Kokoshca, el paso del tiempo, las meadas en Saló o los 120 días de Saló o los 120 días de Sodoma. El humor negro, la crueldad, el muro de sonido y las batallitas, espera, parecemos mayores. El surrealismo, la suciedad, el sudor, Mami ha muerto: (Papi ha vuelto). Lynch, sangre, quizás, Pamplona en una isla del norte. Kokoshca, tocando sus nostalgias por Navidad, con trazas de potasio. Elefantes del punk, alimentado nuevas glorias (eso piensan los advenedizos). Elefantes que no comieron, pero da igual. Elefantes ambiciosos, con talento, con ideas, elefantes que cuentan sus batallas y venden el disco que acaban de publicar. Y una Alhambra, reflejada en su charco. Alísate el pelo, ya.
Mitomaní, el paso del tiempo, las meadases, Pamplona. Tres acordes y la historia del Rock & Roll. Mientras, ellos marcan el paso, firmes, sin tirar de bajo. Tremendos. Tal vez en ellos habite un maníaco. Uno buenazo. Uno que no llegaría nunca a presidente. Tal vez ni siquiera sea capaz de pertrechar un resumen, lanzando estacazos de ciego.