Naranja incompleta me designaron mucho antes de nacer.
Sé bella te dicen, sé delgada, callada y asiente levemente. Te enseñan más a asentir que negar, que tener le derecho a decir no.
Te peinan, te presentan como una muñequita mucho antes que una niña intelectual, curiosa, divertida, alegre, ingeniosa.
Te presentan como algo bonito que pueden admirar, como una medalla en el pecho que debes cargar todos los días y a medida crece, pesa más que nunca.
Llega el día en el cual te preguntan, “¿tan bonita y tan sola?”, “¿y tú novio?”. Porque claro, la soltería en las mujeres parece una enfermedad. Porque debes ser el prototipo perfecto de novia, futura esposa.
Surge la curiosidad o la obligación, incluso de ambas por querer cumplir con la expectativa de otras personas, incluyendo tus familiares.
Experimentas una relación la cual no quieres, te sientes atrapada, te asfixia, te limita y juega contigo como la muñeca que otros seres te han convertido.
Y se disfraza de amor, y se parece mucho a la novelas que ve tu madre, pero carece de felicidad y de comprensión.
Él te toca, sin permiso, sin miedo, a la hora que quiera y tú te paralizas y no en un sentido romántico. Te toca porque puede, porque la sociedad se lo ha permitido, se le ha concedido ese “derecho”, el cual es un abuso.
Te preguntas a ti misma que hiciste mal, en qué momento comenzó todo en el cual dejaste de jugar con muñecas, para convertirte en una.
Te preguntas si eso es amor, aunque no lo parezca, aunque no lo sientas. Te preguntas si es capaz un hombre de cambiar por amor.
El amor no te hace cambiar, porque un sentimiento no puede contrarrestar años ni siglos de educación machista, sexista y discriminatoria.
Porque el cuento de que un sapo se convierte en príncipe azul es responsabilizarnos como mujeres a arreglar sus defectos, sus problemas. Porque el mundo se constituye en ustedes y sus necesidades.
No se cambia por amor, se cambia porque es un deber, el no violentarnos, el encargarnos de nuestros actos y de rechazar la desigualdad.
No debes ser una muñeca por amor, no debes dejar lo que te gusta, lo que te apasiona por amor. No creas que por muy linda que esté la jaula decorada podrás volar libremente.
La violencia se transforma en sutileza, aún si no es físico, la violencia disfrazada de palabras también daña.
y quién te dice que si, solo aprendió a amar, lastimando reiteradamente.