¿Aún sigues conservando mis cosas por algún rincón de tu habitación? ¿O también desaparecieron junto a mi recuerdo de tu corazón?
La sudadera que me dejé y que era mi favorita, ¿aún la tienes? ¿Aunque sea, quizás, escondida en el fondo del armario? Pues mi ropa nunca te quedó demasiado bien y teníamos estilos diferentes. Hasta para eso diferíamos el uno del otro, tan disparejos como el primer día en que nos conocimos.
¿Siguen estando mis bisuterías aún sobre la mesita de noche? En el mismo lugar en donde la dejé en nuestro último encuentro, en donde las olvidé pensando que las recuperaría a la mañana siguiente cuando nos viéramos.
Los anillos de plata que solían decorar mis dedos, las pulseras que llevaba siempre, sobre todo la de cascabeles, que era lo único que se escuchaba por las noches junto al sonido de nuestros besos… El collar de alambre de espinas, que era de tan mala calidad y que tú siempre me decías que lo cambiara por uno nuevo, ¿lo sigues teniendo también?
Al igual que la pulsera que le hacía juego, la misma que también te regalé a ti para que hiciéramos match, aunque solo fuera únicamente en eso.
¿Aún está la figura que te hice de tu anime favorito sobre la estantería de tu cuarto? ¿O se rompió también, como yo con el paso del tiempo, y también la desechaste al igual que hiciste con los sentimientos que tenía por ti?
Tristemente, yo no conservo nada, a pesar de que era quien más cosas tenía del otro. Y tampoco me arrepiento de ello.
Al principio lo tenía todo guardado en una bolsa de basura bajo la cama, para no verlas, para no verte en ellas, pero con la ligera esperanza de que te las devolvería pronto.
Pero supongo que esa bolsa se fue vaciando lentamente, al igual que se desvanecía la idea de que volveríamos con el pasar del tiempo.
Algunas de tus sudaderas y pantalones los vendí por internet, pues no me los quería poner nunca ni que se mezclaran con mis prendas de vestir en el armario. Las pulseras que tenía tuyas se las fui regalando a diversos niños, sabiendo que no los volvería a ver nunca, que no las volvería a ver nunca adornando otros brazos, pues incluso en piel ajena me recordaban a ti.
Qué fácil fue deshacerme de lo físico, de lo único que lo pude hacer, pues los recuerdos van aparte, y eso no lo pude dejar olvidado en la cama de otro chaval como hacía con tus joyas.
Supongo que eso fue lo más difícil para mí, porque yo jamás olvido, y todavía algunos días me parece que fue ayer cuando nos separamos, a pesar de que ya hayan pasado hasta los años entre nosotros.
Y por si fuera poco, a veces mi mente me la juega y solo olvida lo que quiere, pues borra lo malo y solo deja lo bueno, como si lo primero no hubiera ocurrido nunca en nuestra relación, a pesar de tener todo grabado a fuego en mi corazón.
Qué difícil se me hace cuando me sucede eso, pues hay momentos en que confundo y pienso que todavía sigues aquí, a mi vera, aun sabiendo de sobra que eso no es así. Pero se vuelve complicado cuando tengo la sensación de que voy a girar la vista hacia un lado y te voy a ver ahí, como si no hubiera pasado nada, como si todavía estuviéramos juntos.
¿Tú también eres perseguido por mi fantasma? ¿O solo me persigue a mí por tirar todo lo que me recordaba a ti?
Es como esas pelis de miedo, en donde tiran el objeto maldito lejos, pero ya es tarde, porque el fantasma que lo poseía ya está pegado a la persona.
Supongo que a mí me pasa exactamente lo mismo. Y quizás tú, teniendo aún mis cosas, el fantasma sigue encerrado en ellas, sin salir, sin molestar, sin doler, sin ser recordado.















