Tutto ciò è meraviglioso ed io non resisto
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Tutto ciò è meraviglioso ed io non resisto
El fierro golpeador de parejas felices >:3
El regreso de la leyenda :v XD parte 1
Xpersona1:te amó mucho
Xperosna2:yo más amor
Xpersona3:eres mi razón de vivir
Yio en mi mente:no debí salir hoy...espera¿que eso de allá?
Yio:el fierro golpeador de parejas felices...¿Que no estaban descontinuados?... entonse...lo usaré con sabiduría >:)
Yio:es hora de probarlo, veamos cómo funciona >:3
Listo es la parte 1 de mi pendejes jsjsjsjsjs XD alrato sacó la segunda parte jsjsjsjsjs XD
@tokachithewarrier2 @carlacalbucura12z @camilas-garden @un-taquito-felizowo @mary-pau-draws y @alexdraigo @dulceprincesa acompañenme en mi pendejes XD @save-frisk @elextriblizzard @toy-sofi también acompañenme en esta travesía UwU XD
En Nuestra Familia.
Me despertaron los gritos de mamá. No sabía qué estaba pasando, mi corazón golpeaba fuertemente en mi pecho, se me quería salir. Sentía a mi sangre congelada recorrer las extremidades de mi cuerpo y a las lágrimas salir repentinamente de mis ojos; lloraba tanto y temblaba más. Me levanté de la cama con temor. Miré a la cama de mi hermana, la cual yacía a la derecha de la mía, y no la vi. La puerta de la habitación estaba entreabierta y se podía ver un tenue halo de luz entrar a través de la rendija. Los gritos continuaban, pero ahora se escuchaban golpes secos, y ya no sólo era la voz desmorecida de mi mamá, también la de dos hombres; uno se escuchaba alterado, mientras el otro lloriqueaba y suplicaba por su vida. Me puse de pie y caminé lentamente a la puerta, queriendo, pero, al mismo tiempo, deseando no alcanzarla. Tenía tanto miedo. El estómago se me había hecho nudo, el pecho me dolía, la garganta me ardía, los ojos no dejaban de llorarme. Mis piernas y mis manos temblaban convulsivamente; sentía que iba a morir. Salí de la habitación, miré hacia mis espaldas y, luego, a mi frente. Estaba en el amplio pasillo que llevaba a las demás habitaciones. Los gritos provenían de la habitación de mis papás. Desde donde estaba, pude ver la puerta abierta de par en par con la luz saliendo de ella. No pude acelerar mi paso, estaba entre paralizada y ansiosa; arrastraba los pies descalzos sobre el piso de madera. Entre más me acercaba a esa puerta, los gritos, los golpes y el llanto se acrecentaban; taladraban mis oídos, pero no sólo eso, me herían el corazón, me creaban un hueco en la boca del estómago mientras amargaban mi boca. Estaba a poco de llegar cuando vi salir a mi hermana mayor de la habitación, su rostro reflejaba terror, pero no lloraba; en sus ojos pude ver un vacío que me heló. Me miró con la mirada absorta en la frialdad de la que estaba siendo presa y me tomó de los hombros, con fuerza me quiso arrastrar de regreso a nuestra habitación, pero, antes de siquiera dar un paso, vimos salir a nuestro padre junto con mi hermano. Ambos estaban pálidos, pero, no era una palidez de miedo, sino de falta de alma. Mi padre le lanzó una orden a mi hermana con la mirada a lo que ella accedió sin decir palabra, me dio la media vuelta y me llevó a nuestro cuarto. En el camino, me atreví a preguntarle, llena de miedo y de pasmo qué era lo que estaba pasando, porqué estaban gritando y, de pronto, habían callado. No entendía nada. Mi hermana me miró con una frialdad que me quemaba y me dijo tajante que me callara. Entramos a la habitación. La sentía tan gélida, parecía que habíamos entrado a un congelador. Me quedé parada en el medio de la oscuridad, no tenía ganas de acostarme; temblaba profusamente mientras miraba a mi hermana quitarse el pijama para ponerse los pantalones que usaba para cuando montaba a caballo, se vistió con una camisa de manga larga y una gabardina que le cubría la cabeza. No se peinó, sólo se enredo el cabello en un chongo y se dispuso a ponerse unas botas. No tenía la noción del tiempo en la cabeza. No sabía si era medianoche o si estaba a punto de amanecer, no sabía nada.
“¿Por qué te estás poniendo tu ropa de campo?”, le pregunté con miedo.
“Te dije que te callaras.”, me respondió con la misma frialdad de hace un rato. La veía metida en su cabeza, se mordía los labios y fruncía el entrecejo.
“¿Qué pasó con mi mamá? ¿Por qué gritaba? ¿Qué eran esos ruidos que se escuchaban?”, volví a preguntar. No me importaba que me dijera que me callara, quería saber qué estaba pasando y porqué no me lo contaba. Me miró fijamente con el hielo en los ojos y una turbación que me atravesó el pecho. Se acercó a mí, me tomó los hombros con fuerza y apretó los labios. Sentí a sus uñas encajarse en mis huesos aun con el pijama puesto.
“Xamín mató a la puta de nuestra madre y a su amante, ¿ya?, ¿contenta?”
No entendí lo que quiso decir con esas palabras, no podía entenderla. Mi cabeza se bloqueó. Las palabras “matar”, “puta” y “amante” estaban, hasta ese momento, fuera de mi vocabulario. Era una niña de ocho años, la menor de la familia. Mi único trabajo era jugar, reír, divertirme hasta que desperté, esa noche, con los gritos de mi mamá taladrándome la cabeza. Mi hermana era mayor por cuatro años y mi hermano Xamín por ocho años. No éramos los mejores hermanos, ya que, por ser la menor, me trataban como si estuviera tonta.
“¿Que hizo qué?, con los ojos abrumados de llanto y los labios temblando, le pregunté.
“¿Estás sorda?”, me contestó con aspereza y bajó un poco la voz, tratando de que no se escuchara más allá de las paredes que nos protegían. “Nuestro hermano Xamín mató a nuestra madre y a su amante, ¿ya lo entendiste?”
La miré absorta. Ya no sabía si estaba despierta o teniendo una horrible pesadilla. Si era esto último, quería despertar, quería abrir los ojos y encontrarme con una noche tranquila, como las anteriores, como las de siempre. Agaché la cara, aun empapada en llanto, apreté mis manos y solté un gemido de dolor. Quizás había entendido lo que dijo mi hermana. Tal vez mi corazón lo había comprendido, porque ya no sentía a mi mamá; se había ido ya y, con ella, la paz de nuestra casa.
“Quédate aquí, no vayas a salir por nada de la casa, oigas lo que oigas, ¿me entendiste?”, me preguntó vehementemente antes de salir de la habitación y cerrar la puerta de un golpe detrás de sí. Le hice caso así no me lo hubiera pedido, la fuerza de mis piernas se había ido; así, caí en el piso, llorando con dolor por todo lo que estaba pasando y lo que no sabía cómo iba a terminar.
Al amanecer, la luz del sol pegaba fuertemente en la ventana, la sentí calentarme los huesos; eso fue lo que me despertó. Me había quedado profundamente dormida, después de cansarme de llorar, en el piso. Podía sentir aún un ligero temblor, mi estómago gruñía de hambre y mi boca destilaba un sabor amargo. Estaba asustada, tanto que me levanté con dificultad. Si bien mi hermana me había prohibido salir, mi hambre era la que me gobernaba; no pude más que desobedecer a su petición y salí de la habitación. Con los pies descalzos y helados, trastabillé en el pasillo, la puerta de la habitación de mis padres estaba cerrada ya. Podía escuchar las voces de mi hermano y mi padre salir de la sala. Caminé hacia ahí con ligereza, todavía temblando. Los vi de pie. Mi padre daba vueltas, caminaba de acá para allá, con desesperación mientras mi hermano, con la cabeza gacha y los brazos rectos, esperaba las ordenes de mi padre. Busqué a mi hermana, con los ojos enrojecidos y ardiendo de tanto que había llorado, por toda la sala, al no encontrarla ahí, dirigí mi mirada hacia la cocina; silencio y soledad era lo que se percibía. Me pegué a la pared y, con temblor en la garganta, me dirigí a mi papá.
“Tengo hambre, papá.”
Mi padre se detuvo ante mis palabras, apretó los puños y, mientras tomaba un respiro, volteó a mirarme. Sus ojos seguían muertos. Ya no era el mismo de ayer, era otro, parecía que me lo habían cambiado, pero, aun con esa vacuidad en su mirada, me respondió de manera tranquila.
“Si, es verdad, ya pasa del medio día y no has probado bocado. Ven, Pita, vamos a darte de comer algo.”, abrió los brazos invitándome a su regazo, a cuyo, sin dudarlo, corrí. Lo abracé tanto, lo apreté y, como si hubiese llegado a su límite una noria, solté una vez más el llanto. Me tomó en sus brazos, me llevó a la cocina mientras le decía a mi hermano que fuera a buscar a Lorde, nuestra hermana, a lo que él accedió sin titubear. Mi padre me sentó en la mesa del comedor y buscó en el refrigerador algo que pudiera darme de comer. Al tiempo que lo hacía, lo escuché sollozar. Me mordí los labios queriéndole preguntar lo que tenía, pero, al recordar lo que me había dicho Lorde, preferí callar; así esperé, en silencio, a que mi papá me preparara unos huevos revueltos con tortilla, los cuales sirvió en un plato y los puso en la mesa. Me ayudó a bajar de ésta y me sentó en una silla.
“Come, mija.”, me dijo con una leve sonrisa que trataba de disimular el dolor que se cernía en sus ojos. Asentí y comencé a comer. En el entretanto, él sólo me miraba, de repente, suspiraba pesadamente y, quedamente, sollozaba. Yo agachaba los ojos sin dejar de comer y mi estómago me lo agradecía. Cuando terminé, le sonreí y le di las gracias. El silencio se cruzó ante nosotros, uno frío y amargo, uno que nos gritaba que ya la vida no iba a ser la misma para nosotros, que así fingiéramos estar tranquilos, esa verdad iba a salir a flote siempre. Mi papá me miró con una fijeza tan firme que me congeló; era la misma mirada de Lorde, la misma de Xamín; la misma negrura, el mismo frío. Tragué saliva y temblé. No podía dejar de temblar, ya era algo que parecía se iba a quedar conmigo.
“Pita, voy a decirte algo y confío lo tomes con madurez, a pesar de tu edad.”, sostuvo la mirada sin pestañear, mientras yo sentía que los huesos me dolían ya de tanto frío. Era demasiado. Era insoportable. “Anoche sucedió algo que nadie de nosotros esperaba. Tal vez eres pequeña para comprenderlo, pero, más vale decírtelo hoy a que vivas con una mentira que no pretendo alimentar.”, carraspeó. “Tu madre ya no está con nosotros. Ayer dejó esta casa en compañía de quien fuera su… querido. Nos abandonó.”, su voz se tornó entre amarga y dolorosa. Lo escuché atenta, pero, no dejaba de pensar en lo que me había dicho Lorde antes de salir apresurada de la habitación.
“Papi, me dijo Lorde que Xamín mató a mamá y a su amante.”, así, con esa sencillez, las palabras salieron de mi boca. Papá hablaba de que mamá nos había abandonado, mientras que yo sólo repetí las palabras de Lorde. Vi arder en los ojos de mi padre un fuego que no había visto nunca. La frialdad que había estado gobernando el vacío de su mirada, ahora se había trasformado en una llamarada de ira. Dio un puñetazo en la mesa con una fuerza descomunal, se puso de pie y se llevó las manos a la cabeza; se apretaba tanto las sienes que pensé iban a destrozársele. En ese instante, entraron a la cocina Xamín y Lorde, ambos traían un aspecto cansado, la palidez de sus rostros y las ojeras pronunciadas en sus ojos reflejaban la falta de sueño por la que estaban pasando, el estrés en sus cuerpos era evidente. Mi papá, al verlos, caminó velozmente hacia Lorde para abofetearla, ésta se azotó en la pared y, luego, cayó al piso al tanto se cubría el rostro con las manos.
“¿Por qué le dijiste a Pita lo que pasó, cabrona, por qué?”, le gritaba con una voz que calaba, no en los oídos, sino en el pecho. Otra vez, mis ojos se colmaron de agua y mi cuerpo de dolor. Lorde no lloraba, sólo se cubría en silencio la cara. Xamín sólo miraba en silencio, con ese porte duro que lo definía. Papá volvió a mirarme, se acercó a mí y se hincó a mi costado. Sin evitar las lágrimas en sus ojos, me tomó el rostro con sus manos y habló.
“Si, es verdad lo que te dijo tu hermana. Ayer, mientras estaba fuera de casa, ocupado con el negocio. Tu madre metió a la casa a quien se decía a sí mismo mi mejor amigo, lo llevó a nuestra habitación y… tu hermano los encontró. No hizo algo que no hubiera hecho yo, con justa razón, los arrastró por la habitación para, al final, colgarlos de las trabes y dejarlos morir. Eres pequeña para entenderlo, pero, pronto comprenderás lo que es ser mujer y lo que debe a bien respetar a quien la despose. Eso que hizo tu madre es deplorable, es una aberración al matrimonio y, cualquier mujer que se atreva a caer en tal injuria, merece la muerte. Así que, Pita, espero aprendas del ejemplo de tu madre y, cuando seas una mujer, evites caer en lo mismo.”
Con estas palabras, mi padre dejó la cocina sin mirar atrás, mientras mi hermano ayudaba a ponerse de pie a Lorde para dejarme ahí, en esa soledad tan congeladora que, sabía ya, no me iba a ser posible dejar.
— Esu Emmanuel©
Remember
¡Hola, les dice Luna!
Aquí con la primera parte de su primer escrito. Al que tantas vueltas le ha dado. Escribió esto a mediados de cuarentena y es parte de una pequeña saga en la que quiso trabajar antes de volver a los brazos de uno de sus propios personajes literarios favoritos. A lo mejor por eso encuentren un poco de inconsistencia en la trama pero tampoco es como si hiciera falta otro enlace para comprender este. ¡Es una historia que le entusiasma mucho! Y, de hecho, originalmente es una fanfiction, pero Luna quiso dar una buena impresión, así que se puso a cambiar los nombres para que fuera más fácil para el lector entablarse con los personajes. Vale, se nota que ella habla mucho. Sin más demora, disfruten la primera parte de:
Nunca podía pensar con claridad. De momento las lagunas mentales estaban siendo muy comunes en los últimos días. Desde que había realizado la situación por la que estaba pasando, quería saber porqué. Me había empeñado tercamente en averiguar qué había pasado, pero al parecer nadie podía echarme una mano. Nadie podía ayudarme.
Cuando entreabrí los ojos, ya estaba en el hospital. Había un sinnúmero de personas a mi alrededor vociferando cosas que no podía entender y pasándose artilugios entre sí. Supuse que estaba en la semi inconsciencia cuando vi la cara de un amigo sabiendo que no estaba ahí. Eso era todo lo que tenía de él y a lo único que podía aferrarme. No sabía de dónde lo conocía, de dónde lo había visto o cómo acabamos siendo amigos. Solo sabía con exactitud que ese era mi amigo y que tenía que volver a encontrarlo.
— No pasa nada, Marcus. — me decía, y era de la única manera que sabía que sí pasaba. Pasaba de todo. Él siempre lo decía para minimizar la gravedad del asunto. — No pasa nada.
Esa primera noche que pasé en el hospital, desperté cuando la tormenta estaba en pleno apogeo. Habían tres ventanales en mi habitación por los que era capaz de verse el diluvio de afuera y cada que relampagueaba, la habitación se inundaba como si estuvieran tomándole una fotografía. No sentía la mitad de mi cuerpo o a lo mejor era que aún estaba dormido. Lo único que pude notar en ese preciso momento mientras intentaba enfocar la vista en el techo, era que no encontraba nada en mi memoria que no fuesen un sinnúmero de preguntas sin un posible contexto.
Me asusté.
Me asusté mucho.
Parte 1
¿Descubrirás el mensaje?
yo creo que si,
eres muy inteligente,
la fecha se acerca y la salida del sol también.
Sir. Black Sould
Persone subdole #1
Situazione tipo...
Persona subdola: Ehi! Mi dispiace tanto di essere sparito/a, dovevo ancora risponderti a quella cosa importante, scusami tanto... Mi sento così in colpa.
Me: Ma figurati, non ti preoccupare.
Persona subdola: Senti ti va di aiutarmi?! [...] Eh?! Che ne dici?! Ora devo andare, ciao!
Me: Ciao! (Beh poteva rispondermi adesso)
Questo è essere ridicoli. (e subdoli)
Una storia senza titolo
"Buongiorno papà! Tanti auguri! Ti mando questo vocale perché tra poco mi imbarco. Tempo che arrivo ti avranno fatto gli auguri tutti quanti, volevo essere la prima. Un bacio e a dopo".
Liz staccò il dito dallo schermo e al suo rilascio il messaggio fu inviato. La doppia spunta sulla chat la tranquillizzò, suo padre lo aveva almeno ricevuto. Lo ascolterà con calma pensò tanto prima delle tre non ci vediamo. Una voce in aeroporto chiamò i passeggeri per l'imbarco e lei sorrise. Stava finalmente tornando a casa.
Non aveva mai preso l'aereo da sola prima di allora; non aveva paura, era più che altro curiosa di come avrebbe passato il tempo senza qualcuno con cui parlare. La fila era molto lunga, ma in poco tempo arrivò al desk.
"Scusi, posso imbarcare anche questa bottiglietta d'acqua se l'ho presa qui in aeroporto?"
"Certo, ormai i controlli sono passati. Prego, buon viaggio" rispose la giovane hostess, con un sorriso bellissimo e perfetto. Chissà quanto aveva dovuto allenarsi per avere la perfetta espressione facciale da copertina, da donna che avrebbe messo a proprio agio una costina ad un barbecue, pensò Liz. Le venne fame, ma non si era portata nulla da mangiare nel bagaglio a mano. Il poco cibo era in stiva, insieme ai vestiti e al computer - oh no, il computer. "Cazzo, lo sapevo. Dovevo metterlo nel bagaglio a mano!" urlò. Due passeggeri si girarono e la guardarono come fosse una pazza, lei se ne accorse e abbassò lo sguardo, procedendo più velocemente verso la pista.
Arrivata sull'aereo fu accolta dal sorriso di uno steward molto alto, dagli occhi verdi e dallo sguardo rassicurante. "Benvenuta e buon viaggio". Liz sistemò il suo bagaglio e a piccoli passi raggiunse il sedile a lei assegnato, accanto al finestrino. Poco dopo un ragazzo si avvicinò alla sua fila per prendere posto accanto a lei. Liz lo osservò sistemare il suo zaino nella cappelliera, prendendolo a pugni per farlo entrare nello spazio stabilito; prese un paio di cuffiette bianche, il suo lettore MP3, un pacchetto di fazzoletti e poi si sedette. Indossava un maglione di lana blu, un paio di jeans e delle scarpe da ginnastica: portava gli occhiali, leggermente appannati per il cambio di temperatura dall'esterno. I suoi occhi nocciola sembravano enormi ed erano messi in risalto della montatura color legno, tonda e perfettamente in armonia col suo viso.
Una hostess dagli occhi color ghiaccio e i capelli corvini stava muovendo le braccia secondo una danza prestabilita, accompagnando la voce del comandante che avvertiva dell'imminente decollo. Liz era visibilmente agitata, il ragazzo se ne accorse.
"Prima volta in viaggio da sola?"
"Sì" rispose lei tremando, senza nemmeno guardarlo.
"E hai paura?"
Lei si voltò di scatto e lo guardò dritto negli occhi. "Devo assolutamente scendere" disse.
(fine prima parte)
𝐂𝐀𝐏𝐈́𝐓𝐔𝐋𝐎 𝐔𝐍𝐎: 𝐋𝐀 𝐓𝐎𝐑𝐌𝐄𝐍𝐓𝐀.
PRIMERA PARTE — BRILLOS EN EL CIELO.
Como si las celebraciones de fin de año no fueran suficiente jolgorio por sí solas, todos los 2 de enero la ciudad de Hill Town sale a las calles a festejar un año más del nacimiento de la ciudad. Los hogares lucen banderas en las puertas de entrada acompañadas de las luces titilantes que todavía se mantienen por la celebración de navidad, todos los fuegos artificiales que no fueron utilizados para Año Nuevo revientan en el cielo iluminando las calles nocturnas que, ante la falta de luna y un cielo nublado, parecen más oscuras de lo normal. Una gran feria invade el centro de la ciudad a la par de los vecinos que desfilan a los gritos, saludándose entre ellos y hundiéndose a sí mismos en abrazos que poco cariño desprenden, mas mucha necesidad de aparentar.
DATOS OOC.