que miedo da enamorarse cuando lo único que han hecho es romperte el corazón.
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que miedo da enamorarse cuando lo único que han hecho es romperte el corazón.
Perdí la razón hace tiempo atrás; me persigue la poesía como el óbito de las memorias donde no estás. Me editan los fantasmas y me corrigen las sombras. Redacto bajo su tutela mis emociones muertas; escribo con su guía los vestigios de tus horas… lo que queda de tu vida y lo que queda de la mía plasmado en hojas. Perdí la razón hace tiempo atrás. Extraviada está en algún inusitado lugar de mi soñar.
Entre letras y cafeína
Aún a tiempo
No es que disfrute de la amarga compañía de la ansiedad. ¿Qué provecho podría sacar yo, un intento de literato fracasado, de la sombría y brusca presión con la que la ingrata incrusta sus garras sobre mí? ¿Maldito yo?… maldita ella que me juzga a diario con mis propias palabras. ¿Qué alma ruin y atroz despoja a una persona de su único sustento y lo vuelve en su contra? ¿A caso yuxtaponer las perspectivas de uno mismo es el nuevo castigo por intentar llevar una vida decente? No soy yo; no lo digo yo. Yo ya no existo pues me he inmerso y consumido en la plusvalía de mi ansiedad. Estas, mis letras, son lo que alguna vez fue mi lucidez. Lo que a alguna vez le llamé “yo”.
No es que haya desaparecido ni que vaya a hacerlo. Tampoco se trata de anunciar el óbito de mi persona. Va más allá de todo lo que, en su momento, pueda interpretarse como una partida. Esto se trata de rescatar una parte de mí.
¿Qué clase literario sería si no buscase, una vez más, impregnar el papel con el la sangre de mi bolígrafo? Escribo para rescatar esa parte que alguna vez fue libre de hacer y deshacer. Curiosamente, ya no sé lo hago, mas estoy consiente de que con el pasar los días me deshago; fragmento mi persona en lo que, espero, puedan ser los vestigios de lo que fui. Lo que será de mí cuando llegue el punto final no lo sabré yo, ni nadie al menos que el azar presenten mis letras ante unos ojos curiosos; una mente sana y libre.
Oh, lector, rompo mi papel para dirigirme hacia ti. Dispensa mi imprudencia, pero me presento ante ti como alguien que ya fue y que busca ser, nuevamente, “yo”. Toma el control de ti antes de que el paradigma y la paradoja; la incertidumbre y el esotérico lo haga. Define tu mente, establece tu ser. ¡Sé!, maldita sea… sé y haz. De lo contrario, dejarás de ser y dejarás de hacer. Fortalece tu ser y refuerza tu “yo”. Con un carajo… vive tu ser y sofocarás tu ansiedad. Aún estas en momento, aún estas bien; aún estas vivo y aún a tiempo.
- Entre letras y cafeína
En mis cigarros cato el pasado sujetando un vaso con sabor a un amargo futuro. Es mi cabeza la única que efímeramente siente el presente hasta que es ofuscada por una nube de humo y apuñalada por una dosis de licor. Desangra memorias disfrazadas de ideas manchando el lienzo impecable de mi consciencia. Sigo inhalando. Sigo bebiendo. Soy menos persona que humo, menos sangre que licor. Quien detenga esta hemorragia emocional encontrará una cuerpo frío y nefasto, realista y apático… un cuerpo nada más… a otro escritor víctima de la amarga realidad.
Entre letras y cafeína
A su lado anhelaba encontrar las entradas de su cielo, mas lo único que descubrí fueron las puertas de su infierno.
Entre letras y cafeína
Las palabras son las dagas que lastiman sin herir; despiden sus letras que desgarran la piel abriendo camino hasta en el alma hacerse sentir y en el interior comenzar a morir. La escritura es el arma que mata sin dañar, únicamente recordando lo que desde hace tiempo se dejó de extrañar.
Entre letras y cafeína
Esta noche, deseo que mueran miles de personas, para que así, el mundo se libre de tanta gente estúpida.