Extraño
Llegaste a la frontera de mis sentimientos y tenías el pasaporte correcto. Entraste por el estrecho de un abrazo a medio viento, luz de luna, viernes de lluvia en el centro de la ciudad, mi ciudad, ahora tan tuya como lo fui esa noche. Llegaste y mi mente se sintió en sintonía como hace mucho no lo hacía y se dejó ir con sus palabras que hicieron permanente lo que era, lo que fui y lo que quería ser. Dejé que escucharas de qué estaba hecha, visitaste las grietas de un duelo no resuelto, las ideas de una mente con sentimientos inconexos, la niña que jode mucho porque muy en el fondo sólo necesita que la sostengan y le quieran siendo toda una cicatriz. No hubo espacio que no conocieras de mi mundo, entraste a mi jardín que se cubría de encajes y florecía con todo lo que querías ver de ti en mí. Llegaste y te ibas con el tiempo perfecto para extrañarnos lo suficiente sin odiarnos, jamás pregunté a dónde ibas cuando no estábamos jugando, ni cuanto te importaba la utopía que tu presencia generaba, ni qué hacías con los te quiero que comenzaron a escribirse en esta historia, mi historia, esa que nunca realmente obtuvo respuesta. Llegaste y pensé que sabía todo de ti, que los mitos de tu cuerpo en otros versos eran habladurías del viento, que eras eso que venía a acompañar mi paso al tempo, que tu rareza hacía juego con la mía, pero no. Hoy me pregunto quién eres, con quién andas, qué te gusta, qué te duele, qué fractura hoy tu sonrisa, qué haces hoy que te hace feliz. Hoy me pregunto por qué me pregunto esto, por qué me eres una tierra tan lejana que no respiro tu cuerpo, por qué dejé romper mis fronteras por un extraño que no conocía, y que hoy sigue siendo así.










