Se está solo en una casa. y no fuera, sino dentro. En el jardín hay pájaros, gatos. Pero, también, en una ocasión una ardilla, un hurón. En un jardín no se está solo. Pero en una casa, se está tan solo que a veces se está perdido. Ahora sé que he estado diez años en la casa. Sola. Y para escribir libros que me han permitido saber, a mí, y a los demás, que era la escritora que soy. ¿Cómo ocurrió? Y, ¿cómo explicarlo? Sólo puedo decir que esa especie de soledad de Neauphle la hice yo, fue hecha por mí. Para mí. Y que sólo estoy sola en esa casa para escribir. Para escribir no como lo había hecho hasta entonces. Sino para escribir libros que yo aún desconocía y que nadie había planeado nunca. Allí escribí El arrebato de Lol. V. Stein y el Vicecónsul. Luego, después de éstos, otros. Comprendí que yo era una persona sola con mi escritura, sola muy lejos de todo. Quizá duro diez años, ya no lo sé, rara vez contaba el tiempo que pasaba escribiendo ni, simplemente, el tiempo. Contaba el tiempo que pasaba esperando a Robet Antelme y a Marie-Louise, su joven hermana. Después ya no contaba nada.
- Escribir, Marguerite Duras. Ed. Anagrama, Madrid, 1998.
Foto: Marguerite Duras con su marido Robert Antelme.











