La literatura como ese espacio de guerra sin sangre para la autocrítica, la crítica al sistema.
El espacio para la verdad hecha arte.
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Jules of Nature

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Sade Olutola

if i look back, i am lost
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
One Nice Bug Per Day
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ellievsbear

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Sweet Seals For You, Always
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@intergalacticas
La literatura como ese espacio de guerra sin sangre para la autocrítica, la crítica al sistema.
El espacio para la verdad hecha arte.
Obra negra
Perdí muchas personas. Gané intuición. Me vi en el espejo, ahora sé quién soy.
🥰💖🤗 El proceso de impresión de nuetro primer poster. El primero de muchos. ✨ Ficha técnica Tamaño: 27x32cm Diseño: el capo de @santiagomtz99 Colaboración: @estebanflsc Imprenta: @riso___pop___up Texto: @intergalacticas
🥰💖🤗 Así se ve el póster terminado, luciendo en el canvas de un muro blanco. El primero de muchos. ✨Ficha técnica Tamaño: 27x32cm Diseño: el capo de @santiagomtz99 Colaboración: @estebanflsc Imprenta: @riso___pop___up Texto: @intergalacticas
@INTERGALACTICAS
Peligro, 2019.
Febrero
Estoy jugando en el garaje y me resbalo. No meto los brazos y mis ojos quedan de frente al piso. Me duele la cara y me rompo los dos dientes del frente. Hoy cumplo tres años de corta y esperanzada existencia. Este es el inicio de mi declarada torpeza que parece ser parte importante de mi forma de ser y eso que aún no voy al colegio, pero mi tía Cata dice que es parte de ser niña.
Ya voy al colegio y aprendo a leer. Ahora tengo cinco años y eso de los libros se me da tan bien que mi maestra llama a mi madre para hablar seriamente con ella acerca de que no juego con mis compañeros durante las horas de receso y prefiero ver y ver mis libros. Mi madre piensa que no es grave y que la profesora solo hace demasiado alarde porque poco me conoce.
Ahora tengo doce y me gradúo de la primaria. Esto quiere decir que ya estamos en el segundo año del tercer milenio. Es mi primera noche fuera de casa; me voy de campamento con los de la escuela. La verdad es que no siento emoción, sí alivio de ya no tener que verles la cara a tantas niñas malas que no saben nada de la vida. Tengo alma vieja, según mi padre.
El tiempo sigue su curso y es imparable. Faltan un par de días para mi cumpleaños de veinte y despierto en casa de Gedas sin saber qué pasa. Ya hablo un poco en lituano porque diariamente convivo con personas de aquel lejano país (inexistente para muchos). Son personas demasiado divertidas y el vodka con jugo de naranja es su religión. Creo que me indujeron a ella y ahora la profeso con semejante fervor que mi madre está sumamente decepcionada porque le fallo a los preceptos de la religión guadalupana que tanto me inculca. Estamos a un océano atlántico de distancia y ni tecnología está a su favor en esta ocasión para regañarme, así que puedo seguir haciendo lo que yo quiero sin que nadie me vigile.
Hoy es el primer viernes de marzo de dos mil diecisiete. “¿Ves cómo el tiempo no se detiene por nada?”, me digo a mí misma en silencio. Tengo un día asqueroso en la oficina y salgo de trabajar. Me dirijo a mi departamento y estoy segura de que van a llamarme porque las cosas no están bien con tu cuerpo, tía Cata. Apenas salgo del metro y sigo caminando por la vereda, suena mi celular y atiendo:
–Pide por ella porque se nos acaba de ir– me dice mi hermana.
Cierro los ojos y me acuerdo de cómo te veo por última vez: es de noche y estamos en el sillón hablando acerca de los viajes que no has hecho, de lo mal que cocino y de las ganas que tienes de maldecir al vagabundo de la esquina. Decir que hablamos es una mentira que me voy a repetir siempre porque la realidad es que la voz ya no te sale; intentas hablar conmigo porque me quieres, pero ya estás despidiéndote.
–Tomo el primer avión y estoy allá– le digo a Magdalena, mi hermana. Son cinco horas de camino largo para poder verte en una cajita, tía, pero vale la pena hacer este recorrido.
Al final del día eres la única que piensa que mi torpeza me trae buena suerte y que el vodka con jugo de naranja es bueno en el desayuno.
La vida es un viaje aunque el mundo esté en pausa.
Lo más fácil es quedarse
La última vez que volé del aeropuerto del Bajío a otro lugar fue hace diez años, desde entonces todas las veces que he vuelto a este aeropuerto han sido en arribo, nunca en salida. La realidad es que para llegar al Bajío siempre lo hago por tierra. Cuatro horas llenas de lectura, risas y ganas de abrazar a los míos. Mis padres son mi patria. Lugar natal solo hay uno, aunque de León me divorcié un rato pero al final volvimos a enamorarnos. Es una relación de esas en la que sabes que nadie depende del otro, más bien se elige estar. Hometown.
Siempre he tenido una facilidad para irme; pocas veces me ha costado aplicar el “agarré y me fui”. Las contadas veces que marcharme ha sido un problema acabé tomando decisiones drásticas y llenas de significado. -“Quemar las naves”- dijo una conocida. Las tengo bien quemadas, quizá por eso regresar cada vez es un proceso más ligero y feliz. Y no, regresar no solo es algo de volver a donde estén mis padres, también se trata de volver a donde ellos no están.
Irse, volver. Verbos que tengo bien conjugados. ¿Qué onda con la conjugación del verbo quedar? Ahí se reveló todo, siempre he imaginado mi vida en dos lugares.
La capacidad de decir adiós, la naturalidad de saber de que el lugar son tus personas. Esto es divino.
Hoy les confieso que estoy enojada. El Coronavirus hace que las despedidas sean más difíciles, de hecho hace del concepto de despedida una cosa terriblemente palpable. Covid, hijo de puta. Tenemos que plantearnos la idea de tener que despedir a los que amamos. Nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos, incluso a nosotros mismos. Una despedida real, la posibilidad de un adiós definitivo: el no regreso a la patria.
Hoy durante la comida hablamos del departamento que mamá tiene en el panteón; así es como papá le llama en broma al espacio para cuatro féretros que tiene mi madre en “Jardínes del tiempo" uno de los cementerios de la ciudad. Mi primo tiene unas tres semanas de fallecido a causa del Covid19 y se estaba planteando la posibilidad de llevar sus cenizas al cuarto y último lugar que le queda al departamento de mi mamá. En los otros tres lugares están mi abuelo, mi abuela y mi tío. Al final se decidió que las cenizas de mi primo descansarán en otro lugar. El departamento esta listo para recibir al siguiente, o al menos eso entendí cuando le vi la cara a mis papás. Todos tenemos miedo de que exista un siguiente en cuestión de semanas.
Confieso que hoy la sensación de despedida me carcome. Aún así, no dejo de pensar que lo más fácil es quedarse. El mundo esta en slow motion y uno así se siente, pausado. Lo único que nos queda es trabajar como burros esperando que todo vuelva a tomar un ritmo. Y saben, no quiero que el ritmo que venga sea el mismo que el anterior. Quiero que ahora más que nunca entendamos las conjugaciones de irse, volver, despedir, aguantar y comprender. Quiero que no seamos iguales, o por lo menos yo no serlo. Lo más fácil es quedarse igual que siempre. Mi yo del pasado lo entendió hace diez años en el mismo aeropuerto que hoy es testigo de cómo una vez más me despido de mi patria.
¿Qué cómo estoy? Aterrada y muy optimista.
¿Quién te hizo tanto daño para hacerte creer que eres viejo?
El nítido recuerdo de ir recorriendo los pasillos del transborde pensando en ti. Sí, cruzar el túnel de La Raza pensando en ti.
Pensamientos sobre publicidad
La semana pasada un posteo desató variedad de pensamientos en mi cabeza sobre el tema de cada año: los premios. En especial me llamó mucho la atención el comentario de una persona que es un gran y conocido publicista que ya no está en el mundo de las agencias, con el que meses atrás tuve la oportunidad de tener una llamada para una entrevista de trabajo. Su comentario hablaba de cómo los premios quizá son la única manera de reclutar buen talento en la publicidad.
Aquí viene mi opinión no solicitada. Les cuento, soy publicista y nunca he tenido la oportunidad de participar por un premio. Las razones de esto pueden ser las que ustedes quieran: que si la marca, que si la agencia poquitera, que si el calibre del equipo, que si no había presupuesto, etc. La razón que quieran elegir para que sea el detonante de mi declaración. Como peón de la publicidad puedo decirles que creo que los premios son un gran termómetro y también quiero recordarles que el trabajo que desarrollamos es precioso y abstracto: ideas. No estoy segura de que son algo que se pueda medir con un sistema de conteo, como los premios. Cuando comencé mi carrera como publicista hace ya varios años me daba mucha impresión leer vacantes que decían “con 3 premios como mínimo”. Fue ahí cuando decidí ver shortlists de todos los premios nacionales e internacionales para mejorar mi criterio e intentar dirgir mi capacidad con mejores esfuerzos. Horas, tardes y fines de semana enteros puse a mi novio de ese entonces a ver shortlist de Cannes, shortlist de CC de México, Shortlist de Effies... y un día él mismo me dijo algo sumamente revelador “de todo lo que vemos, neta que lo que me llama la atención es muy poco”.
Traz.
Años después, sus palabras (o insight, si queremos seguir hablando en lengua publicista) me siguen haciendo mucho ruido. Claro que me gustaría tener un premio que recompense el trabajo y sudor de lo que hago con tantas ganas cada día, pero ahora no estoy muy segura de si el premio que quiero es algo dentro de la etiqueta de publicidad, o webby award, o publicar un libro, o que la gente con los años aún recuerde el slogan que lancé.
Aún sigo viendo shortlists de todo, por supuesto, solo que ahora lo hago de manera diferente y con el mantra Taste level problem de Val Garland en mi cabeza. Además, si algo he aprendido en estos años es que hay una diferencia enorme entre los creativos que hacen publicidad para publicistas y los creativos que hacen ideas porque entienden a la gente y además tienen un gran nivel para que estas ideas sean algo que le guste al cliente y pase hasta los premios. Es raro encontrar a los que hacen publicidad para el gremio y para la gente. Conozco a un gran publicista que la vira estratosféricamente en ambos bandos, lo admiro un chingo; sé que aunque rompe el Internet cada mes haciendo que su cuenta sea de lo que hablamos todos en Twitter, no lo tratan como creativo de título en la jerarquía de su agencia multinacional.
Quiobo raza.
En el futuro, cuando tenga el honor y la responsabilidad de reclutar creativos para un equipo quiero tener muy en claro que los premios son muy importantes para evaluar el talento, pero no el todo. Las mentes más creativas que conozco y admiro ya no hacen publicidad o nunca la hicieron.
Después de esto
Mi mamá me enseña su chat de WhatsApp. Le escribió Norma, una de las grandes amigas de la familia.
-Aquí dializando en COVID.
Leí el mensaje sumado a una foto donde escasamente veo los ojos de Norma; los veo a través de unos lentes de protección enormes, una capucha blanca que le llega hasta la frente y su boca está tapada con un barbijo azul enorme. Esta vestida toda en blanco. Las enfermeras visten de blanco.
Le pregunto a mi mamá cómo están en casa de Norma. Sé que Chava su esposo también es enfermero.
-Bien hija, echándole ganas. A Norma ya le dio COVID y lo pasó estable, aunque estaba muy mal anímicamente. A Chava no le ha dado.
Luego le pregunto por sus hijos, que a lo mucho tendrán unos 20 años. Me dice que ellos bien, siguiendo sus días.
No digo nada mas. Por dentro siento un arrebato inmenso al pensar en lo que padece esta familia diariamente. Unos hijos preocupados eternamente por sus padres, una mujer con COVID que sale de él y tiene que volver a pararsele enfrente al mismo enemigo intangible todos los pinches días porque sabe que en la zona de diálisis hay gente que sin ella no la arma.
Sus hijos no la arman sin ella, Chava no la arma sin ella. El dolor en la cabeza me da fuerte. ¿Cómo vamos a sonreír después de esto?
-Tenemos que- dice mi mamá.
1960
Mi papá llora. Esa es la más grande sorpresa que esta pandemia me ha dado. Cuando hablo de mi papá la palabra tristeza no cabe. Mi papá es puro optimismo, curiosidad y bromas. Tengo contadas las veces que lo he visto llorar y en todo el dos mil veinte y este casi mes del dos mil veintiuno le visto los ojos cristalinos más veces que en todos mis años de vida.
La primera vez que vi llorar a mi papá estaba sedado, venía saliendo del quirófano. Yo tenía 15 años, me acuerdo muy bien que era un sábado de esos en los que tenía que ir a la prepa por alguna razón extra académica. Me despedí de mis amigos y me fui a la clínica. Llegué a la habitación y mi mamá estaba sentada en uno de esos típicos sillones verdosos de hospital y papá estaba entre dormido y despierto. Mamá me dijo que me acercara a la cama para saludar a mi padre y ahí le vi las lágrimas cortitas, saliendo de sus ojos cerrados. -Hija, te amo mucho- fue lo que me dijo con una voz lejana. Me senté a lado de mi madre y le mandé mensajes de texto a Ángel para distraerme. Era una adolescente insufrible y no entendía lo que acababa de ver. Mamá me dijo que la operación había salido bien y que papá estaría una semana más hospitalizado, que le diera gracias a Dios.
La segunda vez que vi llorar a mi papá fue en el comedor de la casa, años después. Sabíamos que por fin volvería a vivir con nosotros ya que por trabajo vivió casi toda nuestra vida fuera de la ciudad. Cada una de sus visitas era una fiesta. Esa tarde nos sentamos a comer los cinco y papá hizo oficial su regreso a casa para dirigir el periódico más grande de la ciudad. Me acuerdo claramente cómo se llenaron sus ojos de agua rebosante cuando lo decía. Los cinco lloramos juntos y hasta hoy ha sido uno de los días más felices de nuestras vidas. Mamá volvía a dormir acompañada, Óscar tenía a su cómplice de vuelta y Nanis y yo ahora podríamos compartir nuestra aventuras con él de testigo. Me emocionaba volver a escuchar la radio bien fuerte todas las mañanas, bajar con el olor a café ya listo en la cocina, ver el periódico extendido en la mesa y sentir la gran voz de papá inundando la casa en cada una de sus llamadas para iniciar el día.
La tercera vez que vi llorar a mi papá se ha convertido en muchas veces. Ahora que todos somos más adultos tanto él como mamá nos comparten más secretos, más historias grandiosas y más tristezas. Una vez se le rozaron los ojos porque peleó con mamá. Más allá de eso, en esta pandemia mi papá no puede evitar tener los ojos rojos y al borde de las lágrimas cuando habla de su madre. Tienen cuarenta años sin verse y papá con el tiempo se permite más recordarla cuando nos platica sobre ella y lo que su familia padeció. Papá es un hombre que creció con una gran cantidad de amor y una cantidad igual de grande de carencias. Sé que la abuela Enedina no vivió lo suficiente para verlo conventirse en el gran hombre que es; donde sea que esté, estoy segura de que no puede creer la magnitud de la magia que papá irradia con su existencia. Me llena de ternura que mi padre llore por ella, sé que es así cuando la siente más cerca.
Papá cumplió sesenta años en diciembre del año más raro de la humanidad. Aunque los planes para homenajear su llegada a piso de los grandes eran otros, celebramos en la medida de lo posible. No me entristece porque sé que el tiempo nos dará la revancha para compartir con toda la familia, pero sobre todo no me entristece porque mi papá celebra su vida en cada paso que da. No me lo tomen a mal o como una presunción, no, mi papá (como él mismo dice en broma) fue un bebé que nació de milagro y que llegó en la forma del octavo hijo a la familia de una costurera y un guitarrista que estaban dispuestos a darlo todo por sus hijos.
Mi papá celebra su vida desde saberse pequeño y recordarse como un niño de barrio, indefenso y muy soñador. Un adulto que es un hermano ejemplar. Él que nos ha demostrado que se puede vivir de lo que se ama contra todo pronósitoco y con eso alimentar a una familia. Al que le toca hacer el aguante cuando sufre porque tiene publicar las esquelas de los que ya se nos fueron.
Pa, yo celebro tu vida porque eres mi primera puerta al mundo afuera, al mundo de las letras, a entender que no hay que tener miedo y siempre hay que hacer de todo una aventura. Celebro más tu vida porque nos enseñaste que la distancia y el tiempo son relativos, tú siempre estabas al alcance de un biper para contarte que ya había llegado de la escuela. Celebro que eres la prueba de que se puede dar la vuelta al mundo todas las veces que uno quiera. Me enseñaste que el único tiempo que importa es el personal y lo mejor es que el tiempo social sigue su curso y yo no dejo de aprender de ti. Espero seguir envejeciendo y tener al menos la mitad de tus agallas, porque tu cara ya la tengo.
Papi, bienvenido al inicio del tu gran futuro.
🤡 #quedé
Me duermo con música para no asustarme con mis pensamientos.
Latinoamérica no existe
Pensamientos sobre la región más indescifrable
Por Jéssica Monjaraz
“No se me antoja viajar a ningún país de Latinoamérica”
dijo una de mis amigas cuando nos vimos después de que me fui por unos meses de viaje, sola y con mucho miedo. Porque ser mujer en el mundo y más en este continente es un deporte extremo. Y como cualquier deporte según dicen, es para bien y para dignificarse, así que animarme a hacer cosas aún con miedo me ha abierto muchos caminos como mujer. (Estoy segura que no soy la única que ha sentido esto).
Entro a Youtube y tecleo “Latinoamérica” en la barra de búsqueda. Curiosamente uno de los primeros videos en aparecer tiene el título de “Latinoamérica no existe”, un video de 14 minutos explicado por un chico español.
Entonces ya nos hemos preguntado esto. Entonces ¿qué somos?, ¿qué es Latinoamérica?
Diana habla español cantado, con unas vocales alargadas al final de sus palabras. Mi español es más centrado, más fuerte en momentos. Diana me cuenta lo bien que lo pasó en su viaje por Europa, y me dice que cómo a pesar de viajar sola sentía que tenía ciertas ventajas, sin sonar presumida: “Es como si todos fueran menos filosos, menos vigilantes u ocurrentes que un latino, boluda. No se decirlo, pero tenemos algo que los otros no”. Diana habla de una diferencia que para mi parece más similitud entre nosotras, y que incluso en nuestras diferencias culturales por nacer en dos países distintos, nos une.
“Los que hablamos español en América no nos conocemos, pero siempre nos encontramos”.
Luego le dije que siempre me ha parecido muy contrastante que al hablar en inglés tienes que decir “Amérrrika” para referirte al país gabacho, sabiendo que esta mal, pero hay que decirlo porque tenemos que darnos a entender. Un pequeño corto circuito de ideas y conceptos en nuestra cabeza como americanos y que ha sido aceptado con los años por todos.
Investigo más al gurú de hoy, al gran Yuval Harari y sus conferencias, libros y otros artículos. Me llama demasiado la atención su plática sobre la diferencia entre el facismo y el nacionalismo, como hoy más que nunca habla de la versión positiva de una identidad mencionada al mismo tiempo que de un mundo sin fronteras.
Luego me fui a cenar con Hugo y me dice que él no cree en la división del mundo por naciones, que es una idea estúpida.
Qué distancia tan corta hay en el camino entre la identidad y la segregación.
Recuerdo mucho una Navidad de 2013 en donde mi hermana terminó llorando de sentimiento y felicidad porque le regalaron el libro de Galeano. Libro que después leí y al final me dejo con un sin sabor, no porque fuera un mal libro… la verdad creo que es un libro poderoso y extraordinario pero que no define la idea del ser latinx contemporáneo, o por lo menos no del latinx que yo veo, vivo y siento hoy. Lo mismo me pasa con el ensayo de Vasconcelos llamado “La raza cósmica”.
Sigo buscando más, quería encontrar un lugar común, un sitio donde las dudas de las no naciones de unos, la personalidad y empatía en otros y las ganas de no reconocerse como latinx se encontraran. Un lugar donde esté la definición de qué somos, porque después de leer a Galeano me doy cuenta de algo muy claro: nos estamos reinventando hoy más que nunca como latinoamericanos.
Con todo lo que les he contado es obvio que al mismo tiempo pasan cosas, por ejemplo el Reggaeton llegó ya a un punto culmen internacional y de hermandad donde aún se mantiene, aunque la pandemia lo ha pausado un poco. Los gobiernos de izquierda y derecha se caen y se vuelven a levantar. Venezuela vive un éxodo. En todos lado, ningún ciudadano está conforme y al mismo tiempo le falta mucha otredad. La hiperconectividad hace de las suyas con proyectos increíbles como Radio Ambulante, que poco a poco empiezan a ser un fiel reflejo de nuestro hoy.
Luego pienso en cómo la geografía juega un papel re importante en todo esto. Como proyectos latinos nacen en Estados Unidos y son muy puros. Como el saber más canciones en inglés que en español dice mucho de nosotros.
¿Cómo era la vida de un mexicano antes del TLC?
Andy me dijo que ir a un concierto de Residente es de las cosas más chingonas que le ha pasado. Fue a verlo en el Campo Argentino de Polo, dice que la gente llevaba banderas de su país, banderas de todo América que querían hondearse en ese concierto. “Es de los pocos artistas que ha creado un himno real y actual de lo que somos”. Él es un claro estandarte sin miedo a hablar de que sí existe una etiqueta, de que Latinoamérica sí existe.
Entonces pongo más atención y veo que J Balvin en su entrevista con Jimmy Fallon dice al menos siete veces la frase For The Culture como el fin motor de lo que hace, para la cultura latina. Luego me pongo a leer más de él y llegó a una declaración de su director creativo, Milkman, que dice que hemos dejado de ser latinos que parecían sacados de una telenovela. Nos estamos viendo a nosotros mismos de una manera tremenda, más allá de los estereotipos. Ahí confirmé en mis adentros que la Cuba alegre eterna de los videoclips y rápido y furioso es la primera falacia de esta mentira que todo el mundo nos hemos creído que es América Latina.
Reflexiono una anécdota especial. Cuando tuve la fortuna de ir a conocer Bogotá, al buscar un tour a pie sólo había opciones en inglés. Tomamos este tour tan lindo y conocimos mucha gente, entre ellos una chica canadiense que mientras caminábamos y charlabamos me dijo con una cara de ilusión: “me muero por ser latina”.
Voy al cine con Hugo y me doy cuenta de que hay 2 películas nacionales en cartelera con los horarios más fatales. No vemos nuestro cine, no nos importa. ¿por qué nos habría de importar si Ben Affleck nos da más? Nos cuesta ver historias que nos reflejan y nos duelen, pienso.
¿La pornomiseria existe por qué es real que hacer arte es para privilegiados? Cuando ellos cuentan las historias, la narrativa se queda distante por el simple hecho de no venir del núcleo de su propia existencia o ¿será que sólo nos incomoda?
Con sus excepciones, claro. Mejor ver historias de chicas ricas de Monterrey porque sus problemas son tangibles y hasta un poco felices. No nos duelen tanto.
Empecé a escuchar podcasts que no hablaran de un mundo emprendedor y posible, si no de cosas que nadie cuenta, ni en las noticias. Me sorprende lo auditivamente que Latinoamérica se encuentra, en cómo el podcast se ha convertido en una herramienta de narrar historias locas, reales, de lo que vivimos. De repente nace en México la liga de Fútbol femenil; me sabe a satisfacción que tanto alboroto hecho por ser mujer desde hace unos años si rinde algunos frutos.
América Latina es la región más feminicida del planeta.
Luego pienso en el yugo de la religión católica impuesta pero a ratos consoladora. En el narcotráfico la verdad, no quiero pensar. Veo nuestro rumbo político, me sorprendo cómo la gente sigue hablando de derechas e izquierdas. Para mí, al seguir cerrándose a dos conceptos esta gente no tiene idea de en dónde está pisando.
Es viernes y no tengo ganas de nada, me busco que ver en la TV, llego a HBO y pongo Years & Years, la serie llena de conmoción que habla de un montón de problemas terribles y fatídicos. Acabo los capítulos y me quedo pensando un rato en el sillón. Es que si reflexionamos un poquito, esos problemas de la serie son cualquier día en América Latina: crisis migratoria como un éxodo, dinero perdido, bancos que no apoyan, subida del dólar, etc. Pensativa me voy a dormir.
Somos el aguante en muchas formas. Para mi ser Latino es una actitud, no un origen marcado en un acta de nacimiento.
Puedes haber nacido en LA y sentirte igual de identificado con decir que eres de Los Ángeles o LAtinoamérica.
Esto no es una cuestión de nacionalidad. En todos estos años he querido escribir mis reflexiones sobre esta región. La realidad es que no hay definición sobre lo que somos, sino una identidad intrínseca muy profunda.
Latinoamérica existe, pero no en una zona geográfica per se. Es un sentido y una razón, una pertenencia que podemos odiar o considerar benevolente, pero que vive y sobre todo, en este momento estamos reescribiendo.