La Ley de Herodes
“El que no transa, no avanza” – es una de las frases más recordadas de esta película mexicana, la Ley de Herodes. El director, Luis Estrada, creó está sátira política que ejemplifica a la perfección la situación actual en el ámbito gubernamental de varios países latinoamericanos. Pero, ¿qué es lo que realmente significa esta selección de palabras?
El filme gira alrededor de la historia de Vargas, un encargado de un basurero y antiguo militante del PRI, que es nombrado como nuevo alcalde de San Pedro de los Saguaros, luego de que el antiguo fuera decapitado por el pueblo. Vargas llega con buenas intenciones al pueblo: lee la constitución, se aferra a las leyes, y a lo que es correcto; sin embargo, poco a poco se da cuenta de la corrupción y se une a ella.
Vargas comienza a buscar su propio beneficio a costa de los demás: “el que no transa, no avanza.” Sus decisiones hacen que el pueblo entre en un régimen de legalidad. ¿O sea? O sea que Vargas comienza a inventarse las leyes para sacar provecho. Cambia la constitución para darse el privilegio de aprovecharse de los habitantes.
Esto quiere decir, que la constitución está creada para protegernos de la autoridad, en ella se encuentran los límites del gobierno. Porque, ¿qué pasa cuando no se limita el gobierno? Exactamente lo que Vargas hizo. En vez de que el gobierno sirva al hombre, el hombre se encuentra a la servidumbre del gobierno.
En medio de este contraste de lo que debería de ser y lo que es, la función del gobierno se encuentra explícita en el contexto del filme. La función es: proteger los derechos individuales, velar porque los contratos se cumplan y castigar a los criminales (a todos aquellos que violan la ley).
Vargas, cuando primero llega a San Pedro los Saguaros, tenía una noción correcta de lo que debía de cumplir estando en función de alcalde. Llega con Doña Lupe a castigarla por las leyes que ha quebrantado. Sin embargo, ella, al conocer el sistema en el cual se encuentran, le ofrece un soborno. Vargas tenía buenas intenciones pero luego de estar en un sistema inmoral, fue corrompiendo su moral.
Y es que, el problema no sólo fue el sistema, también fue la división de la autoridad que se tuvo. El licenciado López, el secretario del gobierno, estableció que Vargas tenía el máximo poder. Es decir, el poder ejecutivo, judicial y legislativo estaría centralizado en uno sólo y en un sólo hombre. Esta situación crea la dictadura perfecta. Es decir, contra Vargas, nadie se podía negar u oponer, pues él era el mandato andante.
El sistema de libre empresa busca todo lo contrario. Además de que el poder no sea centralizado en uno solo, se busca que no sea el hombre que gobierne, sino la ley. La libre empresa no busca una dictadura, sino una República, en donde todos nos encontremos bajo una igualdad de reglas. En vez de tener un régimen de legalidad saturado de mandatos y leyes positivas, procura que el sistema esté bajo un Estado de derecho, donde las leyes son generales, universales y abstractas.
La Ley de Herodes, entre risas, deja varias interrogantes. ¿Acaso no vemos esto a diario? ¿Es lo correcto? ¿Acaso no debemos de cambiar nuestro sistema? La corrupción es un denominador común entre varios países cercanos a nosotros. Además, con un régimen de legalidad, el gobierno tiene más provecho de nosotros que al contrario. Cuando es este el caso, nosotros, como individuos, terminamos haciendo lo que el gobierno debería de hacer: velar por nuestros derechos, contratos y protegernos de los criminales.















