Leo por ahí:
No hay que confundir el hecho de tener uno —o varios— objetivos en la vida, retos y desafíos que nos proponemos conseguir, con proyectos ideales, absurdos y utópicos.
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Leo por ahí:
No hay que confundir el hecho de tener uno —o varios— objetivos en la vida, retos y desafíos que nos proponemos conseguir, con proyectos ideales, absurdos y utópicos.
Eu fiz isso, no finzinho do ano dei minha opinião pessoal na Internet em dois momentos e em duas discussões separadas e polêmicas. Sim. Cai na toca do coelho e estou caindo ainda. Estou com dor de cabeça. Estou decepcionado. Estou agoniado pela cegueira. Estou cansado. Sem tempo, sem paciência e sem tesão. Me lembra os anos da discussão "psicologia online não é válida", "relacionamento pela Internet não existe", "livros vão acabar", "ovos fazem bem ou mal para o colesterol". Dói, lá dentro, ver extremos, preconceitos e conceitos distorcidos. Ver olhos fechados para realidades que não são a sua ou a minha. Há tanto para ser falado e explicado que me calo. A única frase que martela incessante na minha cabeça é essa, que já publiquei aqui no passado e, agora a de que há muitos ismos (idealismo, egoísmo, esse sufixo que possui ao menos seis possibilidades de significados: Fenômeno Linguístico, Sistema Político, Religião, Doença, Esporte, Ideologia, entre outros) separando semelhantes, desmontando e reconstruindo trabalhos na dinâmica que é a da vida, mas não tão exponencial quanto escrever para milhares. Quem é influenciado e quem influencia? Quem ganha é quem perde? Quem se move, se auto implode ou explode o mundo? Esquecemos que somos parte integral de um todo e que só essa frase é recorrente como em um spector fractal. Que há complexidades. Que há intersecção. Que há imprevisibilidade e diferenças... Ah.. Dói. Mas seguimos tentando... Deixa eu ir lá responder a thread pq o meu is o (idealismo) tá pulsando... ---- Ouça o Podcast, marque sua sessão, compre camisetas que to quase tirando do ar a loja... https://linktr.ee/psico.online o link tbem tá no perfil. ---- · · · · · #egoismo #sonhos #idealismo #egoismos #viagem #egoísmo #dor #egoísmos #sonhosrealizados #egoismosano #dorado #realizandosonhos #nãoéegoísmo #idealismos #egoismonao #amor #dorsal #sonhoserealizando #idealismocontenidos #egoismopuro #dicas #sonhoseplanos #filosofia #amorproprio #egoismohumano #bonssonhos #semegoísmo #egoismopositivo #fé #paz https://www.instagram.com/p/CJbuTFyl1W3/?igshid=gu11ssuj9oke
De pronto encontrarte por accidente me baje de la nube idealizada a la que me subí.
- Oz 💫
Le estoy perdiendo el gusto a toda esta farsa culpable de idealismos mal encaminados o mal entendidos por transmisores o receptores de mensajes
Mary Ann Glendon | Las Mujeres y la Cultura de la Vida (I): Feminismo y dogmatismo
Desde el sitio dirigido por Juan Jo Romero (ConoZe) encontré el presente artículo, intelectualmente complejo e interesante, lo recomiendo ampliamente, para la reflexión y el apoyo a la formación del criterio que guiará la acción.
Sobre la autora:
Conferencia de mary ann glendon, profesora de derecho de la universidad de harvard y ex embajadora de usa ante la santa sede (2007-2009) ante el consejo pontificio de los laicos
Fuente original: ConoZe
Autor: Mary Ann Glendon
Mi charla esta mañana es una elaboración de la sugerencia en mis observaciones de apertura de ayer que, para los cristianos católicos, el asunto de un "nuevo feminismo" se ilumina cuando lo ponemos dentro del contexto de la "Nueva evangelización". Porque cuando intentamos expresar nuevas y mejores maneras de tratar los temas que preocupan profundamente a las mujeres, lo hacemos, en parte, debido a nuestra misión de "transformar la cultura".
Al día de hoy, las palabras desafiantes de Evangelium Vitae (99) están grabadas en las mentes de todos: "Transformando la cultura de modo que apoye la vida, las mujeres ocupan un lugar, en pensamiento y la acción, que es único y decisivo. Depende de ellas promover un'nuevo feminismo'".
Me imagino que no soy la única mujer aquí que encuentra esas palabras un tanto abrumadoras. Me recuerdan a cómo me sentía cuando era joven y mis padres me animaban a veces a que llevase a cabo una tarea que percibía estaba más allá de mi capacidad. Por un lado, me sentía feliz que tuviesen tanta confianza en mí; por otra parte, me sentía nerviosa no solamente por la posibilidad de fallar, sino también por la posibilidad de decepcionar a mis padres. Ahora, aquí está el Santo Padre diciendo que las mujeres debemos transformar la cultura y ¡expresando su plena confianza en que podemos hacerlo! ¡Naturalmente, no deseamos decepcionarlo!
Pero no podemos dejar de preguntarnos: ¿Cómo puedo yo responder personalmente? ¿Cómo incluso comienzo personalmente a pensar en cómo responder? Déjeme admitir ahora mismo: ¡No digo tener las respuestas! Mi aporte a nuestras ideas en común consiste en tres sugerencias sobre maneras en las cuales nosotros como los católicos podemos acercarnos al desafío de promover un nuevo y mejor feminismo. Ellas son:
Un "nuevo feminismo para el siglo XXI" debe evitar el dogmatismo excesivo que caracterizó al viejo feminismo del siglo XX;
La llamada a un "nuevo feminismo" en Evangelium Vitae se debe considerar conjuntamente con la llamada para "una cultura auténtica del trabajo" en Centesimus Annus; y
La llamada para un "nuevo feminismo" se debe considerar conjuntamente con las llamadas recientes para que el laicado esté a la vanguardia de la nueva evangelización.
1. Feminismo y Dogmatismo
Si tenemos presente que nuestra tarea final es transformar la cultura, podemos ver enseguida que un acercamiento doctrinario no hace probable un gran avance en esta causa. De hecho, el carácter dogmático del viejo feminismo es una de las características que evitaron que ganara los corazones y las mentes de la mayoría de las mujeres. No es solamente que la mayoría de la gente encuentra el tono dogmático ofensivo, sino también que es mejor admitir lo que sabemos y no sabemos que hacer declaraciones que no puedan ser sustentadas.
Las feministas de fines del siglo XX han hecho declaraciones radicales y empíricas que no pueden ser sustentadas. Las "feministas de la igualdad" insistieron en que no hay diferencias significativas entre los hombres y las mujeres; las "feministas de la diferencia" en que los hombres y las mujeres son especies prácticamente diversas; y las "feministas del género" que ese género se construye socialmente y es indefinidamente maleable. Todas exigieron lealtad a su línea partidaria. Para desarrollar un nuevo feminismo, debemos tener cuidado en no caer en las mismas trampas.
Déjenme aclarar algo: evitar el dogmatismo no implica que debamos ser tímidos al afirmar nuestras convicciones. Significa, por el contrario, tener un acercamiento similar al modelado por Juan Pablo II en su Carta Apostólica de 1988 sobre la dignidad y la vocación de mujeres. Éste es un Papa que sabe ser didáctico cuando es apropiado. Pero Mulieris Dignitatem es conversacional, más que didáctico en su tono. Se describe como una "meditación", e invita a los fieles a participar de la conversación. Pide que pensemos con la Iglesia en la dignidad y la vocación de las mujeres dentro del amplio contexto de la historia de la Salvación.
Al mismo tiempo, el Santo Padre insiste con firmeza en ciertos puntos. Indica categóricamente que no hay lugar en la visión cristiana para la opresión de mujeres o para la violación de su dignidad e igualdad. Pide con firmeza que todos los hombres miren en sus corazones para ver si están tratando a las mujeres como sujetos y objetos más que como iguales hechos a imagen y la semejanza del Dios.
Pero lo que es quizás más instructivo es la modestia de esta Carta. El Santo Padre, a pesar de ser el gran intelectual que es, reconoce libremente que no ve claramente el camino a seguir, porque en una época de grandes transformaciones sociales, surgen constantemente preguntas y problemas nuevos. Indica que uno no puede tener una comprensión adecuada de la persona humana "sin la referencia apropiada a lo que es femenino", pero reconoce la necesidad de un estudio más antropológico y más teológico de las bases de la dignidad masculina y femenina. No vacila en admitir que el tema del rol de los sexos es complicado, y en pedirnos a todos nosotros que pensemos con él acerca de estas materias a la luz de la fe, de las Escrituras y de la Tradición.
El tema es complicado. Pues nosotros los cristianos sostenemos que la cosa más importante sobre nosotros no es que seamos mujeres u hombres, sino que hemos sido bautizados en Cristo: "Entre ustedes que han sido bautizados en Cristo Jesús, no hay ni judío ni Griego, ni varón ni mujer, ni esclavo ni hombre libre". A la luz de nuestra unidad como hermanos y hermanas en Cristo, las otras diferencias palidecen; pero esto no significa que no existe ninguna diferencia entre los hombres y las mujeres, o que estas diferencias sean poco importantes. No somos espíritus puros, estamos encarnados como hombres y mujeres.
Esta encarnación tiene relación con el cómo buscamos la perfección de nuestra naturaleza. Pero no es fácil determinar exactamente cuál es. Por un lado, existen tantas diferencias individuales entre nosotros que no existen dos personas, varón o mujer, que puedan buscar la perfección de su naturaleza absolutamente de la misma manera. Por otra parte, cada uno de nosotros vive no solamente en un cuerpo, pero en un momento determinado de la historia, y dentro de sociedades que tienen ideas diferentes sobre las mujeres y los hombres y sus relaciones entre sí. El estado actual del conocimiento humano no permite que sepamos todo sobre qué es lo natural y qué es resultado del condicionamiento cultural en los hombres y mujeres.
El Santo Padre se ha esforzado mucho para evitar dar la impresión de que los hombres y las mujeres deben ser encerrados para siempre en los papeles asignados a ellos por las costumbres de un tiempo o de un lugar determinado. Los cristianos son, después de todo, gente en movimiento: hemos sido llamados a "revestirnos del hombre nuevo" y "a no conformarnos con el espíritu de la época".
Mulieris Dignitatem nos recuerda que Jesús mismo rompió radicalmente con las costumbres de su tiempo en su trato con las mujeres. Todos conocemos la historia de cómo los discípulos lo dejaron solo junto a un pozo en Samaria mientras que entraban a la ciudad a comprar provisiones. Cuando volvieron, lo encontraron en medio de una conversación muy personal con una mujer Samaritana. Las Escrituras nos dice que los discípulos "se maravillaron que él estuviese hablando con una mujer"(Juan 4:27).
Y sin dudas. En esos días, los judíos no pasaban ordinariamente tiempo con los Samaritanos, ni la mayoría de los hombres tenían conversaciones serias con las mujeres en público. Esta mujer, por otra parte, era particularmente un personaje. Ella misma desafiaba la antigua costumbre que desalienta a las mujeres en todas las culturas, incluso hoy en día, a hablar con los hombres desconocidos. Y habría sido probablemente evidente por su ropa y sus maneras que no estaba yendo precisamente a sus clases de religión. Se parece a una versión Oriental antigua de la esposa terrenal de Bath descripta por Chaucer en "The Wife of Bath" ("de maridos en la puerta de la iglesia ella tenía cinco…").
El encuentro con la mujer en el pozo, como sabemos, no fue un incidente aislado. En el curso del su ministerio, Jesús hizo amistad con muchas mujeres, incluyendo pecadoras públicas, y confió muchas de sus enseñanzas más importantes a las mujeres. Siguiendo los pasos de su Fundador, el Cristianismo ha hecho mucho en su larga historia para liberar a mujeres de costumbres que negaban su dignidad, estableciendo los principios del matrimonio monogámico e indisoluble, para mencionar solamente dos de las prácticas culturales más extendidas por el mundo antiguo de las cuales la Iglesia se alejó más dramáticamente.
Pero increíblemente, esos logros son precarios hoy. El cristianismo nunca ha penetrado completamente en la cultura en ninguna parte; y los cristianos nunca se han opuesto completamente a los elementos anti-cristianos de la cultura. Cuando Juan Pablo II dijo en su carta de 1995 a las mujeres que la "historia y el condicionamiento cultural" han puesto obstáculos en el camino del progreso de las mujeres, él hablaba no solamente del pasado remoto. Aunque las posibilidades de educación y empleo se han ampliado grandemente, las prácticas y las actitudes que prevalecen en nuestra propia época todavía están evitando que muchas mujeres alcanzaran el uso completo de sus talentos y la perfección completa de sus naturalezas. Todavía se niega a las mujeres su dignidad completa mediante costumbres y condicionamientos culturales que no tienen nada que ver con el cristianismo, pero que han encontrado la forma de filtrarse en los hábitos de los cristianos.
Piensen, por ejemplo, en las nuevas costumbres y actitudes introducidas por la revolución sexual, el aumento de la separación del matrimonio de la procreación, el aumento del divorcio, y el resurgimiento de la poligamia en su forma serial. ¿Qué clase de liberación es la que ha impedido el desarrollo intelectual y espiritual de tantas muchachas y mujeres? ¿Que ha traído tanta enfermedad, pobreza, aborto y madres y padres solteros?
Muchas de estas nuevas costumbres han sido promovidas, es triste decirlo, por las formas de feminismo que crecieron a finales del siglo XX en las sociedades influyentes. Las feministas de los años 60 y 70 se quejaban con justicia de que a las mujeres se les había pedido siempre hacer sacrificios por los cuales recibieron muy poco respecto o premio de parte de la sociedad o incluso a menudo, de sus propios maridos. Pero el mismo movimiento feminista entonces procedió a mostrar la misma falta de respeto, al denigrar la maternidad y tratar al trabajo fuera del hogar como la única forma de trabajo que cuenta. Para compensar por los errores pasados, este movimiento (que pone tanto énfasis en la "opción") llega a no respetar la opción libre de las propias mujeres a favor de la vida familiar.
Muchas de las "victorias" del feminismo de los años 70 parecen hoy huecas. Vivimos en una época en que las mujeres tienen más derechos legales que nunca antes en la historia, sin embargo su dignidad, su intrínseco valor como seres humanos, se compromete en un número de maneras que son distintivamente modernas. Habiendo ganado los "derechos reproductivos", se les deja a las mujeres cada vez más solas para que se hagan cargo de la responsabilidad de las consecuencias de ejercitar estos derechos de manera poco sabia. La pornografía, que alguna vez estuvo oculta, se vierte ahora abiertamente en los entretenimientos, anuncios publicitarios, y los medios de comunicación masivos. Las mismas revistas de mujeres que aconsejaron alguna vez a sus lectoras sobre cómo coser, cocinar, y criar niños animan hoy a las mujeres a que se conviertan en objetos sexuales. Las mujeres están siendo presionadas para que den prioridad al mercado de trabajo por encima de la crianza de sus hijos, y el declive del matrimonio ha convertido al papel de la maternidad en algo progresivamente peligroso. Mucho de esto ha ocurrido en el nombre de un nuevo dogma en el que la disensión no se permite: las mujeres y los hombres deben ser tratados exactamente de la misma manera.
No habla bien de la formación intelectual de las feministas de la vieja-línea el que hayan elegido estacar su tienda ideológica en suelo tan inestable. En lo que se refiere a la paternidad, una cantidad extensa y en aumento de evidencia demuestra que las diferencias entre los hombres y las mujeres sí cuentan, y mucho. Desdichadamente, las elites intelectuales y líderes de opinión parecen a menudo ser los más lentos en aprender de la evidencia y de la experiencia. La segunda mujer de la historia en ser parte de la Corte Suprema de Estados Unidos, por ejemplo, ha dicho en el Washington Post,"El amor maternal no es como siempre se lo ha pintado. De alguna forma es parte de un mito que los hombres han creado para hacerles creer a las mujeres que hacen este trabajo a la perfección". "Las mujeres no serán de verdad liberadas", continúa la jueza Ruth Ginsburg, "hasta que los hombres compartan el cuidado de niño con ellas igualitariamente". El feminismo rígido de dura-línea de la jueza Ginsburg, se refleja en una serie de decisiones de la corte que han hecho casi imposible que los Estados Unidos esté en conformidad con el artículo 25 de la declaración universal de derechos humanos que proclama que la "maternidad y la niñez tienen derecho a cuidado y ayuda especiales".
La forma dominante de feminismo en los años 70, "feminismo de la igualdad", adoptó el modelo masculino para el adelanto que prevalecía en esos años. Esa decisión reforzó las tendencias económicas que ejercieron presión cada vez más y más sobre mujeres y hombres para subordinar la vida de familia a las demandas del lugar de trabajo. Pero incluso los hombres ahora están reaccionando cada vez más contra un modo de vida que da tal prioridad al mercado de trabajo. Ni los hombres ni las mujeres desean ser homínidos unisex, acomodando sus vidas para calzar en los lugares dictados por la operación ciega de las fuerzas del mercado.
Las feministas de los años 70 mostraron un pobre poder de razonamiento cuando saltaron a vagón de la "liberación sexual". Sus predecesoras más sabias habían entendido que las mujeres y los niños pagan la mayor parte del precio de una relajación de la moral sexual. Cuando el movimiento de finales de siglo XX insistió en "la libertad sexual y reproductiva", cayó directamente en las manos de hombres irresponsables, de la industria lucrativa del aborto, y de los reguladores agresivos de control de población.
Las buenas nuevas son que el feminismo doctrinario de los años 70 está de salida en los países en donde originó –en el sentido que la gran mayoría de las mujeres ahora rechazan el llamarse feministas. En su encuesta a las mujeres americanas de todas las edades y formas de vida, Elizabeth Fox-Genovese descubrió que, mientras la mayoría de las mujeres comparten las metas feministas de la oportunidad educativa y ocupacional ecualitaria, ellas mismas han rechazado feminismo oficial. Lo han hecho así, dicen, porque perciben al feminismo indiferente a sus preocupaciones más profundas. Son alejadas por su actitud negativa hacia el matrimonio y la vida de familia, su actitud antagónica hacia hombres, su intolerancia hacia la disensión de sus posiciones oficiales, y por falta de atención a los problemas de balancear vida del trabajo y de familia. Las mujeres jóvenes se sientes alejadas aún más que las de más edad.
Pero las malas noticias son que muchas de las peores ideas del viejo feminismo están atrincheradas en la ley y la política en los países influyentes. De esta forma, los esfuerzos contemporáneos en dar respuesta a los problemas de armonizar vida laboral y de familia tienden a centrarse en la socialización del cuidado de niño, más que en encontrar maneras de apoyar los deseos reales de la mayoría de las madres de pasar más tiempo con sus propios niños.
En suma, cualquier proyecto para un nuevo y mejorado feminismo tiene delineado su trabajo. Por un lado, debe evitar el determinismo biológico crudo que no permitió que muchas mujeres desarrollen sus talentos el pasado, pero por otro lado debe evitar la deconstrucción imprudente del género promovido por el feminismo oficial. Somos afortunados al hacer frente a esa tarea con la ayuda de una gran tradición intelectual y un cuerpo de enseñanzas en las cuales la Iglesia como "experta en humanidad" ha reflexionado larga y profundamente en las cuestiones sociales.
→Las Mujeres y la Cultura de la Vida (II): Un nuevo feminismo y una nueva cultura del trabajo
El profundo desconocimiento sobre la religión
Me parece que existe una profunda ignorancia sobre lo que es la religión católica, y lo que representa el Papa, en un nivel socio-cultural que es alarmante.
Es común escuchar hablar en los medios de comunicación sobre opiniones "sofistas" o infundadas sobre la Jornada mundial de la juventud (JMJ), y sobre todo los gastos que representa tener un invitado de honor en Madrid. Parece que la mayoría de las personas que atacan a la religión, no viven mas en la realidad, o al menos no la conocen, no por decisión sino por imposición social, ya que nunca tuvieron un acercamiento real a la moral o altos valores católicos.
Se han dejado engañar y deshumanizar.
Es triste ver, no los ataques a la iglesia, a la JMJ e incluso al Papa Benedicto XVI, lo triste es que los sectores violentos son manipulados enteramente por medios de comunicación, ideologías, políticos y mucho más, dejando a la realidad de lado, dejandose engañar. Se han olvidado que el método científico, las universidades, las obras de caridad, la lucha constante frente a la injusticia, la solidaridad, el esclarecimiento de la dignidad y naturaleza humana, los métodos educativos, el sacrificio y caridad, no son tópicos desarrollados por la típica sociedad humana o su ingenio, sino propuestos y desarrollados por la misma iglesia católica e instituciones religiosas (guiadas por el espítitu santo), atacarlas es atacar al mismo ser humano y lo mas profundo de su ser en todas sus esferas y dimensiones. Este es el peor error de sus atacantes, que se atacan así mismos, como ya ha pasado en momentos pasados de la historia, como lo fue con el Fascismo, la alemania Nazi, Japón, Inglaterra, Francia, el mismo México, España, Africa, Sudamérica, en fin, donde la naturaleza del hombre se encuentra con un laicismo dogmático es común encontrar la deshumanización general.
Recordando las sabias palabras de mi director espiritual: nadie da lo que no tiene, y nadie ama lo que no conoce. Defintivamente no conocer la verdad del ser humano y su naturaleza es poco etico, la religión no es lo que el pseudo mivimiento 15M cree que es, pero al parecer eso no importa por que "antes Hooligans que creyentes"...siendo así en alguien debe de actuar prudentemente, pero no por que el gobierno o los sectores sociales lo manden, sino por que el mismo Jesus Cristo, hijo de Dios así nos lo mando.
Dejo el siguiente artículo que me parece muy esclarecedor.
Fuente: laiglesiaenlaprensa, aceprensa
En torno a la JMJ: antes “hooligans” que creyentes...
Ofrece Ignacio Aréchaga en Aceprensa un documentado análisis sobre lo que supone la JMJ para Madrid, también desde el punto de vista económico. No repito aquí los datos, pero la información me parece bastante contundente, hasta el punto de que la conclusión es obvia: “si las agencias de rating se ocuparan también de calificar los eventos de alcance internacional, no hay duda de que a la JMJ de Madrid le darían su nota máxima, AAA”.
Se refiere también a las protestas marginales que esta iniciativa ha suscitado. Aquí me limito a reproducir un párrafo, pues me parece que no tiene desperdicio:
"Los críticos, aunque sean pocos, tienen todo el derecho del mundo a decir que son alérgicos a la religión. Pero, como los argumentos “económicos” son tan insostenibles, deberían centrar el debate en lo que verdaderamente les molesta: que los cientos de miles de jóvenes que acuden a la JMJ vengan a rezar, a escuchar a Benedicto XVI, a dar testimonio de la alegría de su fe, a sentirse unidos con otros jóvenes. Da la impresión de que algunos preferirían que fueran hooligans antes que creyentes".
Me parece que da en el clavo
Sobre fantochadas y política: "Nobel de la Paz"
Recuerdo en la universidad como varias(os) "estudiantes" se unieron al grupo de "Apoyo al indígena" y siendo muy "solidarias (os)" fueron a ZARAOaxaca a comprarse sus vestidos típicos, y "a darle" a la campaña que denominaron "conciencia indigena". Y aunque todo esto es puro cuento, no va muy lejos de la realidad ya que en cada salón existía o existe la niña o niño politicamente correcto/a comprometido/a o al menos eso pensaban ellos.
Como que no me sonaba congruente el tener un carro, un departamento de lujo, un celular último modelo y luchar enardecidamente por el "reconocimiento indígena" (sigo sin saber que significa esto para ellos), sobre todo cuando el contacto con los indígenas es nulo por parte de estos "estudiantes", es más de repente había cierto rechazo de la humildad por parte de los grandes luchadores universitarios de las causas.
Mi vecina idealisó a Rigoberta Menchú, estamos hablando del año 2000, donde ya se sabía la realidad de esta "farza" mas poítica que nada, pero mi querida vecina no tenía idea de la realidad de su nueva "diosa", y apartir del 2000 hasta la fecha se hecho sus guaraches, su mal lenguaje (una decisión enteramente personal que nada tenía que ver con su causa) y sus vestidos folkloricos a la maleta de su vida. Cosa que no me molesta pero siendo motivada por un fraude y siendo hija de un empresario, pues como que la incongruencia aflora.
Esto definitivamente pasa cuando no se vive en la realidad, así que, de fantochadas y falta de realidad el premio Nobel de la paz, pero si no me creen, copio el artículo del 2007 de Xavier Sala-i-Martín, que seguramente encontrarán interesante.
Premio Nobel de la Paz
Enero de 1982: una joven guatemalteca de ascendencia maya llamada Rigoberta Menchú Tum, se reúne en Paris con la escritora francesa de origen venezolano, Elisabet Burgos. De las conversaciones que las dos mujeres mantienen durante dos semanas sale el libro Me llamo Rigoberta y así me nació la conciencia, que narra la trágica historia de la joven. El libro explica que Rigoberta era hija de campesinos pobres que cobraban salarios miserables trabajando en condiciones de esclavitud en las plantaciones de café propiedad de ladinos (blancos descendientes de colonos españoles). La pobreza impidió que Rigoberta fuera al colegio y sólo aprendió español unos meses antes de ir a París. Un día, los guardaespaldas del terrateniente apalizaron a su padre, Vicente Menchú, por defender a los campesinos mayas. A raíz de esa paliza, Vicente empezó un movimiento campesino de liberación. El gobierno capturó a su hijo, Petrocinio, que fue torturado y quemado vivo delante de todo el pueblo, con la pequeña Rigoberta como testigo principal. Luego el padre lideró una masiva manifestación de protesta que fue aplastada nada más llegar a la capital. Rigoberta se escapó a México desde donde lideró el movimiento revolucionario. La historia era tan trágica y tan conmovedora que en 1992, Rigoberta fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
En 1999, el antropólogo David Stoll investigó los hechos. Resulta que la familia Menchú era una familia relativamente rica, propietaria de 28 kilómetros cuadrados de tierra. Vicente, el padre, nunca tuvo que trabajar para los ladinos y quien le apalizó, no fueron los guardaespaldas del terrateniente sino los hermanos de la madre, los Tum, otra familia rica que se disputaba la tierra con los Menchú. Tampoco es cierto que la pequeña Rigoberta no tuviera estudios: fue a la escuela de las monjas blancas y allí aprendió español muchos años antes de ir a Paris. Y aquello de que Petrocinio fuera quemado vivo también era invención: nadie en el pueblo recuerda que la policía incendiara al hermano de Rigoberta. Lo que sí es cierto, es que un día éste desapareció y que nadie lo ha vuelto a ver, aunque testigos aseguran haberlo visto en Nueva York.
Tras la publicación del libro, Rigoberta acusó a Stoll de estar al servicio de la dictadura guatemalteca. Pero poco después confesó que mucho de lo que explicaba en su libro era una fabricación de la escritora Elisabet Burgos, que resultó ser militante de diferentes causas rebeldes en Sudamérica y que estaba casada con Régis Debray, un revolucionario francés amigo del Che. Una vez desenmascarada la farsa, se ha pedido que se le retire el premio Nobel a Rigoberta (como las medallas olímpicas a Marion Jones) pero eso no ha sucedido.
Y es que, año tras año, el comité Nobel de la Paz nos defrauda premiando a alguien que ha violado flagrantemente los principios pacifistas defendidos por Alfred Nobel o que no hecho nada para defender paz. Según sus propios estatutos, el premio Nobel de la Paz se otorga al individuo o grupo que más haya trabajado por la fraternidad de las naciones, por la abolición de los ejércitos o por la promoción de congresos de paz. Si preguntamos a la gente de la calle qué persona del siglo XX mejor encarnó estos principios, seguramente la mayoría señalaría a Mahadma Ghandi. Pues bien, Ghandi nunca ganó el premio Nobel de la Paz.
En cambio, sí han sido galardonados conocidos terroristas o líderes que han luchado por sus causas a través de la violencia: desde Yaser Arafat -que siempre apareció ante el público con su uniforme militar- hasta Henry Kissinger -instigador del golpe de estado de Pinochet y que contribuyó a finalizar la guerra de Vietnam más por necesidad de política interna que por convicción pacifista- pasando por Anwar el Sadat -conocido por eliminar a enemigos políticos a través de “accidentes” aéreos- o la propia Rigoberta Menchú quien, a diferencia de Ghandi, promueve una revolución indígena violenta contra los blancos.
Entre los galardonados por defender causas que no tienen relación con la paz tenemos al ganador del año pasado, Muhammad Yunus, que creó un banco para dar crédito a los pobres, Wangari Maathai que ganó por defender la sostenibilidad en Kenya, o médicos sin fronteras por su labor humanitaria. La erradicación de la pobreza, la defensa de los árboles y la salud pública son causas extraordinariamente nobles… pero que no tienen nada que ver con los objetivos del Nobel de la Paz.
Lo que nos lleva al premio de 2007 concedido a Al Gore y al IPCC de la ONU por su labor en la creación y diseminación del conocimiento sobre el cambio climático. ¿Qué han hecho para merecer este premio? La respuesta es que no han hecho nada. Absolutamente nada. Evitar el calentamiento del planeta puede ser muy importante, pero ni Al Gore ni el IPCC han trabajado por la fraternidad de las naciones, ni la abolición de los ejércitos ni han promovido congresos de paz. La concesión del premio de este año es, pues, una nueva farsa. Lo peor es que Al Gore comparte con Rigoberta Menchú su afición por fabricar historias. Y eso no lo digo yo, lo dice el otro ganador del mismo premio, el IPCC, cuyas aportaciones científicas demuestran que hasta nueve de las más dramáticas afirmaciones hechas por Gore en su documental son exageraciones que faltan a la verdad. Resumiendo: una verdadera vergüenza.
Por favor, que alguien acabe con la fantochada y elimine los premios concedidos con motivaciones políticas y que empiece, sobre todo, por el Premio Nobel de la Paz.
Marion-ética. Los "expertos" de la Onu imponen su ley.
Directamente de la editorial. Gran análisis, totalmente en el realismo. Recomendable.
Marguerite A. Peeters.
Desde el final de la guerra fría, se extiende por todo el planeta una nueva revolución cultural de corte laicista. Gobiernos y ciudadanos secundan sin rechistar su pautada hoja de ruta, y contribuyen activamente a su propagación. ¿Quién va a oponerse a los derechos de la mujer o del niño en el planeta?
Pero bajo esos derechos se esconde una nueva ética, fruto de las revoluciones feminista, sexual y cultural del siglo XX, que se filtra en los organismos internacionales y exige a gobiernos e instituciones una sumisión propia de marionetas.
La autora, tras una amplia investigación, ofrece al lector una información indispensable para entender muchas políticas y conductas actuales, entre ellas la ideología de género.
Marguerite A. Peeters es una periodista norteamericana (1963, New York) especializada desde los años 90 en organizaciones internacionales. Es autora de más de trescientos informes sobre el cambio global y cultural, basados en sus entrevistas con expertos en la gobernanza mundial. A través del Instituto Dialogue Dynamics fundado por ella, difunde información, análisis y una amplia gama de material educativo sobre los retos de la ética postmoderna a la luz de los valores permanentes.