Eres una especie de fantasma habitando una ciudad llena de personas, y a pesar de poseer tú también un cuerpo propio, sigues eligiendo esta extraña sensación de soledad voluntaria, refugiándote siempre en la noche y en la espesura que esta crea, siendo especialmente atractiva para ti y para lo que buscas en ella.
Silencio, invisibilidad, ausencia, perdición y refugio a la vez.
¿Quién va a sacarte de este trance en el que te encuentras, si tampoco dejas que nadie te vea más allá del espectro que aparentas ser?
¿Si esta noche desaparecieras para siempre, el olvido te encontraría a pesar de no haber existido nunca? ¿Serías un susurro llevado por el viento, a pesar también de que nunca pronunciaste ni una sola palabra?
¿Cómo es posible que busques todo esto, cuando es lo único que eres primordialmente?
Ya no se trata de ser efímero, sino de algo que va más allá, y de algo que, a su vez, no quiere abarcar nada.
¿Frío? ¿Soledad? ¿Omisión? ¿Inexistencia? ¿O simplemente un paraje desértico?
Dime, ¿qué es lo que quieres ser?
Pues hasta los espíritus se manifiestan de diversas formas, incluso en las casas deshabitadas o abandonadas.
Y, sin embargo, tú pareces estar en ninguna parte.
¿Cómo es eso posible? Si siempre fuiste el fantasma más ruidoso de la ciudad, si todas las estrellas te perseguían para iluminar las páginas de tus textos y libros, si la luna te observaba atentamente en cada camino.
Y ahora ni huellas quedan de ti en este paraje. Ni una firma, ni una nota, ni tampoco una melodía a los cielos.
Eco de lo que fuiste, tampoco eres, pues para ello se necesita algo de sonido, algo de vida.
Y tú ya no posees nada de eso, a pesar de tener un corazón latiente.
¿Sigues siendo un fantasma después de todo? ¿Pues cómo llamo a algo que no existe, o que quizás dejó de existir, pero no dejó ningún recuerdo?
¿Es esto a lo que llamas ser un espíritu libre? Porque realmente no lo entiendo.
O mejor dicho, no te entiendo.
Pues ya no eres nada de lo que tampoco nunca fue.
Y paradoja tampoco puedes ser, pues no tienes sentido alguno, ni en la comedia ni en la tragedia de tu ser.
Si el olvido tampoco te encuentra, ¿entonces quién eres?
Si los demás fantasmas de la ciudad tampoco te reconocen, ¿qué nombre te puedo dar?
Ninguno.
Nada te define tan bien como la propia nada.
Y, sin embargo, sigues sin ser ni siquiera eso por lo menos.














