Los hombres moriremos primero.
Nos avergonzaremos de ser hombres,
de nuestro ipad y de nuestra capacidad
de mover muebles.
La muerte nos llegará lento y clamaremos por nuestras madres.
Lloraremos frente a todos. Lloraremos.
Moriremos entre clamidias y trofeos.
Solo quedarán ellas jugando con sus clítoris pulcros y perfectos de Valkirias pampeanas.
Se besarán en campos infértiles
y podrán por fin comenzar a amar.














