácil de digerir. Era mi primer contacto en muchos años con la filosofía, con ideas más abstractas y que buscaban el sentido de la vida. Se me hizo pasmosamente fácil comprender todo lo que se contaba, hasta el punto en el que por un instante, sentía que había despejado una parte en mi cerebro, que había encontrado una pieza nueva en el puzzle que era mi mente.
Gracias a este libro, pude entender algo de mi, de mi forma de ser. Pude ver reflejados muchos de los actos que había cometido a lo largo de mi vida, de las emociones y sentimientos que me causaban ciertos acontecimientos. Comprendí que era una extranjera.
Nunca he sentido conexión con la gente, ni amigos ni familiares. Perder relaciones nunca a supuesto para mi un gran dolor, siempre he sentido indiferencia o incluso alivio.
Me he sentido juzgada por por no hablar de mis sentimiento o expresarme con claridad. Sin embargo, siempre he pensado que si no hay nada que decir es mejor no decir nada.
El miedo al rechazo en temprana edad hizo que siempre diera excusas, que aprendiera a dar largas para que me aceptaran. Pero ya no siento esa necesidad.
¿Qué hay que explicar en que sienta mayor placer escuchando mi banda favorita sola en casa mientras bebo cerveza un sábado noche que saliendo de fiesta con gente? ¿Qué hay que explicar en que priorice explorar la cultura antes que ponerme a hablar de follar y hacer chistes de mierda sobre el famoso de turno? ¿Acaso he matado a alguien por no haber quedado un viernes? Entonces, ¿por qué me señalan y me juzgan?
Veo un camino solitario, pero no me importa. Me podéis juzgar por indiferente, pero seguiré disfrutando de los placeres de la vida ya sea sola o rodeada.
Luchino Visconti, Anna Karina y Marcello Mastroianni || Rodaje de El Extranjero
(Lo Straniero, Luchino Visconti, 1967)
El Extranjero —
«Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro Mañana. Sentidas condolencias». Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer».
El Extranjero (L’Etranger), de Albert Camus [Premio Nobel de Literatura de 1957], novela publicada en 1942. Arranca con un crudo párrafo (el entrecomillado arriba); y, probablemente, con el mismo que podríamos fijar el color completo que advertiremos en toda la obra. Un hombre será juzgado por el asesinato de un árabe. Para ello, veremos un interrogatorio y además, varios diálogos que tendrá dicho acusado —de nombre Meursault—con distintos personajes. Ésta, por muchos autores, es considerada una de las mejores —sino es que la mejor— de las obras del autor francés. En ésta corta e insigne novela, se nos plantea lo que en filosofía llamamos «El absurdo», corriente filosófica —que también se le atribuye al autor—; que consiste en ese conflictivo esfuerzo realizado por los individuos (o el individuo) en encontrar un real, intrínseco y objetivo valor en el sentido de la vida humana. Pensamiento usualmente ligado al existencialismo (del cual deslindaba el propio autor). Camus tuvo grandes influencias, dentro de los cuales resaltar deberíamos a André Guide, F. Nietzsche, Franz Kafka y el mismísimo Arthur Schopenhauer.
La obra, novela filosófica, es narrada en primera persona por el mismo protagonista, Meursault; quien, de diversas formas representa la máxima del absurdismo. Hombre frío, de destacada impasibilidad y de sosegado carácter; cualidades que serán fundamentales —incluso más que los mismos hechos— para el veredicto de la sentencia. Sobre el título de ésta tan bien edificada obra de la literatura del absurdo, debemos preguntarnos: ¿por qué? Y para entenderlo, debemos intentar intimar con el protagonista, Meursault; y cómo es que éste, se desenvuelve tan opuesta, contraria, antitética y casi antagónicamente frente a los mandatos que la «moral» exige. Al respecto de la edición de éste libro, ¿qué os es más gustoso, libros nuevos o libros viejos?
¿Qué opinión te acaece el autor y su obra?