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Caminé por él como pude, Está de más abundar en detalles. Luego frente a mí se abrieron dos Precipicios: Uno a la derecha, Otro a la izquierda.
"Simetría" / Marin Sorescu
No he cauterizado la herida porque aun vives ahí. Perdón, mi amor: creí que sería suficiente. Ojalá un beso que me cure el alma y borre de una jodida vez tu historia de mi cuerpo. Ojalá un faro en forma de sonrisa que me ayude a respirar en éste invierno que no huele más que a ti. Ojalá la ausencia; el olvido, la lejanía, yo, tú.
Álex Hernández. Ojalá el olvido.
En el encuentro de las formas se desarma, se retuerce, muere entre silencios y prevalece. Porque calla lo que ha gritado tantas veces entre los susurro de sus palabras escritas, y aunque muchos señalan su sangre, nadie cree en las heridas. Y es que a veces nos transformamos en almas fallecientes, luces extintas, coléricas formas de muerte. Pero nadie lo nota, porque somos ciegos consientes, personas que cierran los ojos ante los detalles padecientes, y sólo reímos cuando, después de mil caídos, se levantan las almas "inertes". Entonces, lloremos, ahogue-monos entre ríos salados y penas hirientes, caigamos un rato, y sangremos un "para siempre". Porque hay momentos que se acumulan hasta que los días duelen, pero las horas sanan y los años crecen; y nos volvemos seres que se quitan la venda de los ojos y aman ante los abismos, nos volvemos personas que creen en si mismos, porque se saben de memoria los mil y un precipicios.
danielac1world ~Las heridas vivientes~
Tem medo de sofrer, mas pula no precipício sem se importar se no final vai valer a pena.
Garota risonha.
Nadie escribe de esas veces en las que haces lo correcto y te sientes como una total idiota. Nadie escribe ya del miedo, de que le pasó a Neruda cuando se acabaron los cerezos y la primavera. A nadie le interesa la gente que está sola, la gente que se abraza a sí mismo a oscuras por que tiene miedo de encender la luz, y darse cuenta de que nadie vino para salvarles de otra noche de precipicios.
Míster nunca es demasiado rápido.
Hablemos de precipicios; nos la íbamos a pegar. Habría sido la hostia caer al mismo tiempo que las sensaciones nos dejaran el miocardio hecho una ruina. Pero vaya ruina. Me quedé con las ganas de justificar un esguince emocional con el subidón de adrenalina. Hablemos de precipicios; y para caídas notables, tu mano por mi espalda. Para sensaciones notables mi aliento en tu nuca soplarte a ver si te ibas. Hablemos de precipicios: me encanta el riesgo. Y para jugársela, tus manos en mi cara, tu cara en mi pelo. Me encantó tu expresión inspirándome, como queriendo hacerlo despacio para que te durara más. Tenías cara de primera calada y me encanta. Hablemos de precipicios; la gente lógica no se suicida la gente no salta al vacío. Pensé que un tatuaje de mi escritor favorito sería señal suficiente. Pero no. Dijiste que estabas enfermo. Pero no (lo suficiente). No para pegártela conmigo. Hablemos de precipicios; tú preferiste no saltar.
Lo malo de los precipicios es cuando conoces a uno por el que merece la pena asomarse.
Monica Gae