Amistad es amigo
No me gusta andarle buscando palabras a la gente. Creo en el gusto y el deseo honesto de estar en la vida de alguien y saber de esas personas. Incluso en la conveniencia de hacerlo.
A mis 28 años creo en una cosa que llamaré “nutrición emocional”. Para mi, sucede cuando te independizas, te das cuenta de cómo es el mundo y comienzas a crecer. Te das cuenta de que tienes una familia existente y una que has elegido: tus amistades. Esta nueva familia por elección también se deriva y forma gracias a la variedad de circunstancias y decisiones mutuas (tuyas y de ellas y ellos, tus amistades) que van haciendo que la relación se mantenga y crezca. Esta familia tiene un concepto rector claro: la reciprocidad. Estamos porque queremos y estamos porque lo que te doy es lo que me das, ya sea un regaño, un zape, un abrazo, apoyo, etc. Un intercambio perfecto y natural. Esta familia es más allá de la pareja, de los hijos. Es ese círculo de confianza aunque solo sea de dos.
Ayer también me he puse a meditar la cantidad enorme de errores que he cometido con mis amigos a lo largo del tiempo. Claro que me arrepiento, claro que seguro no me alcanzará la cabeza para darme cuenta de algunos otros que cometí. Lo único que puedo hacer es ser firme con lo que sucede hoy: ser ese amigo que existe y decirle adiós una vez más y con firmeza a los que ya no lo son. Gracias a todos aquellos a los que les fallé y aún así siguen viendo bondad en mi y deciden llamarme amiga, no tengo palabras para decirles que es lo más bonito del mundo seguir juntos. Gracias eternas a los que decidieron alejarse, que bonito es seguir adelante sin la paja de la vida. Gracias por hacerme saber que también puedo ser paja; bien dice el dicho que nadie es monedita de oro. Gracias por perdonar y por el tiempo que haya tomado hacerlo.
Compartir y perdonar son las muestras de amor más grande. Hablan y solo salen de las almas sanas.
A la par de estas decisiones a través del tiempo, sigue existiendo la revelación de encontrarse con el nacimiento de nuevas amistades. Ya saben, esta conexión natural que quizá ahora se da menos que antes porque somos más viejos, más maduros, más desconfiados, menos impresionados. Esa que sin esfuerzo sucede o sucedió hace años y que hoy sigue alimentándose. Gracias también por las reconexiones que son oportunidades de darle una recarga a una relación que quizá se empolvó pero se puede limpiar y verse más nueva que nunca. Y también seamos conscientes de que hay amistades que no crecen ya, pero no por eso son menos amistades. Simplemente hasta ahí toparon.
La mentira de la incondicionalidad es algo precioso que todos creemos. Lo hablaba el otro día con un amigo -“que exigente es decirse incondicional cuando quienes lo dicen solo van a aparecer cuando ya cayó el chingadazo en mi vida o la tuya. Eso es cumplir, no ser incondicional. Lo incondicional es algo natural y ni siquiera tiene que pedirse o mencionarse, solo sucede porque es lo que siento por ti… que quiero estar”.-
Si algo valoro más que nada en un amigo es este genuino sentimiento de la no envidia, el gusto puro. El interés. La sonrisa no solicitada. La pregunta correcta.
Ayer fue el día del amigo y tenía que escribir sobre esto porque es una idea que traigo en el corazón desde hace tiempo. Dejémonos de mentir y llamar amigo a quien jamás le tiramos un ¿cómo estás? por el mero gusto de escucharlo. Rompamos ese silencio indiferente que solo se basa en el cariño que nació hace años. Hagámoslolo madurar tal como nosotros lo estamos haciendo.
No olviden que cada persona habla de lo que tiene en su mente y da lo que hay en su corazón.
Feliz día de escribirle a quien están pensando después de leer esto.












