(...) Vimos que el tiempo es todo lo que vemos, que todo lo que vemos se parece, y un bosque junto al mar no es solamente un bosque, es música también –y casa propia, y herida penetrante y muy espesa... Fuimos los dos por los acantilados rojos y secos del pasado, juntos, sin las promesas de entonces, lentamente. Y recuerdo que estaba todo en desorden como el primer día.
Volver | Vicente Valero












