Nunca he deseado tener la luna en mis manos, ni he deseado tener las estrellas a mis pies.
Tampoco me he quejado con Dios.
Nunca me escondí en mi tristeza, enfrente los problemas con alegría.
Incluso abracé las espinas y fui herida por las flores.
Pero cuando levante mi rostro en oración, le rogué a Dios por ti.













