A veces te pienso como si no hubieras existido
Hay días en que dudo de todo. Del amor, del tiempo, de la absurda insistencia del corazón por volver a los sitios donde ya no vive nadie.
No sé si te amé o si solo fuiste la forma más precisa que encontró mi soledad para tener sentido. Quizá te inventé, como Borges inventaba sus laberintos: para perderse a propósito.
A veces creo que aún estás en algún lugar, repitiendo los mismos gestos, ignorando que yo sigo intentando olvidar la idea de ti, que no es lo mismo que olvidarte.
Cortázar diría que fuimos un error con buena ortografía. Sabato tal vez escribiría que nos amamos desde la oscuridad del alma. Y yo, torpemente, solo sé que cada vez que cierro los ojos el tiempo se comporta como si aún me debiera una explicación.
Hay noches en que te pienso sin querer, y es como mirar una fotografía demasiado antigua: no duele lo que se ve, duele lo que ya no está.
He aprendido a vivir con la sospecha de que no todo lo que se ama debe quedarse, y que hay personas que pasan solo para demostrarnos lo que fuimos capaces de sentir.
No te guardo en un altar ni en un olvido, te guardo en ese espacio ambiguo donde los recuerdos ya no sangran, pero tampoco saben morir.
Y cuando intento convencerme de que ya no importas, aparece tu sombra, no como una herida, sino como un eco que no se atreve a desaparecer del todo.
Quizá eso sea el amor después del amor: la duda constante de si alguna vez fue real.
AUTOR: C.M


















