Las premisas de la unidad nacional: la inmigración.
La notable expansión del comercio europeo entre 1860 y 1880 fue una inmediata consecuencia del libre cambio instaurado de manera definitiva en Inglaterra luego de una lucha de no menos de 20 años iniciada en 1840; durante ese período fueron abatidas todas las preferencias coloniales y realizado un sinnúmero de tratados con la mayor parte de los países continentales; todos ellos contenían la cláusula de la nación más favorecida, de modo que las concesiones comerciales obtenidas por un país, se extendían automáticamente a los otros.
Debe recordarse que el triunfo del librecambio no fue automático en Gran Bretaña. Se conoce la historia de su desarrollo que ocupa toda la primera mitad del siglo xix. Para realizar los propósitos de los manufactureros, ellos debieron afianzar desde luego su posición dentro del Imperio e impulsar el progreso de sus industrias en proporción capaz de justificar y requerir la vinculación con las zonas apropiadas del mundo.
Las teorías que conozco que mejores argumentos presentan para la defensa del libre mercado y de la globalización son las de la ventaja absoluta y la de la ventaja comparativa. Veámoslas.
La teoría de la ventaja absoluta, formulada por Adam Smith en _La riqueza de las naciones, _consiste en definir el grado de exportación de un bien en función de su capacidad productiva (de la buena calidad, el menor coste y la eficiencia de éste). En otras palabras, es la habilidad para producir ese bien de un modo más eficiente que cualquier otro productor. Cuando se habla del productor más eficiente (produce a un coste menor) será favorecido en las exportaciones y el resto de naciones importarán dicho bien, pues no podrán hacerlo mejor (incluso ni más barato que si ellos mismos lo produjeran).
Dicha teoría fue mejorada por la de la ventaja comparativa de David Ricardo (en la imagen) que añade la siguiente corrección: aunque un país no sea competitivo en la producción de un bien en términos absolutos, debería dedicarse al mismo si lo es en términos comparativos, y el otro país, abandonar la producción de dicho bien para dedicarse en exclusiva al que mejor produce. Cada país en cuestión, terminará especializándose en aquello en lo que sea más eficiente. A la misma vez, importará el resto de productos en los que son más ineficaces en términos de producción.
Según esta teoría, dicha ventaja procederá del coste de oportunidad al que se enfrente en la producción de cada bien: cuánto perdemos si dejamos de producir una parte de lo que mejor se nos da, para producir una cantidad de lo que otros podrían producir. Aplicando un ejemplo sencillo: para producir aguacates debe sacrificar menos dejando de lado la producción de aceite.
Supongamos dos países: España e Italia. Cada de ellos tiene un total de 3 unidades de producción (quizá 3 hectáreas o tierras de cultivo). Por cada hectárea España produce 6 toneladas de aguacate e Italia 2 toneladas, cada una de ellas le destina 2 unidades (2 hectáreas). La unidad restante (una hectárea) será para el cultivo de aceite, obteniendo 5 toneladas España por 4 toneladas Italia. Como vemos, España es mejor productora en términos absolutos tanto en aguacate como en aceite: 12 toneladas por 4 toneladas y 5 por y respectivamente.
¿Qué ocurriría si ambas se especializaran en lo que mejor producen, aun comparativamente hablando? España obtendría una producción de 18 toneladas de aguacate e Italia 12 de aceite. En ambos casos, mejores rendimientos: 18 toneladas totales de aguacates (antes 16) por 12 toneladas de aceite (antes 9).
Bien explicado y de un modo más completo en este vídeo: La teoría de la ventaja comparativa.
Estas teorías rechazan los postulados del proteccionismo y favorece el libre mercado internacional: en una situación de plena libertad donde no existan aranceles ni impuestos a la libre circulación de mercancía, cada país producirá y se especializará en aquello que mejor sepa hacer. En definitiva, un mundo, donde se favorece la productividad, la especialización y la competitividad.
La constitución de un mercado de libre circulación entre los estados alemanes, habia sido reclamada desde 1819 por la Asociación Comercial Alemana y defendida en los circulos nacionalistas. List propugnaba una unidad arancelaria proteccionista para toda Alemania, la “Gran Alemania”, frente a la competencia librecambista británica.
A partir de 1818, Prusia establece una política arancelaria común para todos los territorios anexionados en el Congreso de Viena. En 1823, la Confederación Germánica aparece vertebrada por tres grandes áreas arancelarias y económicas. En ninguna de ellas está incluida Austria. La más importante de estas áreas, organizada en torno a Prusia, incluye provincias Prusianas muy diferentes en desarrollo y estructura económica. Las provincias del Este eran básicamente agrícolas y con un tipo de propiedad latifundista y mano de obra servil. En cambio, las provincias del Oeste: Darmstadt y Hesse, tenían una agricultura más individualista, así como una mentalidad social influida por la Francia revolucionaria. Los estados del Sur de Alemania, Württemberg y el Palatinado bávaro, se organizaron en torno al gran reino de Baviera y constituyeron igualmente una unión arancelaria y aduanera. Los estados alemanes del Norte occidental y Centro de Alemania no consiguieron llegar a un acuerdo para la formación de una unión aduanera, y sólamente lograron un acuerdo comercial.
No formaban parte de ninguna de estas tres áreas ni Badem, orientada hacia la economía francesa ni Holstein, ni Mecklembourg. El primero formaba parte del área económica danesa, y el segundo era el reducto de los caballeros teutónico que no querían ceder poder territorial.
Los múltiples compromisos que se establecieron entre estas tres áreas para facilitar el intercambio, aceleraron la integración que se produce el 1 de enero de 1834, con el nacimiento del Zollverein. Más de 25 estados y 26 millones de alemanes podían ahora ver circular libremente sus bienes. Ahora bien, ningún puerto del mar del Norte formaba parte del Zollverein. Habían preferido permanecer vinculadas comercial y económicamente a Gran Bretaña.
Al entrar en vigor la Unión Aduanera y Arancelaria, quedaron abolidas todas las aduanas comlunes y pasos fronterizos que complicaban y desanimaban el tráfico comercial entre los estados alemanes. Los efectos no fueron inmediatos. Aumentaron los ingresos ya que entre 1834 y 1843 las recaudaciones aduaneras del Zollverein crecieron un 71 por ciento. A pesar de estos éxitos evidentes, la integración económica de los estados alemanes no llegó a aspectos fundamentales de la economía ya que la política económica era tan diversa como estados y gobiernos locales persistían.
Los intentos de unificación monetaria no fueron más allá de fijar una paridad entre el “talero” prusiano y una nueva moneda creada para el Zollverein: el florín. Aún en 1875 persistían en circulación siete monedas de plata diferentes. Tras la unificación se sustituyeron todas ellas por una de oro.
El verdadero papel y efecto práctico de la formación del Zollverein lo encontramos en lo estructural, al permitir la aparición de un mercado de 26 millones de personas. Esto llevó a que al año siguiente se produjera el proceso de inversión industrial más importante del siglo XIX en Alemania: la construcción del ferrocarril.
La constitución de un mercado de libre circulación entre los estados alemanes, habia sido reclamada desde 1819 por la Asociación Comercial Alemana y defendida en los circulos nacionalistas. List propugnaba una unidad arancelaria proteccionista para toda Alemania, la “Gran Alemania”, frente a la competencia librecambista británica.
A partir de 1818, Prusia establece una política arancelaria común…