Los ejercicios del "no hacer" tratan de hacer cosas nuevas fuera de lo común, ejercicios, movimientos, a veces hasta de manera algo extraña.
En el budismo lo llaman el wu- ween.Sirven entre otras cosas, para mover nuestro punto de la percepción, entrenar nuestra atención y ampliar la concentración.
No hacer significa, esencialmente, no usar ítems de nuestro viejo inventario de acciones y reacciones.
La recapitulación nos ofrece ester inventario permirtiéndonos un momento de pausa. Cuando un guerrero se comporta de manera totalmente extraña para sí mismo, se empiezan a encender nuevas fibras en su capullo luminoso. El cuerpo energético despierta y responde como resultado de esas nuevas iluminaciones.
Empiecen con lentas interrupciones y traten de romper la continuidad de la idea de que el mundo es un camino seguro. "Taisha recordó a un profesor de UCLA, que ilustraba a sus estudiantes con el siguiente ejercicio para que comprendieran la visión que los filósofos y fonomenologistas tienen de la percepción: les puso dos prismas en unas gafas, o en algo parecido que los estudiantes llevaban. Mirando a través de ellos, el mundo se vía al revés. (Taisha recordó también la historia de un estudiante de antropología, que una vez se encontraba en los matorrales y comenzó a+@ ver espíritus. Se asustó tanto que "en un minuto se olvidó de la antropología").
Con esas máscaras con los prismas invertidos, llevó a los estudiantes a la comprensión de "cómo caminar unos pocos pasitos hacia sus coches".
Los no haceres son realmente interrupciones de nuestra continuidad, como por ejemplo hacer algo con la mano opuesta a la habitual. Estamos "no-haciendo", cuando utilizamos un ítem que no forma parte de nuestro inventario; también puede ocurrir bajo condiciones de gran tensión. Esos momentos nos fuerzan a cambiar nuestra idea de lo que creemos que podemos hacer.
"El explorador azul hizo realidad un sueño de Taisha y la llevó, con un amigo-a al Gran Cañón, donde pasaron la noche en una posada al pie del mismo. (Taisha comentó que alguien había hecho la reserva sólo para ellos). Por ese entonces Taisha se llamaba Anna María Córdoba, una estudiante de UCLA. Su acompañante no sabía nada de ella. Taisha estaba muy preocupada de cómo iba a hacer el camino de vuelta y salir del Gran Cañón, debido a que en aquella época su forma física era terrible. (Así ellos no tendrían que enviar un helicóptero para sacarla de allí). No durmió en toda la noche y se la pasó tomando café, lo que le dañó su estómago.
El explorador azul tampoco durmió, ya que todos compartían habitación. Taisha insistió por adelantado en que al regresar tomaran el mismo camino que al venir. Esto le permitiría enviar a su cuerpo energético al sendero por la noche, para establecer el intento o una fundación energética, que le posiblilitara hacer el camino de vuelta. Al día siguiente mientras caminaban fue recogiendo cosas pequeñas, como piedritas, en las cuales "descargar su fatiga". (También explicó que podemos dejar la fatiga en los cantos rodados si nos apoyamos en ellos). Además existe una forma de obtener energía que consiste en agarrarse las manos de una forma particular.
Básicamente, para sobrellevar el viaje de regreso, Taisha ejecutó su repertorio entero de no-haceres, incluyendo saber qué hierbas inhalar (su cuerpo energético lo sabe), y observando mediante la técnica de la mirada fija, en qué sitio sentarse. Generalmente, cuando el cuerpo físico está agotado, la configuración energética toma el mando. Además, Taisha utilizó el no-hacer de "el poder de la mula", obteniendo así la energía de los cargamentos de mulas que descendían por la montaña. Taisha fue también la primera en despertarse, lo que le permitió agarrar la energía que llevaban las mulas cuando pasaban a su lado. Empleó además pequeños filamentos de las piedras a lo largo del camino para que tiraran de ella.
"El resultado de todos esos no-haceres fue que Taisha se las arregló para llegar a la cima una hora antes que sus jóvenes compañeros, quienes estuvieron por delante de ella en una ocasión.
Los no- haceres son pues comportamientos fuera de lo común, aún de manera algo extraña, como por ejemplo bailes, ponerse el cinturón del pantalón de manera inversa, etc, etc... Actos que requieren de un corte en la continuidad de la atención, requiriendo toda la atención en la tarea de los no-haceres, así se empiezan a encender nuevas fibras, el cuerpo energético despierta y responde como resultado.
Tener disciplina es la clave en el manejo de la atención, porque nos lleva a la voluntad. La voluntad nos permite modificar el mundo hasta que quede tal y como queremos, no como nos fue impuesto desde afuera.
Por tal razón, para los guerreros, la voluntad es la antesala del intento. Su poder es tan grande que, al enfocarla en un objetivo, ellos pueden producir los más asombrosos efectos.
En el fondo de cada una de las portentosas acciones de los guerreros, hay una vida de disciplina, SOBRIEDAD, desapego y capacidad de análisis. Tales atributos, los más apreciados de un guerrero, constituyen en su conjunto el estado de ser que ellos llaman impecabilidad.
La impecabilidad no tiene nada que ver con una posición mental, una creencia o algo por el estilo. Es consecuencia del ahorro de energía!
Un guerrero acepta con humildad aquello que él es, y no pierde su poder lamentando que las cosas no hayan sido de otro modo. Si una puerta está cerrada, ¡uno no le pega de patadas y puñetazos! Más bien, examina con atención la cerradura y busca cómo abrirla. De igual modo, si su vida no es satisfactoria, el guerrero no se ofende ni se queja. Por el contrario, diseña estrategias para alterar el curso de su destino.
Si aprendemos a cortar nuestra autocompasión, y al mismo tiempo ponemos sitio a la fortaleza del yo, nos volveremos conductos del intento cósmico y canalizaremos en nuestro favor torrentes de energía.
Para fluir de esa manera, debemos aprender a confiar en nuestros recursos y comprender que nacimos con todo lo que necesitamos para este sueño que llamamos vida. Como guerrero, cada hombre o mujer que se adentra en el camino del guerrero sabe que es responsable por sí mismo. No mira a los lados buscando aprobación o tratando de descargar en otros sus frustraciones. Lo que buscas está en ti mismo, aquí, ahora. Lucha para que tus acciones sean finales y tu brillo propio. ¡Comprométete internamente antes de que sea demasiado tarde! El aspecto de la impecabilidad que más atañe a nuestra vida cotidiana, es saber hasta dónde el ejercicio de nuestra libertad afecta a otros y evitar los roces a toda costa. Ocasionalmente nuestras relaciones con los demás generan fricciones y expectativas. Un guerrero en pie de lucha se cuida de esos roces y se convierte en un cazador de señales. Si no hay señales, él no interactúa con la gente; se limita a esperar, porque, así como no tiene tiempo, tiene toda la paciencia del mundo. Sabe que hay demasiado en juego y no está dispuesto a arruinarlo todo por un paso en falso.
Como no se desespera por tratar con nadie, el guerrero puede elegir sus afectos con sobriedad y desprendimiento, cuidando en todo momento que las personas con las cuales accede a tratar sean compatibles con su energía. El secreto para tener tal claridad de visión consiste en identificarse y no identificarse. El guerrero se identifica con lo abstracto, no con el mundo.
Eso le permite ser independiente y cuidarse solo. Piensen bien, actúen bien. Detengan su diálogo interno.