[Soñé que quería escribir]
Caminaba por las calles de una ciudad, en el fondo un cerrito tropical lleno de casas, estaba nublado y quería llegar pronto a casa. Empezó a llover cuando crucé la calle y me apuré para encontrar algún techo, me di la media vuelta y me regresé pensando que encontraría un mejor lugar por ahí. Lo hice velozmente y una mujer que venía cruzando haciendo ejercicio, una de esas viejitas atléticas gringas me gritó
—Sorry, I'm looking for shelter —le dije y seguí corriendo hasta llegar a una placita insignificante, pero techada.
Entré por unas puertas elegantes creyendo que me había equivocado porque parecía un restaurante gourmet, pero no, era la entrada a la placita.
A mi izquierda estaba el patio descubierto (sin techar) y ahí descansaban unos estudiantes de medicina, cómodos, esperando y no les caía lluvia. A mi lado derecho estaban los locales comerciales, era una tienda de vestidos de novia y podía ver en el aparador todo tipo de estilos. Estaba cerrado, había llegado en horas en las que no se trabaja en las oficinas.
Más adelante estaba otra tienda cerrada con una vitrina que permitía ver todo lo que vendían, solo trofeos, grandes y pequeños y al lado del escritorio (sobre el cual seguramente hacían las ventas) había una gran silla antigua que no parecía de oficina, era morada, como decoración victoriana.
Esa oficina la contemplaba un muchacho y de pronto me vino a la mente "esta escena lo podría meter en una novela". Continue con el recorrido y me tope con un grupo de jóvenes que se reunían al final del pasillo de donde emanaba conocimiento; había un tipo ahí dando información, era alguien conocido. Pero yo nunca lo vi, solo sabía que se reunían para oírlo.
De pronto me vino a la mente una imagen de un librito amarillento que contenía palabra tras palabra de un párrafo sin fin que continuaba en muchas páginas.
El tipo seguía interactuando con los jóvenes
—¿Cómo le haces para llegar a tal ciudad? —le dijo a uno de ellos.
Yo me acerqué para agarrar un pañuelo desechable, pero agarré el segundo (por eso de los contagios). Y yo seguía cavilando que si pudiera sentarme a escribir todo un día podría empezar con un gran avance en una novela.
Y me vino ese deseo de escribir, de hacer una novela. Se me volvió ese pensamiento un deseo muy fuerte, un anhelo con el que me desperté y me sentí conmovido.
[ Quisiera hacer eso que imaginé en mi sueño una realidad. ]