To prevent them interfering at a vital stage in his case, Sherlock tricks his brother and Lestrade into a vault in the Bank of England—and seals them in for the night. With nothing to do but sit and wait for rescue, Greg and Mycroft start talking at last.
Description: Greg goes to 221B to check up on Sherlock after a strange phone call pulls him away from an important case, and is stunned to find himself in front of a gun brandishing soldier with a sleeping Sherlock on his chest. John Watson is a doctor, a war hero, a husband, and the only one in the world who can soften Sherlock's heart.
Review: Another one of that trope everyone loves! Can't get enough of it. John and Sherlock are together before John goes to Afghanistan and no one knows. This was really cute and funny, good read for a laugh and a few "aww"s.
Description: DI Greg Lestrade is a good detective. But sometimes he doesn't trust the evidence in front of him, until there's a compelling reason to do so.
Review: Greg sees, but does not observe. He doesn't realize John and Sherlock are in a relationship until the +1 of the story. Short and cute.
La primera vez que Gregorio se dejó convencer por María para que abriera sus piernas y se la dejara meter, el dominicano se sintió emasculado al principio y al final del acto. No era lo que se suponía que debía hacer. él era el hombre, quien iba arriba, quien penetraba.
Gregorio duró todo un mes esquivando a María y sintiéndose culpable, tan solo para caer otra vez. La segunda vez el sentimiento persistió. Se sintió castrado, cómo si lo hubiesen forzado al rol de mujer. Pero nadie lo había hecho, y ni al alcohol podía culpar.
Gregorio rió amargamente al sentir comparar todo el asunto cómo cuando empezó a hacerse la paja. Lo hacía, se sentía culpable y juraba nunca volver a hacerlo solo para hacerlo otra vez.
Lo irónico del caso es que María nunca se enteró de cómo se sentía. Gregorio mantenía la fachada de amante perfecto que se dejaba seducir ante sus caricias. Al menos por un tiempo.
—Esto me duele —admitió finalmente Gregorio, con la voz entrecortada y jadeante, justo en medio de la penetración.
María detuvo sus movimientos para mirarle
—¿Quieres parar? —le preguntó ella, no captando todo el sentido de sus palabras debido a la ignorancia en donde el dominicano la había mantenido.
Gregorio la miró fijamente, quedando en silencio unos segundos.
—No —confesó, más que para sí mismo que para la chica—. No quiero parar.
La culpa cedió eventualmente. El deseo de Gregorio porque María lo cogiese, no lo hizo nunca.