"Nosotros dos en la tormenta", de Eduardo Sacheri
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"Nosotros dos en la tormenta", de Eduardo Sacheri
"Acabo de mirar el reloj" - Eduardo Sacheri. #Sacheri #EduardoSacheri #AcaboDeMirarElReloj #Frase #ViejaCulturaFrita https://www.instagram.com/p/CK2m1ZFFZ4Z/?igshid=15m3hzto94hjl
Claromecó
Primero hay que entender que uno nunca se fue del todo, que el primer día pasó en realidad hace muchísimo, cuando uno era un ser que se arrastraba en cuatro patas y no tenía dimensión de los acontecimientos primeros. Darse cuenta que de alguna forma estás en casa.
Primero hay que perder la dignidad con ese trote ridículo que busca evitar la arena caliente. Para tener una idea, se trata del mismo trote que usamos para perseguir colectivos, pero persiguiendo algo más noble y teniendo la certeza de que lo vamos a alcanzar. No es un dato menor esto último que digo, porque al colectivo no siempre lo alcanzamos. La orilla, en cambio, sabe esperar.
Es importante también ser revolcado por una ola y chocarse algún viejo. Ser revolcado por mil olas y chocarse unos cuantos viejos. Es importante que los viejos te miren con cara de culo, como si a ellos nunca los hubiese revolcado una ola. Hay que dormirse al sol y despertar bordó al menos una vez en la vida. Prometerse no dormir nunca más al sol para al año siguiente romper la promesa. Hay que tener una opinión formada en materia de helados de agua. Saber si uno se pone la casaca del Torpedo de limón o la del Torpedo de frutilla. Sin grises, sin “me da lo mismo”. Hay que creerse bueno en al menos un deporte playero. Hay que saberse malo en un montón de deportes playeros. Ganar, perder y dejarse ganar, que es una forma más compleja de ganar. Hay que abrigarse en la arena tibia cuando empieza a oscurecer. Hay que elegir, de vez en cuando, apartarse del grupo y caminar solo. Hay que perderse. Hay que encontrarse. O ser encontrado.
Una vez hecho todo esto, puede uno quedarse a mirar el mar por última vez en la temporada, grabarlo bien para repetir en loop cuanto sea necesario el resto del año. Sentir esa cosa hipnótica al contemplar las olas en la orilla con el agua trepando hasta los tobillos y dejando pocitos abajo de los talones cuando retrocede a buscar otro envión que la lleve más alto y más lejos. Ver el atardecer con el sol salpicando cobre, plata y oro al sumergirse un poco tímido, casi inseguro, como tanteando que el agua no esté demasiado fría. Quedarse un cacho más y experimentar la atracción hacia la inmensidad que hay a un par de rompientes, a la línea azul que se funde con el cielo y ahí nomás, a unos pasos, la luna asomándose a veces llena, a veces disfrazada de uña, a veces ausente. Es entonces cuando uno está habilitado a pegar media vuelta, caminar hacia el auto, sacudirse negligentemente los pies y calzarse las alpargatas con medio médano adentro, sabiendo que todas las huellas que quedaron en el camino se borran eventualmente. Que algunas las tapa el mar y que a otras las vuela el viento. Sabiendo también que sin importar cuánto tiempo pase sin volver, uno siempre va llevar encima algo de arena y sal.
-odio cuando pasa esto. nunca pude ver salir el sol después de una tormenta. mi idea de un día de lluvia es que debe llover hasta la noche. que el sol salga a la mañana siguiente, vaya y pase, pero ¿así?… que el sol interrumpa donde nadie lo llama… en los días de lluvia el sol es un intruso imperdonable. me encantan los días de lluvia. desde chico. siempre me ha parecido una imbecilidad que la gente hable de “mal tiempo” cuando llueve. ¿mal tiempo? (…) es natural. supongo que yo soy el raro. pero siento que la lluvia tiene una inmerecida mala fama. el sol… no sé. con el sol parece todo demasiado fácil. (…) el sol tiene demasiada propaganda, creo. y por eso me irrita que se inmiscuya en los días de lluvia. como si el maldito sencillamente no tolerase que de vez en cuando los que no lo veneramos como idólatras pudiésemos disfrutar de un día completo. un día perfecto, para mi, es así: una mañana cargada de nubarrones, unos cuantos truenos, y una buena lluvia de todo el día. no digo un aguacero, porque los imbéciles solares se quejan el doble si la ciudad se llena de agua. no, alcanza con una lluvia pareja que dure hasta la noche. hasta la noche tarde, eso sí. para que uno pueda dormirse con el ruido de las gotas. y si podemos agregarle de nuevo unos truenos, mejor. (...) pero esto..., esto es una estafa.
eduardo sacheri - la pregunta de sus ojos
Teme que los demás noten a simple vista que es un boludo. Teme mandarse una macana que les demuestre a los demás, si no lo han advertido, que es un boludo. Y se llama a sosiego. Disminuye al extremo sus movimientos y deja que la vida le pase por el costado.
La pregunta de sus ojos. Sacheri
vos no sabés lo que son tus ojos encendidos
Eduardo Sacheri, Una sonrisa exactamente así
Uno tiene su vida. Buena, mala, la que tiene. La viene usando desde que nació. La cuida. Se preocupa por conservarla, por ir poniéndole cosas. Todo lo que a uno le pasa, todo lo que aprende lo introduce en esa vidita que tiene. Uno no piensa en lo frágil que es. O sí, pero a veces. Tampoco uno se puede pasar la vida pensando en lo frágil que es esa vida, porque la angustia sería perpetua. Insoportable. Y con la vida de la gente que uno quiere pasa lo mismo. Con los hijos, por ejemplo. O con la mujer. Pensar que la gente que uno quiere, la gente que uno necesita es, entre otras cosas, entre otras fragilidades, un corazón que late, cinco litros de sangre que van y vienen, fluidos y neuronas, todo en un equilibrio que se puede romper así fácil. Tantas cosas que tienen que funcionar bien, o muy bien, o más o menos bien, para que siga la vida. Y las casualidades, los azares, las combinaciones de cosas. En la ruta por ejemplo uno se cruza con un camión de SanCor justo en ese lugar preciso el camino. No cien metros más adelante, ni quince centímetros más atrás. Y eso sucede por un montón de motivos que se suman. ¿Habrá manera de enumerar esos motivos? ¿Cuántos son?
“La noche de la Usina” - Eduardo Sacheri
No sé si por sumisa, por fría o por acostumbrada.
Cosmicgirl-p