Es posible hacer trampa en el amor?
Respondan como y cuando.
Pau.-

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Es posible hacer trampa en el amor?
Respondan como y cuando.
Pau.-
PERDI AS CONTAS...
Eu não sei quantas vezes eu orei? Eu não sei quantas vezes eu pedi? Eu não sei quantas horas eu ajoelhei falando com Deus? Eu não sei bem quantas vezes eu tentei entende? Eu já perdi a conta de quantas vezes você teimou comigo feito criança? Eu não sei bem o que o senhor queria dizer com tantas frases soltas e desapercebidas? Eu não sei bem se tinha certeza se estava certo ou errado? Eu perdi as contas de quantas vezes não sonhei com contigo? Mas sei bem que todas as vezes foram avisos! Contei ao Senhor do último sonho; Disse da minha angústia de tê-lo sonhado e não tê-lo visto; Mamãe estava lá. parecia aflita; No último deles, eu pude sentir que tinha te perdido, Chorei no sonho, chorei na vida real; Contei-te o sonho, apenas 1 semana antes de sua partida real; Mas o Senhor não ouviu. De tudo isso eu tinha certeza; Era do meu amor pelo Senhor e de minhas orações! Pai por que o Senhor não me ouviu? Agora o Senhor se foi e deixou apenas saudade e a lembrança do seu jeitinho teimoso! Este era o 1 primeiro neto e filho de um Imigrante Judeu. Tinha muitas histórias dos últimos tempo para contar, mas não conseguimos nos reencontrar para contar novas descobertas. Ele apenas queria estar lá no Céu, Assim ele falava: Em breve estarei junto deles! Junto ao seu velho avô Amaro Gomes Crespo que era meu bisavô e junto de minha Mãe. O que fazer quando alguém sente falta de alguém que já havia partido? Orar!
By: Cris Samper
Terminar.
Hace cuanto no hacía esto. Puedo decir, que hace exactamente 5 años. Es loco pensarlo, porque me hace tan bien. Pero simplemente no podía.. No me salían las palabras, no encontraba el momento. No aceptaba que era yo la protagonista de mi vida. Me acuerdo la última vez que lo hice, sentí que era la última de mi vida. En esos momentos sentía tristeza, resignación y dolor. Estaba con dolor, todavía no había llegado la bronca. Es claro que cuando hay un corazón roto... Hay dolor, hay una sensación de tristeza mezclada con melancolía y confusión. "Son espasmos después del adiós". ¿Pero que pasa con la bronca? ¿Enserio nadie va a hablar de eso? El experimentar bronca después del amor... ¿Es parte del corazón roto o parte de la superación? Es lógico sentir bronca, te rompieron el corazón, pero ¿Que hay atrás de esa bronca? Porque, podemos sentir bronca y sentir que odiamos a esa persona, que no la queremos en nuestra vida... Pero estamos ocultando algo: El amor. Es muy cierta la frase "Entre el amor y el odio hay una delgada línea que los separa" esa línea es la bronca. Ocultamos nuestro amor en la bronca, y así es más fácil superar, atravesar los cambios. Pero no se engañen, sino más bien... Aceptemos. El aceptar es el primer paso. Y el más difícil. El aceptar una pérdida, una sensación y el dolor. Tener nuestro duelo. Llorar y sentir que nunca lloraste así (Aunque ya lo habías hecho). Llorar y sentir que esa liberación nunca es completa, y que hasta te hace mal porque... No podés parar. Ocultar las lágrimas es lo peor, porque cuando nos encontramos en soledad las liberamos de manera brusca. No es fácil. Pero les aseguro, que después de esta tormenta, hay un gran arcoiris que nos espera. Porque, al fin de cuentas... Aceptar que lo que vivías no lo merecías, es realmente un mimo al alma. Aceptar... terminar.
Vazio
Eu não estou deprimida,
Mas estou vazia, como nunca imaginei.
Nada mais dói, nada machuca, lembranças são só lembranças, frases bonitas foram só palavras.
E os dias me arrastam com uma paciência irritante.
💙😍
Un café con mi yo de 16...
La campanilla de ese cafecito tradicional en el centro de Arandas vuelve a sonar. El olor a grano tostado y a pan recién horneado abraza el lugar. Yo —tu yo de 38 años— estoy sentado en una mesa junto a la ventana. Me siento en paz, pleno, sabiendo todo lo que hemos recorrido.
Y entonces, entras tú.
Tienes 16 años. Llevas esa mochila pesada, la mirada inquieta y la cabeza llena de cables, códigos y sueños que parecen inalcanzables. Te acercas despacio a la mesa, casi temblando al reconocerte en mis ojos, en mi sonrisa, en esta barba que ya asoma los años. Te sientas frente a mí, mudos los dos por un segundo.
La mesera nos deja dos cafés humeantes. De inmediato, con ese nerviosismo tuyo tan clásico, te llevas las manos a los bolsillos del pantalón buscando tus monedas ahorradas para pagar.
Sonrío con el alma entera, extiendo la mano y detengo la tuya con firmeza y cariño.
—Tranquilo, chamaco. Guarda esos pesos. Hoy invito yo —te digo, mirándote a los ojos—. Para eso nos hemos partido el lomo estudiando y trabajando. Y créeme, nos va muy, pero muy bien.
Agarras tu taza con ambas manos, buscando calor, y con la voz un poco temblorosa por la emoción, me sueltas la pregunta que te quema por dentro:
—¿Sí la armamos? ¿Sí logramos estudiar sistemas? Dime que no estamos atrapados en una oficina gris haciendo cosas aburridas...
Me recargo en la silla, inflado de un orgullo que me desborda.
—Agárrate fuerte. No solo nos hicimos Ingenieros en Sistemas. Volamos mucho más alto. Hicimos una Maestría en Ciencia de Datos y, mírame bien, estamos a nada de convertirnos en Doctores en Sistemas Computacionales. ¿Y sabes qué nos apasiona con locura? La ciberseguridad. Somos buenísimos en eso, muchacho. Diseñamos formas de proteger infraestructuras enteras, analizamos riesgos, evitamos que los sistemas colapsen. Somos como los guardianes de ese mundo digital que tanto te fascina. ¡Hasta hicimos estancias de investigación en lugares importantísimos y nos nominaron a los Premios Huella de Oro como líderes en innovación! La gente respeta nuestro trabajo.
Tus ojos de 16 años brillan como estrellas. Se te dibuja una sonrisa enorme, incrédula. Pero antes de que digas nada, me inclino sobre la mesa para contarte mi secreto favorito.
—Pero hay algo todavía mejor que los títulos. Damos clases. Darle clases a jóvenes universitarios es... mágico. No te imaginas lo inspirador que es pararte frente a un grupo de chavos que tienen la misma chispa que tú tienes ahorita, y enseñarles a programar, a entender la tecnología, a no rendirse. Ver cómo se les ilumina la cara cuando entienden un código o resuelven un problema es la mejor recompensa del mundo. Nos convertimos en ese maestro que siempre quisimos tener.
Tomas un trago de café, asimilando la inmensidad de tu propio futuro. Y luego, el brillo de tus ojos cambia. Se vuelve más suave, bañado en esa nostalgia que a tus 16 años todavía está a flor de piel.
—Oye... y en la casa, ¿qué tal? ¿Mamá Soco está bien? Y... el vacío por nuestro Tito Simón, ¿algún día se quita? Hace apenas dos años que se fue y duele muchísimo...
Siento un nudo de esos que te aprietan la garganta hasta sacar lágrimas. Suspiro profundo y te miro con toda la ternura de la que soy capaz.
—Mamá Soco está hermosa. Sigue siendo nuestro pilar, la fuerza que nos levanta cada mañana. Ella es nuestro hogar. Y sobre nuestro Tito Simón... A mis 38 años, te confieso que lo sigo extrañando con toda el alma. El dolor no desaparece, muchacho, pero se transforma en un amor inmenso. Hay días en los que daría todos mis títulos, todo lo que he logrado, por un solo abrazo suyo. Pero él vive en nosotros, en cada logro, en cada paso firme que damos. Lo hicimos sentir muy orgulloso, te lo prometo. Él camina con nosotros siempre.
Una lágrima rueda por tu mejilla de adolescente, y te la limpias rápido. Asientes, entendiendo el peso de la vida.
—¿Y los perros? —preguntas con un hilito de voz, buscando cambiar a algo que te dé consuelo.
—Mega, Byte y Lash nos regalaron los años más felices y leales, pero también tuvieron que cruzar el arcoíris. Lloramos a mares. Sin embargo, ese amor tan grande nos dejó el corazón listo para que llegara Tera. Es nuestra perrita actual, un torbellino de amor peludo que nos vuelve locos de felicidad. También vas a ver crecer a tus sobrinos, a tu sobrina Nicole... la familia sigue siendo todo para nosotros.
Me miras fijo, procesando el dolor y la alegría, todo mezclado. Y entonces, haces la pregunta que más te aterra, la que todo chico de tu edad lleva guardada.
—Y... ¿nos van a querer? ¿Alguien se va a enamorar de nosotros, así como somos?
La sonrisa más grande de la tarde se me dibuja en la cara. Se me ilumina el semblante entero.
—Juan Carlos... la vida nos premió con lo más hermoso del universo. Vas a conocer a Andrea. Ella es nuestra esposa. Y escúchame bien: es espectacular. Es una mujer de una inteligencia que te deja sin aliento, es brillante, divertida y bellísima. Ella es nuestro refugio, nuestro equipo, la que nos toma de la mano cuando las cosas se ponen difíciles y la que celebra con nosotros cada victoria. Con ella, todo en la vida cobra sentido.
El joven de 16 años que tengo enfrente deja salir un suspiro larguísimo, soltando todos sus miedos de golpe. Se limpia los ojos y me sonríe con una paz que inunda el lugar.
—Parece que... parece que todo va a estar bien.
—Todo va a ser extraordinario, muchacho —te digo, con la voz quebrada por la emoción—. Sigue siendo noble, sigue estudiando, llora a los que tengas que llorar y ama con todas tus fuerzas. El futuro que te espera es maravilloso.
Dejo el dinero sobre la mesa, me levanto y te doy el abrazo más apretado del mundo. Un abrazo que cierra heridas, que calma ansiedades. Un abrazo donde el niño asustado y el hombre pleno se funden, sabiendo que, al final, ganamos.
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