Me quedé en silencio, engañando a mi mente para no oír lo que ya sabía, trémula y esperanzada creí que algo amable podría salir de su boca, más no fue así.
Una a una sus palabras me dispararon a matar, mal herida, roto, desquebrajada... Aún así huí de lo que decía, encapsule mi cabeza, cerré mi corazón y a mi alma la abrace para que no sintiera tanto dolor.
Él decidió marcharse y ya no dar cuerda a lo que vociferaba su boca. Lo deje ir para poner a salvó lo último de amor propio que me quedaba.
Leregi Renga














