Luego, por alguna extraña razón, me recordó un detalle de mi historia: ¡no debíamos dejar que nos descarriaran las esperanzas de un esclavo español manco! Si lo hacíamos, nos convertiríamos en otros distintos a fuerza de escribir ese tipo de historias y de buscar en nuestro interior, y, Dios no lo quisiera, lo mismo les ocurriría a nuestros lectores.
Orhan Pamuk, El castillo blanco, tr. Rafael Carpintero












